domingo 1 de noviembre de 2009

Una nueva rabieta de Frank Calzón

Percy Francisco Alvarado Godoy

El reciente encuentro del Ministro de Asuntos Exteriores de España, Miguel Angel Moratinos, con Adriana Pérez y Olga Salanueva, esposas de Gerardo Hernández Nordelo y René González Sehweret, respectivamente, dos de los Cinco Héroes cubanos detenidos injustamente en cáceles norteamericanas, despertó un enardecido acto de histeria por parte de Frank Calzón, connotado espía de al servicio de la CIA y enemigo acérrimo de la Revolución Cubana.

En una carta dirigida al presidente del Consejo de Ministros de España, José Luis Rodríguez Zapatero, Frank Calzón y su Center for a Free Cuba, arremetieron contra la promesa del Canciller español por interesarse en el caso de estas cubanas, quienes se ven injustamente impedidas de visitar a sus esposos en Estados Unidos.

Bajo el manido argumento de que nuestros hermanos se encontraban realizando labores de espionaje en EE UU, Calzón cuestionó el legítimo derecho de Cuba a defenderse de las agresiones terroristas que gente como él traman contra la Isla desde el vecino cómplice del Norte. En realidad, su rabieta tiene como trasfondo el reciente acercamiento de España hacia Cuba y el papel que la misma pueda desempeñar por mejorar las relaciones entre la Unión Europea y el gobierno cubano, a partir de su próximo ascenso a la presidencia de la UE en el 2010. Morantinos expresó el interés de España de derogar dentro de la Unión Europea la Posición Común asumida por ésta en 1996, la que es en realidad un sucio chantaje a Cuba puesto que condiciona la ayuda europea a supuestos avances en materia democrática y derechos humanos.

Junto a Calzón y su Center for Free Cuba, indudablemente instigados por ellos bajo la promesa de recibir más ayuda a su labor quinta columnista, un grupo de contrarrevolucionarios internos envió otra carta acusando al canciller español de ser complaciente con el gobierno de Cuba durante su pasada visita entre el 18 y el 19 de octubre de 2009.

FRANK CALZON, UN SERVIDOR DE LA CIA.

Este enemigo de Cuba, nació en la Isla en 1947, emigrando luego del triunfo revolucionario de 1959 a los Estados Unidos cuando tenía 13 años de edad. Realizó estudios en la Universidad de Georgetown, donde fue reclutado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Bajo la orientación de sus oficiales se unió a las organizaciones terroristas Alpha-66 y Abdala, participando en hechos extremistas contra el pueblo cubano.

En la década de los 70, Frank Calzón se vinculó a la Human Rigths Orcanization, una pantalla de la CIA que dirigió junto a Elena Mederos, Siro del Castillo y Humberto Medrano, especialistas en campañas de difamación y guerra ideológica contra Cuba.

Por esos años, demostró su intolerancia y alineamiento con terrorismo dentro de las filas de un supuesto grupúsculo de intelectuales conocido como Comité de Intelectuales por la Libertad de Cuba.

Su alianza con la ultraderecha norteamericana y con el extremismo anticubano, lo llevó a fundar, junto a Jorge Mas Canosa y otros connotados terroristas, la Fundación Nacional Cubano Americana en 1981. Experto en difamar y tejer oscuros vínculos, fue uno de los más fervorosos adalides de las labores de lobby dentro del Congreso de EE UU, desde su cargo de Secretario Ejecutivo de la FNCA. Fue uno de los cerebros de las leyes anticubanas Torricelli y Helms Burton, así como de la creación de Radio y TV Martí.

Unidos a otros terroristas como Huber Matos y varios traidorcillos que una vez sirvieron en las FAR de Cuba, se dedicó a labores encaminadas al deterioro de la imagen de esta institución y a socavar la unidad de sus filas. Otra de sus tareas ha sido el espionaje contra Cuba, para la cual ha usado a personas como David Norman y Robert Kent.

Ambicioso redomado y sediento de protagonismo, abandonó la FNCA en 1987, buscando nuevos derroteros en la Freedom House, ducha en desinformar desde 1941 y crear entarimados de mentiras, acusando a varias naciones de supuestas violaciones de los derechos humanos, satanizándolas con sucias difamaciones. Su rol descollante dentro de la mafia comenzó a brillar entre 1995 y 1997, cuando asumió la jefatura del Programa de Cuba de Freedom House, período en que se destacó por financiar descaradamente a la contrarrevolución interna dentro de Cuba. Baste destacar que ha recibido de la CIA y su pantalla la USAID varios millones de dólares para realizar estos indecentes propósitos desestabilizadores.

