lunes, 7 de febrero de 2011

EGIPTOLOGIA: ANALES DEL DESPOTISMO

Jorge Gómez Barata

Pocos países disfrutan del privilegio de constituir ellos mismos una civilización y del aval cultural que significa el hecho de que su historia nacional se constituya en una disciplina científica reconocida universalmente; la Egiptología es el caso más notable, sobre todo porque, en un mundo culturalmente dominado por el eurocentrismo, aporta una notable excepción.

Al margen de significados y aportes culturales y científicos notables, entre los rasgos más sobresaliente de la historia egipcia figuran la temprana y sólida conformación del estado centralizado, expresado entre otras cosas en el poder absoluto de los faraones y la más larga y continua tradición de despotismo, autoritarismo y sumisión que la humanidad haya conocido.

La opulencia de ese fenómeno repetido en otros sitios de Asia y África del Norte, llevaron a Carlos Marx, a exceptuar a los pueblos del Oriente de su comprensión del devenir histórico y a hurgar en lo que definió como: “Modo de Producción Asiático”.

Según estos comentarios, a diferencia de lo ocurrido en Europa donde se pueden percibir tres formaciones sociales pre capitalistas: Comunidad Primitiva, Esclavitud y Feudalismo, en lugares de Asia como Egipto y la India entre otros; así como en los pueblos indoamericanos, esa periodización no es aplicable.

Según expone Carlos Marx en su folleto Formaciones económicas pre capitalistas (1858), debe haber habido una formación social preexistente en la cual, según han asumido sus exegetas, la propiedad era colectiva y el poder en la gen, el clan y la tribu era ejercido de un modo naturalmente despótico y autoritario.

Durante sus acuciosas investigaciones de la historia económica y social aplicada al devenir histórico, Carlos Marx que fue un euro centrista típico (el marxismo es originalmente una teoría europea para Europa), descubrió que en Asia y probablemente en otros sitios, América por ejemplo, las cosas habían sido diferentes y lo expuso aunque de modo sesgado, debido a que se apartaba del núcleo de su investigación. A aquellas circunstancias específicas las llamó Modo de producción Asiático, que también pudo ser indoamericano.

El modo de producción asiático es en realidad una formación económica y social y una forma de gobierno propia de los pueblos no europeos, que asume la forma de esclavitud y/o servidumbre colectiva o despotismo comunal y en la cual, forzando las analogías, pueden encontrarse rasgos de las tres formaciones europeas asumidas como clásicas.

El modo de producción asiático, parece haber sido resultado de un desarrollo temprano de la cultura urbana y de la formación de un Estado social, capaz de ejercer autoritariamente un poder central y usar sus palancas para desplegar “políticas de desarrollo”, asociada a grandes obras públicas: ciudades, diques y sistemas de riego en Egipto y Babilonia, avenidas y calzadas en Perú, canales en Tenochtitlán, rutas para las caravanas en el Sahara y templos en todas partes (Machú Picchu, Chichén Itzá y las pirámides en Egipto.

La magnitud de tales obras públicas además de un desarrollo tecnológico en materia de diseño, cantería, hidráulica, vial, sistemas de transporte, cuerdas de alta resistencia y máquinas de izaje, requería de cientos y miles de operarios, especialistas, trabajadores calificados y peones, que en general trabajaban en condiciones de una esclavitud o servidumbre selectiva; rígida para unos y benévola para otros. Los peones pueden ser obligados a trabajar a latigazos, mas no los arquitectos, maestros de obras, médicos o artesanos.

En cualquier caso, a diferencia de Europa donde la esclavitud tuvo un contenido predominantemente (no exclusivamente) domestico, el feudalismo se ligó sobre todo a la tierra (la gleba) y a la recaudación de impuestos y los señoríos se ejercían de modo directo y personalizado sobre pequeñas comunidades, (principados, ducados, condados) en Asia, Egipto, India, Babilonia y otros lugares el poder se ejercía sobre países enteros y poblaciones de decenas o cientos de millones de personas.

En el siglo XV India, Egipto y China, Perú y México los emperadores reinaban sobre más súbditos de los que hoy tienen algunas potencias europeas y eran civilizaciones económicamente incomparablemente más importantes que la mayoría de las existentes en el Viejo Continente.

En esa época, cuando en Egipto, Babilonia, Persia, Egipto, México y Perú los regidores gobernaban desde imponentes palacios, imperios de millones de almas y poderosas economías, no existían España ni Alemania, no había nacido Italia ni Bélgica y los Estados Unidos no eran todavía ni siquiera las 13 Colonias.

En cualquier caso lo que me interesa ahora es destacar la tradición de sumisión al despotismo que se estableció en el Medio Oriente, África del Norte y parte de Asia donde, a diferencia de Europa, el sentido de la autodeterminación individual fue aplastado por al autoritarismo y donde el empleo de la fe como mecanismo de opresión alcanzó una perfección que lleva al oxímoron de: dictaduras perfectas.

Tal vez de lo que en realidad se trata es de que las tradiciones conservadas por las oligarquías dominantes y las jerarquías clericales en los pueblo del Medio Oriente y África del Norte y que, en lugar de desaparecer, se han reforzado convirtiéndose en un peso muerto, es decir en un estorbo que los pueblos orientales han comenzado a arrojar por la borda junto con sus cultores al estilo neoliberal de Ben Alí, Mubarak y otros.

El hecho de que algunos carteles levantados en El Cairo tilden a Mubarak de “faraón”, puede indicar el debut de generaciones de ciudadanos que alcanzan la madurez política en el umbral de la era global, deshaciéndose de los restos de fatídicas tradiciones de despotismo consentido y autoritarismo ilustrado.

Se sabe desde hace mucho tiempo que las necesidades sociales no necesitan de los liderazgos personales, sino a la inversa. En Egipto, Tunez, Yemen, Jordania y otros lugares las oligarquías comienzan a comprenderlo, de ahí que entre sus estrategias de supervivencia incluyan opciones a favor de la modernidad política.

Es falso que la democracia y los derechos humanos sean invenciones de los liberales burgueses, sino que se trata de valores que forman parte de la condición humana, que si bien pueden expresarse de modo diferente, lo que no puede hacerse es anularlo para siempre. El modo de ejercer la libertad es discutible; la libertad no.

Lo importante según creo es mover el pensamiento y no conformarnos con asumir superficialmente que la gente se rebela porque los salarios son bajos, los alimentos caros y porque el hambre los amenaza; situaciones que por demás, siempre han estado presentes. No se trata de omitir factores económicos circunstanciales, tampoco de exagerar su significado.

Contra mis preferencias cito al ayatola Ruhollah Jomeini, quien lideró la revuelta que llevó a la cúpula islámica al poder en Irán: “No se hacen revoluciones para bajar el precio a los melones”. Allá nos vemos.

La Habana, 07 de febrero de 2011

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