
Chencho Alas
Me encontraba en Siguatepeque, Honduras, participando en una reunión de seis organizaciones centroamericanas y de Chiapas, cuando Mel Zelaya anunció que había desbaratado un golpe de estado que los militares le iban a dar. El objetivo de nuestra reunión era la formación de una red que tiene como finalidad la creación de una alternativa de globalización desde la base organizada del pueblo. Esto es algo que venimos discutiendo desde hace cinco años en el Movimiento Mesoamericano por la Paz.
Los hondureños participantes a nuestra reunión, entre ellos Trinidad Sánchez, director de Red Comal que representa a 18,000 familias, y el P. Fausto Milla, fundador de INHESCO, muy conocido en el país por su dedicación a la medicina natural, nos aseguraban que la consulta sobre la Cuarta Urna se iba a dar el pasado domingo a pesar de las amenazas de los militares y de los medios de comunicación cuyos dueños son familias oligarcas. Nos decían, sin embargo, que había que estar atento a la alianza de militares y grupos de poder económico, la mayoría de sus miembros de apellidos palestinos y judíos. De todos es conocido que el golpe de estado se dio y con lujo de barbarie, mientras los portadores de los grandes apellidos esperaban desde sus casas palaciegas la llamada telefónica de algún general confirmando el arresto del Presidente.
La Prensa Gráfica que representa el poder oligárquico salvadoreño (no leo el Diario de Hoy para no tener dolores de cabeza) ha afirmado que el apoyo interno a Mel Zelaya es mínimo. No es cierto. Tengo 10 años de trabajar con organizaciones hondureñas al igual que en los otros países de Mesoamérica y puedo afirmar sin equivocarme que en Honduras existe conciencia de pueblo que reclama sus derechos. Mel Zelaya, quien entró al poder por la puerta del poder oligárquico, dio un vuelco de 180 grados para dedicarse a defender la democracia, el poder del pueblo.
Creo que lo sucedido en Honduras nos deja muchas lecciones a las cuales hay que estar muy atento. Los militares con mucha facilidad se pliegan a los grupos de poder si se les ofrecen unos cuantos centavos o prebendas. El coronel Julio Rivera, quien fue presidente de nuestro país de 1962 a 1967, me decía que cada militar tiene su precio. Algunos piden para dar un golpe de estado $100,000, otros 50, otros 10 y hay quienes que por una botella de whisky están dispuestos a entregarle su alma al diablo.
Yo creo que es necesario considerar seriamente la institución militar tal como existe en nuestro país. Me parece que sería mejor que se adoptara el modelo suizo, mutatis mutandis, haciendo los cambios necesarios. No es necesario que los jefes militares tengan tropa. Basta que los fines de semana se dé instrucción militar por un año a reclutas que vuelven a su sitio de trabajo durante los días laborables. Costa Rica no tiene ejército desde 1948 y constituye para los pueblos del mundo un ejemplo de democracia y de seguridad.
José Inocencio "Chencho" Alas
Presidente y Director Ejecutivo del Movimiento Mesoamericano de Paz
Fundación para la Sostenibilidad y Construcción de la Paz en Mesoamérica
1411 Lisa Rae Drive, Round Rock, TX 78665