Aún se le recuerda maniobrando dentro de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra tratando de satanizar a Cuba y endilgarle una condena por supuestas violaciones de los derechos humanos.

Este estafador y corrupto detractor de Cuba se ha visto en varias oportunidades involucrado en el desvío de fondos para la contrarrevolución interna, tal como ocurrió en el 2006, luego de una investigación promovida por la USAID y el General Accountability Office.

George W. Bush, ex presidente de los Estados Unidos, premió la labor de zapa de Calzón con un puesto en su administración para encargarse de varios asuntos intergubernamentales  entiéndase maniobras sucias y otros oscuros trabajos, dentro de la Casa Blanca.

Junto a jurados enemigos de Cuba como Jef Bush, Lincoln Díaz Balart, Dan W. Fisk, Porter Goss, Otto Reich, Ileana Ros- Lehtinen y otros, integró un grupo encargado de planificar los cambios post Castro en Cuba, agrupados en el Comité para la Transición en Cuba.

EL CENTRO PARA UNA CUBA LIBRE.

Fue creado en 1997 como una sub entidad de la USAID para llevar a cabo labores de subversión interna dentro de Cuba, siendo la nueva cara oculta de la CIA para la promoción de grupúsculos encargados de minar el orden constitucional en la Isla. Con un presupuesto millonario, del que no se han podido esclarecer todas sus oscuras fuentes de financiamiento, cuenta con un reducido grupo especializado en guerra de desinformación y en búsqueda de fondos para enriquecerse. No es secreto que el Center for Free Cuba ha disfrutado ampliamente de parte de los 45 millones de dólares que la USAID y otras agencias norteamericanas desembolsaron en 2008 para financiar la actividad contra Cuba.

Vinculado estrechamente con otras organizaciones y ONG que sirven a la CIA, Frank Calzón mantiene estrechos vínculos con los representantes de origen cubano en el Congreso y con los principales cabecillas terroristas de Miami.

El Centro para una Cuba Libre mantiene estrechos vínculos también con gobiernos europeos que sirven o han servido a Estados Unidos en su guerra ideológica contra Cuba, como son los casos de Polonia, República Checa, Noruega, Suecia y Hungría.

Baste conocer a algunos de los integrantes de la Junta de Directores del Center for Free Cuba en algún momento, para descubrir su carácter contrarrevolucionario y anti cubano: Manuel J. Cutillas, Modesto Maidique, Otto J. Reich, Carlos Saladrigas.

Su forma peculiar de actuación recuerda la actividad de otras organizaciones subversivas desplegadas contra los países del desaparecido campo socialista europeo y contra Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador en la actualidad, basadas fundamentalmente en orquestar campañas desestabilizadoras, empleo de la desinformación a nivel nacional e internacional, búsqueda de alianzas en el exterior, bombardeo ideológico y alteración del orden institucional por diferentes vías.

Sin lugar a dudas, este engendro anticubano y su mafioso jefe han vuelto a equivocarse. El justo reclamo mundial a que Olga Salanueva y Adriana Pérez puedan visitar sin restricciones a sus esposos no puede ser cuestionado. Tampoco, por supuesto, puede ser enjuiciada la liberación de nuestros Cinco Héroes injustamente encarcelados y sentenciados por la propia mafia y los propios intereses que representan Frank Calzón y su Centro para una Cuba Libre.

La Habana, 1 de noviembre de 2009.

Feria Internacional de La Habana

Desde este lunes y hasta el próximo sábado se desarrollará en el recinto ferial de EXPOCUBA la vigésimo séptima edición de la Feria Internacional de La Habana en la cual estarán representados más de 50 países y mostrarán sus productos mil 500 expositores extranjeros.

Pocos días después de la sonada derrota en la ONU de la política de bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, vuelve esta nación del Caribe a demostrar al mundo, con la presencia en la muestra de 652 empresas extranjeras, el fracaso de la política anticubana de Washington.

De nuevo será España el país más representado en la Feria Internacional de La Habana con la presencia de más de 80 Empresas de casi todas las autonomías españolas. Con un intercambio de mil 400 millones de dólares el pasado año, es España el tercer socio comercial de Cuba, superada únicamente por China y Venezuela.

