
Chencho Alas
Nadie duda la importancia que han adquirido los Medios de Comunicación en los últimos tiempos gracias al desarrollo de tecnologías que han permitido la llegada de los mismos a todos los rincones de nuestra Madre Tierra y al hecho que el analfabetismo ha ido retorciendo en todos los países. Su presencia en nuestras vidas se ha globalizado, no así la propiedad de los mismos la cual permanece en muy pocas manos que exigen libertad de prensa para llevar adelante sus propios intereses.
Muchas veces me he preguntado qué significa la libertad de prensa para la SIP, por ejemplo. Los dos últimos hechos que han conmovido a toda Latinoamérica, el golpe de estado en Honduras y la intentona de golpe en Ecuador, han ilustrado con creces el significado de libertad de prensa para las corporaciones. En Honduras, con excepción de Radio Globo y algún canal de TV, la tergiversación de datos estuvo a la orden del día. Radio HN tuvo un comportamiento de perro con rabia. En Ecuador, el presidente Correa no perdió la ocasión para acusar a la prensa “corrupta” por haber instigado a la rebelión policial con sus “distorsiones” de la información.
¿Qué hacer frente a los Medios de Comunicación? ¿Denunciarlos y quedarnos con los brazos cruzados? Yo creo que no; al contrario, me parece que debemos de tomar una actitud activa ante los mismos, ya que después de todo, los Medios solamente son instrumentos de acumulación de capital de unas cuantas personas, las que se enriquecen a costa del pueblo.
Cuando los oligarcas de Honduras apoyados por el ejército y la embajada americana dieron el golpe de estado, yo me encontraba en ese país. Regresé a El Salvador y me propuse como primera tarea dar charlas sobre el golpe y sus consecuencias en el Bajo Lempa y otros lugares. Recuerdo que un campesino me hizo esta pregunta: ¿Qué podemos hacer nosotros si se intenta dar golpe de estado a Funes? Los golpistas son ricos, nosotros somos pobres, ellos tienen todos los medios. Mi respuesta fue simple: lo primero de todo, tenemos que estar permanentemente organizados y atentos al acontecer nacional; lo segundo, nosotros somos pobres, porque en parte, contribuimos con nuestras acciones a la pobreza que vivimos. Le pregunté cuánto gastaba a la semana en la compra de coca-cola, en churritos, cigarrillos… Le hice ver que alguien que gana el salario mínimo, tiene que invertir una hora de trabajo o más para comprarse la coca-cola. Los pobres hacemos ricos a los ricos porque los pocos centavos que hacemos los invertimos en basura.
Yo creo, que la gran tarea que nos queda es crear conciencia de que el rico no nos pone el lazo al cuello, sino que nosotros mismos lo hacemos. Si los Medios de Comunicación no respetan la libertad de prensa y tergiversan la información, lo que nos queda es no comprarlos o verlos. Ellos viven del pueblo. Si no tienen a alguien que los lea o los vea, no pueden vender anuncios. Ya es tiempo que le digamos a Boris Ezerski, dueño del canal 2, 4 y 6, hasta luego bambino. Hay otros canales que nos ofrecen mejor información. ¿Y el Diario de Hoy? De los Viera Altamirano no hablemos. Viven en un mundo cavernícola y en su página editorial lo único que ofrecen es veneno.
Por otra parte, debemos de apoyar los medios alternos que se están multiplicando hoy en día gracias al Internet. Yo recibí abundante información y al momento gracias a estos medios y, desde luego, la pasé de inmediato a muchas otras personas. Una de ellas me escribía desde Guatemala agradeciéndome y diciéndome que la había difundido a su vez. En el mundo planetario en que vivimos, debemos ser parte y no objeto de la noticia.
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