miércoles, 1 de junio de 2011

A QUIEN LE IMPORTA EL COLOR DEL GATO

Jorge Gómez Barata

Entre los atractivos de las reformas chinas que en 30 años catapultaron al país desde la pobreza extrema al segundo lugar en la economía mundial, figuran los esfuerzos por avanzar, aunque no al mismo ritmo, en diferentes aéreas de la vida social y sostener la identidad de su modelo económico y político incorporando elementos que, sin formar parte de las herramientas del socialismo, resultaron exitosos en otras latitudes o que la gente asume como válidos. Entre ellos figura la intención de alcanzar el status de una sociedad socialista “moderadamente acomodada”.

Aunque China no ha alterado el modelo político en el cual el Partido Comunista monopoliza el poder, dentro de ese esquema, adelanta trasformaciones no alcanzadas por los países del socialismo real que sucumbieron en Europa, entre ellas el relevo sucesivo de sus cuadros del más alto nivel (cuatro presidentes en 35 años), avanza en la descentralización del Estado y en la transformación del partido, cada vez menos involucrado en las tareas de gobierno y más afín al modelo económico instalado en el país. China resolvió un problema que hace tiempo occidente no tiene y es que un individuo pueda ser a la vez rico, patriota, incluso comunista

Al parecer, curada de los efectos del tremendismo político que implicaron la fundación de las Comunas Populares, el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural y los fracasos a que la condujeron la imitación del modelo soviético, China prefirió, andar sus propios caminos y avanzar mediante una evolución basada en sucesivas mutaciones y la discreción en el discurso político a los excesos propagandísticos y al radicalismo que implican los intentos de realizar transformaciones trascendentales.

Es todo un espectáculo el modo como China a la vez que eleva su potencial productivo, participa con mayor protagonismo en la economía mundial, reduce la estridencia de su discurso político, evade los entornos confrontacionales, aparentemente renuncia a las ventajas propagandísticas y, ante los litigios que no puede resolver, prefiere la abstención a sumarse a querellas que no conducen a ninguna parte.

En fecha reciente, ante la crisis económica mundial con epicentro en los Estados Unidos, China optó por no intentar sacar ventajas unilaterales y además de no especular en los escenarios financieros internacionales, miró para dentro y elaboró la mejor de sus tesis económicas en los últimos treinta años: contribuir a la ampliación del crédito y la elevación del poder adquisitivo de su población contribuyendo así a la expansión del mercado interno y conseguir dos objetivos: elevar el estándar de vida de su población y lograr que los consumidores chinos absorban una parte de su propia producción.

Frente a la oposición política interna, que ningún país o modelo de gobierno puede impedir, China se comporta con moderación, renunciando a la movilización popular para contrarrestarla; mientras en la lucha contra la corrupción el Estado es implacable, profundamente radical aunque también consciente que las soluciones no llegarán de la mano de las apelaciones políticas, tampoco de la propaganda ni de las exhibiciones que pudieran parecer ejemplarizantes.

Lo más sorprende llegó en los últimos días cuando ante los sucesos del Medio Oriente y el Magreb, en lugar de mirar para otro lado o creer que a ella no le puede ocurrir, el pasado 26 de mayo el Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido Comunista editorializó declarando que: “Se debe prestar más oídos a las preocupaciones de la ciudadanía…” “Proteger los derechos de los grupos más vulnerables y encontrar vías para conocer sus opiniones, clave para establecer una sociedad armoniosa en China…”

En algunas localidades las autoridades han pedido a la población que hagan uso de INTERNET para dialogar con los gobernantes conscientes de que: “Cuando los problemas salen a luz dejan de ser una amenaza a la estabilidad social”.

Con todos sus defectos, con sus problemas no resueltos y sus expectativas no cumplidas, la combinación de audacia en unos campos y moderación en otros y con la premisa de no cerrar ningún camino, China avanza en las reformas al socialismo y sin estridencias ni consignas de ocasión, hace valer el precepto proclamado por Den Xiaoping: “Siempre que cace ratones, no importa el color del gato...” Allá nos vemos.

La Habana, 01 de junio de 2011

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