Canadá, China, Rusia, Italia, México, Brasil, Venezuela y las demás naciones integrantes del ALBA, Alianza Bolivariana de Nuestra América, estarán también ampliamente representadas en la Feria, a la cual asistirán 23 delegaciones oficiales de varios continentes, así como 45 Cámaras o Asociaciones promotoras de Comercio de igual número de naciones del mundo.

Cuba llega a esta Feria luego de haber reportado un crecimiento de casi cuatro por ciento en el turismo en lo que va de año, gracias al arribo anticipado de más de dos millones de turistas por sexto año consecutivo, a pesar de la crisis económica mundial y de la prohibición que continúa impidiendo que los estadounidenses viajen a Cuba.

La Habana será en estos días, en vísperas de su 490 aniversario, la capital de los negocios, el comercio y las inversiones, en un ambiente de cooperación, de paz y de respeto, en las narices mismas de un imperio que proclama el libre comercio pero se niega a acatar por décimo octavo año consecutivo la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que pidió a Washington mediante una votación abrumadora de 187 contra 3 poner fin al criminal e ilegal bloqueo contra Cuba.

Desde Radio Habana Cuba y para ALER CONTACTO SUR les habló Pedro Martínez Pírez.

Lunes 2 de Noviembre de 2009.

EL ESTADO EN CUBA AHORA(II)

EL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN

Jorge Gómez Barata

Es difícil creer que en septiembre de 1917, oculto, perseguido y abrumado por las tareas derivadas de la conducción del proceso que unos días después llevaría a los bolchevique al poder, en una cabaña en la frontera ruso finlandesa, Lenin se dedicara a escribir El Estado y la Revolución.

La explicación radica en que no se trataba de un entretenimiento y ni siquiera de una tarea científica, sino de la cuestión más importante de la revolución, que no sólo consiste en tomar el poder, sino en saber qué hacer con el. En otras circunstancias, otro contexto y con otro estilo, lo mismo hizo Fidel Castro cuando en su alegato conocido como La Historia me Absolverá trazó las perspectivas institucionales de la Revolución. Cincuenta y ocho años antes, José Martí había actuado de modo análogo con la proclamación del Manifiesto de Montecristi.

Cuba ha transitado por cuatro experiencias de organización estatal: la administración colonial española que duró más de tres siglos, las estructuras creadas por los interventores norteamericanos, vigente entre 1898 y 1902, el Estado republicano que nació en 1902 y vivió hasta 1959 y el actual Estado Socialista instaurado en 1959. No he contado las estructuras de poder de la “República en Armas”, (1868-1878 y 1895-1898) ni las experiencias de Fidel y Raúl Castro en la administración de los “Territorios Libres” durante la lucha contra la tiranía (1957-1959). En ese período histórico hubo varias constituciones, dos guerras por la independencia, una de liberación nacional y dos dictadores fueron puestos en fuga por sendas revoluciones.

Si bien, en su conjunto aquellos procesos históricos aportaron magnificas experiencias, las frecuentes y en algunos casos traumáticas rupturas impidieron la consolidación de las estructuras estatales, los instrumentos jurídicos y de las instituciones. El actual diseño estatal cubano, que mezcla elementos de todos los modelos, reivindica su condición obrera y campesina, durante cincuenta años ha sido rudamente atacado por los enemigos de la Revolución, ha comenzado a recibir fuego amigo.

Si bien el diseño estatal cubano original es un fruto magnifico de una Revolución autóctona y genuinamente popular, su desarrollo estuvo condicionado por dos grandes anomalías: la desmesurada agresividad norteamericana que desde el primer día encontró excusas para actuar contra la revolución, empeño al que arrastró a la burguesía nativa y a la reacción interna que rechazó a la Revolución, aun cuando la Revolución no la había atacado a ella.

Elucubraciones teóricas, interpretaciones teóricas e incluso manipulaciones aparte, no hay en la Historia Me Absolverá, único programa escrito de la Revolución Cubana, ni una palabra que sea incompatible con los intereses de la Nación y el Estado norteamericano ni que excluyera a la burguesía nativa. Por distintas razones, desde ninguna orilla, se recuerda que la primera Ley de Reforma Agraria no adjudicó ni una pulgada de tierra al Estado y dejó en poder de los terratenientes nativos entre treinta y cien mil hectáreas. Les parecieron pocas.

