domingo 1 de marzo de 2009

LA TRAMPA VERDE (II)

Jorge Gómez Barata

Muchos norteamericanos ignoran que durante más de 130 años la Constitución original de su país prohibió expresamente imponer a los ciudadanos cualquier impuesto que fuera desigual. La cláusula incluida en la Sección 8 señala: “El Congreso tendrá facultad para imponer y recaudar contribuciones, derechos, impuestos…pero todos los derechos, impuestos y arbitrios serán uniformes en toda la Nación” y en la Sección 9 insistía: “No se impondrá capitación u otra contribución directa, sino en proporción al censo o enumeración que esta Constitución ordena se lleve a efecto.”

A los ojos de los redactores del texto, liberales consecuentes y creadores de un entorno social e ideológico que favorece al individualismo y de una sociedad donde el pobre es un perdedor, la razón para semejante ordenanza era muy simple: el gravamen sobre los ingresos contradice la esencia del sistema al penalizar el éxito económico individual.

Tampoco se recuerda que la formulación constitucional no fue enmendada sino anulada por la Décimo Sexta Enmienda, aprobada en 1913 que creó el marco jurídico para recaudar impuestos sobre los ingresos, destinados a financiar las operaciones del sistema de la Reserva Federal, un consorcio de bancos privados encargados de crear el dinero de los Estados Unidos, gestión por la que el público paga.

La mencionada Enmienda, según algunos peritos fatídica, estableció exactamente lo contrario de la letra original:
“El Congreso tendrá facultad para imponer y recaudar contribuciones sobre ingresos, sea cual fuere la fuente de que se deriven, sin prorrateo entre los diversos estados y sin considerar ningún censo o enumeración.”

En realidad más que una Enmienda se trata de un desmentido a la voluntad de los fundadores de la Nación, que trataron de proteger a los norteamericanos de una flagrante arbitrariedad. El impuesto sobre los ingresos es en realidad una expropiación arbitraria.

Según algunos expertos en el texto constitucional, al destinar el impuesto sobre los ingresos a un propósito concreto y ajeno a las políticas sociales, la administración que la promovió, puso un parche y evitó las críticas que pudieran derivarse del uso del dinero de unos ciudadanos para financiar a otros.

Al resolver el problema de ese modo, en términos estrictamente técnicos se crearon las condiciones jurídicas para que el gobierno, contrario a las bases del sistema liberal, dispusiera del dinero de los ciudadanos y creara una peculiar situación en la que el Congreso da al gobierno autorización para usar dinero pero no le otorga dinero.

Casi cien años antes de que se usara el término, los banqueros que crearon la Reserva Federal encontraron el modo de realizar transacciones virtuales. Por ejemplo, el Congreso autoriza al gobierno a gastar 1000 millones en una operación de rescate, pero ello no significa que lo faculta a retirar esa cantidad de la tesorería. Lo que ocurre es que la administración pide a la FED que emita mil millones a cuenta del impuesto sobre los ingresos.

Tal vez porque era demasiado promover dos enmiendas constitucionales para un mismo fin o porque no era posible convencer al Congreso, Wilson se arriesgó a violar la Constitución que en su Sección 8 establece que: “El Congreso tendrá facultad:…Para acuñar moneda, reglamentar el valor de ésta y de la moneda extranjera, y fijar normas de pesas y medidas…”

Tales intríngulis explican por qué toda la operación se realizó en secreto y fueron diez banqueros recluidos en la isla Jeckyll, quienes personalmente, de puño y letra, redactaron las bases del sistema de la Reserva Federal, que luego el presidente Wilson sometió al Congreso en composición reducida durante unas vacaciones por Navidad y firmó en un día feriado.

Años después, con la capacidad para la autocrítica, sin rectificación, que tienen los políticos norteamericanos, Woodrow Wilson se lamentaba: "Nuestra gran nación industrial está controlada por un sistema de crédito. Nuestro sistema de crédito está concentrado en manos privadas. El crecimiento de la nación y, por consiguiente, de todas nuestras actividades está en las manos de unos pocos hombres quienes, necesariamente, o por motivos de sus propias limitaciones, congelan, frenan y destruyen la genuina libertad económica. Nos hemos transformado en uno de los peores gobiernos, uno de los más completamente controlados y dominados gobiernos del mundo civilizado, no más un gobierno de libre opinión, no más un gobierno de creencias y del voto de la mayoría, sino un gobierno de la opinión y coacción de un pequeño grupo de hombres dominantes...”

Por su parte el congresista Louis McFadden que durante años dirigió la Comisión de Finanzas del Congreso, al ver aprobada la ley expresó:

"Un sistema bancario mundial esta siendo preparado aquí... un Súper-estado controlado por banqueros internacionales...actuando conjuntamente para esclavizar al mundo en pos de su propio placer. El banco central ha usurpado al gobierno."

La trampa verde instalada por los banqueros había comenzado a funcionar y quien había caído en ella era el pueblo americano, que sin saberlo dedica alrededor de la tercera parte de sus ingresos a honrar las deudas en que el gobierno incurre con la Reserva Federal, es decir, con la banca privada. Luego les cuento.


La Habana, 01 de marzo de 2009

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