martes, 12 de abril de 2011

PLAYA GIRON, DONDE CAMBIÓ LA HISTORIA

Guillermo Alvarado *

Nos recuerda el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro Las Memorias del Fuego, que el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, aprobó en marzo de 1960 la invasión contra Cuba en el mismo escritorio donde firmó la orden para derrocar en Guatemala al gobierno progresista de Jacobo Árbenz Guzmán.

El mismo equipo de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, se encargaría de llevar a cabo la acción, los mismos pilotos cubanos que bombardearon poblados guatemaltecos atacarían a traición su propio suelo. Para la Casa Blanca la historia NO se había movido un milímetro entre 1954 y 1961 cuando la Operación Pluto se ahogó en las arenas de Playa Girón.

En Centroamérica Estados Unidos tenía dos puntales, Miguel Idígoras Fuentes, fruto amargo del asesinato de la primavera guatemalteca, y Anastasio Somoza, en Nicaragua, quien venía de traicionar en nombre de Washington a Augusto César Sandino, el General de Hombres Libres que hizo morder el polvo a las tropas norteamericanas sin conseguir, a la postre, ver cumplido el sueño de liberar definitivamente a su patria.

Ambos países estaban bajo la pesada bota militar impuesta desde el norte y los dos fueron piezas claves en la intentona contra la Isla.

En Guatemala se establecieron campamentos en los departamentos de Petén, en el norte, y Retalhuleu, en el sur, para entrenar a los mercenarios. Justamente allí daba sus primeros pasos un asesino que acaba de ser absuelto por la justicia de Estados Unidos tras dejar un enorme reguero de sangre en la región, nos referimos a Luis Posada Carriles.

Desde Nicaragua partieron los barcos con los esbirros de la policía y el ejército batistiano, un nutrido grupo de oligarcas azucareros, sus herederos o empleados de confianza y junto a ellos sus instructores de la CIA y el Pentágono, para enfrentar su destino.

En el despacho oval ya no estaba Eisenhower, así que le tocó aprender a su sucesor, John Fitzgerald Kennedy, que la historia sí se había movido en pocos años y que América Latina y El Caribe jamás volverían a ser lo mismo que antes de abril de 1961.

Cuba, en menos de 72 horas, hizo el mayor aporte a la libertad de nuestro continente que se haya hecho jamás, desde la victoriosa revolución de los esclavos de Haití en septiembre de 1789.

A despecho de lo que esperaban en la Casa Blanca y las mansiones en Florida, el pueblo NO salió a recibir a los invasores con flores en las manos. Les entró a tiro limpio, con su maltrecha fuerza aérea hunde el buque Río Escondido y hace encallar el Houston, las milicias limpiaron las playas en cuestión de horas, cinco bombarderos B-26 fueron derribados y el resto de la fuerza invasora tuvo que retirarse.

En las arenas de Playa Girón, mil 200 mercenarios se rindieron y es poco probable que alguno de ellos llegase a comprender jamás la enorme trascendencia histórica de lo que estaba ocurriendo.

Por primera vez el imperialismo era derrotado por completo y no se olvidará la imagen de un presidente de la nación más poderosa del planeta bajar la cabeza, tragar saliva amarga y reconocer en público el fracaso.

Una oleada de esperanza inflamó aquellos pechos donde, a pesar de derrotas como las de Guatemala y Nicaragua, germinaban aún las semillas de la libertad, abonadas ahora por la convicción de que el enemigo principal, a fin de cuentas, NO es invencible para nada.

*de Radio Habana Cuba

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