Nunca se dice que en aquel programa, aunque se sugería la creación de un sector público de la economía, no se abogaba estatización y que era clara la directiva de fomentar la clase campesina, amparar a los colonos, comerciantes e industriales locales, no suprimirlos y, cuando por inevitable se acudía a las expropiaciones, las leyes establecían garantías de pago y mecanismo de compensación.

Aunque todo eso está escrito y exhaustivamente documentado, parece olvidado y, por extraño que parezca, hace alrededor de cuarenta años desapareció del discurso revolucionario, que dio por cumplido un programa que realmente la reacción y el imperio no le permitieron aplicar.

Apreciada como el proceso único que fue, la reacción norteamericana, seguida obedientemente por la burguesía nativa dio lugar a una inesperada oleada de nacionalizaciones y al éxodo masivo de una clase social completa que abandonó negocios, propiedades, tierras, escuelas, instalaciones recreativas, dejando al frágil Estado revolucionario sin opciones.

De ese modo, más de la hostilidad que de la creatividad, nació un enorme sector público de la economía que traspasó al Estado una inmensa cantidad de recursos, un enorme volumen de problemas y tareas, un desmesurado poder y una no deseada omnipresencia en la vida ciudadana. Todo aquello dio lugar a un faraónico aparato burocrático.

Lo mismo que la dirección revolucionaria no pudo prever la hostilidad norteamericana ni sustraerse a su nefasta influencia, tampoco había calculado un acercamiento tan rápido, estrecho e influyente con la Unión Soviética que, aunque fue bien recibido y se agradece porque resultó decisivo para la supervivencia y consolidación del proceso revolucionario, también fue fuente de fenómenos que alteraron el ritmo de la Revolución, entre ellos estuvo la copia y la adopción de una doctrina filosófica en extremo discutible y con una extraordinaria capacidad de de supervivencia, tanta que persiste todavía.

La estructura estatal cubana, desmesurada en comparación con el tamaño del país, las dimensiones de la economía y la envergadura de la actividad social, impropiamente sometida a un rígido verticalismo, sobrecargada con una miríada de tareas y funciones administrativas, de control y ejecución, carente de legislaciones directivas, regulada por infinidad de resoluciones, decretos y directivas, burocratizada hasta el absurdo y que además debe subordinarse y compartir espacios con el partido, está urgida de un perfeccionamiento que la haga más eficiente.

El debate rectificador ha comenzado y si bien debe mirar al futuro y seguramente nadie recomendará retomar consignas de cincuenta años atrás, no sería ocioso rescatar un poco del espíritu revolucionario original. Recientes experiencias políticas, entre ellas la debacle socialista que condujo incluso a la desaparición del Estado soviético, confirman que las luchas políticas mayores, es decir aquellas que proponen cambios o ajustes más o menos trascendentales, pueden asumir formas inéditas y ritmos sorprendentes, entre otras cosas porque se despliegan en torno al papel y al control del Estado. Nadie debe subestimar este debate ni entrar en el mismo sin conceptos claros y fines definidos.

El presidente Raúl Castro tiene razón al pedir cautela y madurez y llamar a medir varias veces antes de cortar. En este caso medir es estimular reflexiones profundas, honestas y autocríticas que, que no se detengan ante lo grande o esencial de los problemas, no se limiten a lo local ni sean cooptadas por prejuicios y dogmas doctrinarios. Por rectificar lo que haya que rectificar y cambiar lo que haya que cambiar, la Revolución no será menos sino más.

La Habana, 01 de noviembre de 2009

Las transnacionales a la sombra del bloqueo a Cuba

Las transnacionales siguen apostando al bloqueo como la única fórmula para que su «traspatio» y antiguas propiedades se mantengan lo más vírgenes posible, mientras siguen esperando convertir en realidad la alucinación de ver caer la Revolución

Marcelo Peréz Suárez *Doctor en Ciencias digital@juventudrebelde.cu
Tomado de Juventud Rebelde

A lo largo de 50 años las administraciones norteamericanas se han ido turnando para hacer lo mismo: endurecer o flexibilizar las medidas del bloqueo, pero este nunca ha cambiado en su esencia y, como dijera un investigador cubano, es sin dudas el asedio más prolongado de la historia de la humanidad. La cuestión es el porqué.


Desde su génesis se declaró por los propios norteamericanos que el objetivo del bloqueo era crear hambre y desaliento; impedir que Cuba ingrese divisas y causar graves daños económicos; hacer creer la inviabilidad de nuestro proyecto social e inculcar en las mentes de los cubanos que somos incapaces por nosotros mismos de enfrentar las dificultades; en fin, socavar la Revolución desde dentro.


