jueves, 31 de marzo de 2011

BREVISIMA HISTORIA DE LA ONU (V)

Jorge Gómez Barata

América Latina no estuvo vinculada a las acciones bélicas de la Primera Guerra Mundial y fue el único continente que no sirvió como teatro de operaciones en la Segunda; es la región del mundo donde menos han incidido las guerras y donde más temprano prosperó una tradición de concertación regional.

Cuando en 1945 se creó la ONU, América Latina había efectuado ya el Congreso de Panamá convocado por Simón Bolívar en 1826 y siete conferencias panamericanas. En ese período surgieron: la Oficina Internacional de Repúblicas Americanas y la Unión Panamericana. En dos de los eventos continentales. En 1945 en Ciudad México tuvo lugar la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, conocida como “Conferencia de Chapultepec.

Asociadas a la II Guerra Mundial, los estados latinoamericanos efectuaron diversas actividades oficiales, entre ellas reuniones de consulta de los ministros de relaciones exteriores y, en diferentes momentos 20 países latinoamericanos declararon la guerra al eje y, de acuerdo a sus posibilidades, colaboraron con los Aliados.

Si bien las Conferencias panamericanas estuvieron marcadas con la impronta de la presencia hegemónica de los Estados Unidos, es exagerada la idea de que siempre y en todos los temas, los países latinoamericanos actuaran como subordinados, fueron convidados de piedra u obedecieron ordenes. En cualquier caso tales eventos crearon una tradición que ahora arroja frutos y sirve de base a una nueva institucionalidad.

Precisamente por esa tradición y por su capacidad para ocuparse de sus propios asuntos, en los debates previos a la creación de la ONU y sobre todo a los trabajos para la redacción de su Carta en Dumbarton Oaks y San Francisco, los países latinoamericanos abogaron por crear instancias regionales habilitadas para tratar sus problemas, en lugar de someterse a las decisiones de una entidad mundial regida por las grandes potencias.

La resistencia de los países latinoamericanos, entonces prácticamente la mitad de todos los estados independientes del mundo, a aceptar las propuestas de las grandes potencias en cuanto a la estructura, funciones y prerrogativas de la ONU, especialmente la oposición de varios países a legitimar el uso de la fuerza y las reservas presentadas frente a la pretensión de otorgar potestad de veto a las grandes potencias, aconsejó a Estados Unidos convocar una conferencia especial para examinar esos asuntos. Para los latinoamericanos fue una oportunidad para concertar sus posiciones de cara a la Conferencia de San Francisco.

A pedido de Estados Unidos y por invitación de México, del 21 de febrero al 8 de marzo de 1945, se efectuó la llamada Conferencia de Chapultepec. La cita fue presidida por el Sr. Ezequiel Padilla, secretario de relaciones exteriores de México y en la misma participaron: 18 países.

Casi todos los participantes eran brillantes diplomáticos y varios fueron luego relevantes figuras en sus países. Entre otros pudiera mencionarse a Alberto Lleras Restrepo, Galo Plaza, Joaquín Balaguer y Víctor Paz Estensoro que luego fueron presidentes, Edward Stettinius, Secretario de Estado de los Estados Unidos y Nelson Rockefeller, Gustavo Cuervo Rubio, ministro de relaciones exteriores de Cuba cuya delegación integraban, entre otros, Pelayo Cuervo Navarro, Eduardo R. Chivas, y Manuel Bisbé, Guillermo Torriello de Guatemala y otros.

La Conferencia fue inaugurada por el General de División Manuel Ávila Camacho, presidente de México y todas las sesiones fueron abiertas a la prensa.

El programa de la Conferencia incluyó dos puntos:

1- Medidas para incrementar la cooperación con el esfuerzo bélico

2- Examen de los problemas relativos a la organización internacional para el mantenimiento de la paz y la seguridad colectiva.

Respecto al segundo punto, en el espíritu y la letra de sus resoluciones, a pesar de lo acordado en la recién celebrada Conferencia de Yalta por Roosevelt, Stalin y Churchill y la insistencia de Estados Unidos, la Conferencia adoptó la Declaración de México en la cual, entre otras cosas, sostuvo que:

“El Derecho Internacional es norma de conducta para todos los Estados. Los Estados son jurídicamente iguales. Cada Estado es libre y soberano y ninguno podrá intervenir en los asuntos internos o externos de otro. El territorio de los Estados americanos es inviolable. Los Estados americanos no reconocen la validez de la conquista terri­torial. Conservar la paz y mantener las mejores relaciones posibles con todos los Estados es misión de los Estados americanos. Los conflictos entre los Estados solamente tendrán solución pacifica.”

No hace falta ser un experto para percatarse de que semejantes enunciados, en los hechos significaban un rechazo a las pretensiones de las grandes potencias de otorgar poderes desmesurados a la organización que se gestaba y de asentar la seguridad internacional sobre la base del predominio de los Cinco Grandes.

En México, América Latina definió posiciones que, de cara a la Conferencia de San Francisco, la colocaron en ruta de colisión con las decisiones de las grandes potencias. Luego les cuento. Allá nos vemos.

La Habana, 31 de marzo de 2011


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