Sin embargo, no lo han logrado en medio siglo. Cuba ha resistido y ha vencido al bloqueo demostrando una férrea resistencia, apegada a su inalterable historia de lucha. La comunidad internacional acaba de volver a patentizar en la ONU su rechazo al bloqueo por decimoctava ocasión. Por tanto, ¿qué fuerza dentro del imperio puede hacer que se lacere su «orgullo» de potencia mundial sin importarle reafirmar su desvergüenza ante el mundo?


¿Por qué persiste el bloqueo a Cuba si, como se dice, nuestro país no está en la prioridad de la agenda exterior de Estados Unidos?; ¿por qué inventan listas negras e increíbles argumentos para tener siempre a Cuba en el banquillo del «mal» y así mantener las «justificaciones» del bloqueo?


Podrían ser muchas las respuestas, pero hay un elemento que siempre ha estado detrás del ejecutivo norteamericano ejerciendo su poder desde la sombra: las transnacionales. Muchos pudieran pensar que se trata de una idea trasnochada en el caso Cuba al paso de 50 años y en la era de la globalización, pero no es así.


Dos meses después del 19 de febrero del 2008, cuando nuestro Comandante en Jefe anunció que renunciaba al cargo de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, se publicó en la CNN Money.com, con el título: «Lo que está en juego en Cuba para las corporaciones», que las acciones de la compañía OfficeMax se habían elevado en un 12 por ciento con esta decisión del compañero Fidel, motivado porque se había hecho dueña de la Compañía de Electricidad y de la papelera Boise Cascade, propiedades norteamericanas que se le reclamaban a Cuba.


¿Qué quiere decir que al cabo de 49 años una empresa norteamericana se había hecho dueña de la extinta y legalmente nacionalizada «Compañía de Electricidad de Cuba»? ¿De dónde salió semejante enajenación? Pues bien, un grupo de transnacionales norteamericanas se han ido trasladando de una en otra, el sueño de recuperar las propiedades nacionalizadas en Cuba u obtener un valor compensatorio que los propios EE.UU han definido unilateralmente.


Es en la segunda mitad de la década del 70 cuando data un notable ejercicio de influencia política de estas transnacionales con el objetivo precisamente de frenar los aires antibloqueo que corrieron por primera vez en los pasillos del Congreso norteamericano, condicionado por algunas compañías que argumentaban que el bloqueo a Cuba menoscababa sus intereses.


En esa fecha al parecer se ponen a prueba los poderes corporativos transnacionales norteamericanos en una «secreta» y descarnada guerra sobre Cuba, en la que prevaleció la posición e influencia del Joint Corporate Conmittee on Cuban Claims (JCCCC), creado en 1975 y que reunió a unas cinco decenas de compañías afectadas por las nacionalizaciones en Cuba con el fin común de exigir al gobierno de EE.UU una elevada compensación por los «daños».


El JCCCC ha estado acompañado en su posición desde un inicio por otro grupo de transnacionales asociadas a intereses económicos en Louisiana, Florida, California y otros estados, porque los renglones o servicios que allí se producen, son similares a renglones exportables cubanos y entrarían supuestamente en competencia comercial si se produjese el cese del bloqueo, lo cual es lamentable debido a que estudios realizados en las propias universidades norteamericanas e incluso expuestos algunos de estos resultados en el Comité de Finanzas del Senado estadounidense, demuestran la no afectación a dichos intereses.


Lógicamente no podría estar ajeno el segmento reaccionario de la comunidad cubana en EE.UU., con reclamantes en su mayoría particulares, los que también han ejercido una fuerte presión desde la década del 80 mediante el oneroso aporte del lobby anticubano a sus «representantes» permanentes en el gobierno y a otros que a lo largo de la historia del conflicto han ido comprando y comprometiendo. Es archiconocido el papel de la transnacional Bacardí como líder de este grupo, la que nacionalizada en febrero de 1962, ha actuado en feroz venganza teniendo un activo papel en el bloqueo, sus leyes y la subversión en general contra Cuba.


Se trata de cuatro actores con intereses de capital que compiten y ejercen influencia en el proceso de formulación de política; tres que de una u otra forma apuestan a que se mantenga el bloqueo (las transnacionales reclamantes, las que creen que se afectarían al competir con nuestros productos y la extrema derecha de la comunidad cubana), y un actor que, perjudicado o no con el triunfo revolucionario en 1959, desea invertir y negociar en el mercado cubano, y lo hace en la actualidad bajo innumerables restricciones y trabas para ambas partes.


Después que el JCCCC logró detener el debate congresional sobre la posible eliminación del bloqueo a Cuba durante la administración Carter, continuó con fuerza su labor de zapa, velando que ante las fusiones que normalmente se producen entre compañías o la compra-venta de acciones, se garantizara que los nuevos «dueños» mantuviesen los derechos de reclamación en Cuba.


De este proceso salió al parecer la mencionada OfficeMax y otros reclamantes como el Bank of America, quien en el 2004 asumió como «sucesor» de las reclamaciones originarias del First Nacional Bank de Boston, luego que este se fusionara con el BayBank, renombrado como BankBoston, quien a su vez en 1999 se fusionó con la inversión bancaria Fleet Financial Group para convertirse en FleetBoston Financial Corporation, adquirido finalmente por el Bank of America.


No se puede dejar de decir que estos subrepticios movimientos del capital han estado amparados por las leyes norteamericanas desde muy temprano. En 1964 dictaron la Ley de Reclamaciones Cubanas y la Enmienda Hickenlooper. Bajo el amparo de la primera, iniciaron un primer proceso de certificación que culminó en 1972 con la aceptación de 5 911 reclamantes con un monto total de más de 1 850 000 dólares y la aplicación de una tasa anual del seis por ciento de intereses, que hoy serían más de 7 000 millones de dólares.


Como dato a significar, a pesar de que 5 013 reclamantes son personas naturales, 30 transnacionales norteamericanas concentran casi el 60 por ciento del valor total del dinero; además los documentos extendidos desde esa fecha pueden constituir títulos negociables en las bolsas de valores.


Es por eso que no nos debe sorprender que el monto actual del valor reclamado sea mucho mayor, y en igual proporción la presión e influencia de las transnacionales dentro del gobierno de EE.UU en comparación con la ejercida en la década del 70 a Carter. Incluso desde esa etapa, en los encuentros que tuvieron lugar entre las partes cubana y estadounidense (1975 y 1977), el primer punto de la agenda propuesto por EE.UU fue el tema de las compensaciones a dichas propiedades nacionalizadas.


Pero 20 años después, otra señal dio muestras de la influencia de estas transnacionales «afectadas» o ya «dueños» de las reclamaciones: la Helms Burton o ley contra las inversiones de terceros en Cuba, como también se le puede llamar.


Este engendro legislativo estableció en sus Secciones 205 y 207 que el retorno de las propiedades nacionalizadas por Cuba a manos de ciudadanos o entidades estadounidenses, o la «adecuada» compensación de las mismas, son una «condición esencial» para el retorno a las normales relaciones económicas y diplomáticas entre ambos países.


Dos años después de firmarse esta ley, EE.UU. también logró que la Unión Europea cediera en este tema, comprometiéndose a no invertir en las propiedades «confiscadas» por Cuba.


En febrero de 2006 culminó un nuevo trabajo de la Comisión para la Solución de Reclamaciones al Extranjero, indicado nada menos que al nivel de la ex secretaria de Estado, Condoleezza Rice, aceptándose otras dos reclamaciones de propiedades nacionalizadas con el triunfo de la Revolución.


América Latina ha sufrido las embestidas del gobierno norteamericano cuando las propiedades de sus transnacionales han sido nacionalizadas o sus intereses afectados. No se podrá olvidar a la United Fruit Company en Guatemala; al Grupo financiero Guggenheim y a la Gulf Oil Company en Bolivia; a la ITT en Chile para derrocar a Allende; a la Perrine Bank en Jamaica contra Manley. Varias de estas transnacionales también fueron afectadas con las nacionalizaciones en Cuba, a diferencia de que el mismo esquema subversivo les falló en Playa Girón y en todo el ulterior arsenal empleado en su guerra económica y biológica e intentos de asesinatos de nuestros líderes.


¿A qué siguen apostando estas transnacionales?, al bloqueo como la única fórmula para que su «traspatio» y antiguas propiedades se mantengan lo más vírgenes posible, mientras siguen esperando convertir en realidad la alucinación de ver caer la Revolución y ejercer el derecho americano de cobrar un dinero inexistente y que sigue creciendo solo. Trabajo para los tanques pensantes y los contribuyentes, porque Cuba seguirá siendo dueña de su destino.