jueves, 3 de noviembre de 2011

GRECIA: CAMBIAR LAS REGLAS A MITAD DEL JUEGO

Jorge Gómez Barata

Estando en la universidad, durante un seminario sobre ciertos aspectos de la historia griega, la profesora pidió:

—“Que alguien hable de Alekos Panagoulis”.

Sólo uno lo hizo, no porque supiera de Grecia sino porque había leído a Oriana Fallaci. Aquella tarde, hablando de la lucha contra la dictadura de los coroneles, de Mikis Theodorakis, Melina Mercouri, Costa Gravas y otros asuntos que entonces formaban parte de la actualidad revolucionaria nos aproximamos a lo que luego supimos que era la dinastía de los Papandreu. En un viejo cuaderno encontré la nota sobre Panagoulis que la maestra nos hizo copiar:

“…La duda que asalta, por ejemplo, cuando uno se pregunta si aciertan los hombres como tú o los que actúan en nombre de la sensatez y el raciocinio; la duda que atormenta cuando la inteligencia envenena el optimismo de la voluntad, y vemos que los hombres no corresponden a la idea del Hombre, que el pueblo no corresponde a la idea del Pueblo, que el socialismo no corresponde a la idea del Socialismo, y se descubre que ser lúcidos significa ser pesimistas…”

Tal vez los griegos quieran protestar pero no tanto y el Primer Ministro Yorgos (George) Papandreu se equivoque al creer que puede cambiar las reglas a mitad del juego. La convocatoria al referéndum acerca de si es pertinente honrar o no la deuda soberana y someterse a planes de ajuste económico para rembolsar las enormes sumas recibidas como parte de los planes de salvataje, es como una bisagra entre lo osado y lo suicida.

Un escenario probable es que la mayoría griega vote por no pagar la deuda cosa que conllevaría a la retirada de Grecia de la zona euro y al repudio a los tratados y acuerdos de Maastricht, Schengen y otros que han dado vida a la Unión Europea. La mala noticia es que con ello, el pueblo helénico se arriesga a volver a ser uno de los patitos feos de Europa Occidental.

Otra posibilidad es que la masa vote por honrar los compromisos y asumir los sacrificios necesarios y haga lo que parece más sensato, que es mantenerse dentro de la zona euro y de la Unión Europea; la dificultad es que, de ese modo legitimaria los planes de austeridad económica y los recortes del gasto público con lo cual endosaría las posiciones de la derecha. La apuesta es tan arriesgada que probablemente se pierde tanto si gana el “No” como el “Si”. A ciencia cierta nadie sabe si es peor lo uno, lo otro o todo lo contrario.

El lema de Yorgos Papandreu: “No votes para que otros decidan, decide tu”, no sólo contradice la esencia de la democracia representativa, sino que en lugar de apoyarse en el pueblo, lo utiliza como escudo. Es obvio que ninguna administración responsable puede pasar de ese modo el petate, excepto que se trate de un exceso demagógico o populista o de un acto de última voluntad. Prácticamente se puede asegurar que la coalición socialista, desde hace sesenta años liderada por alguno de los elementos del clan Papandreu, no sobrevivirá a semejante escrutinio.

Más allá de Grecia, lo esencial del problema creado es que el sorpresivo e inconsulto referéndum convocado por el mandatario heleno puede ser el disparo de salida de un efecto dominó, que conlleve en plazos brevísimos al debilitamiento del euro y cree riesgos a la existencia de la Unión Europea; peor aun es que semejante eventualidad introducirá el caos en la maltrecha economía del Viejo Continente y repercutirá con la fuerza de un tsunami en todo el mundo; excepto en los Estados Unidos que miran los toros desde la barrera y están listos para obtener ventajas.

Los primeros efectos de la convocatoria a la que difícilmente pueda dársele marcha atrás, ha sido la división del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) y del gobierno; así como el desconcierto de importantes sectores del pueblo griego al que una actuación emotiva puede hacerlo retroceder a etapas sobrepasadas. Nadie debe olvidar que una confusa situación política abrió el camino al golpe militar que condujo a la dictadura del coronel Georgios Papadopoulos que impuso una nueva constitución (por cierto aprobada en referéndum).

Yorgos (George) Papandreu, hijo primogénito de Andreas Papandreu, Presidente del gobierno griego entre 1981 y 1996 y nieto de Georgios Papandreu, Primer Ministro en (1944-1945) y (1963-1965), sin otros trámites, pudo haber sido presidente de los Estados Unidos, lugar donde nació y a cuya ciudadanía renunció, como antes lo había hecho su padre (ciudadano norteamericano por naturalización) para, siguiendo la tradición inaugurada por su abuelo, participar en la política griega de alto estándar. Se trata del último representante de la única dinastía socialista de Europa occidental

En cualquier caso el anuncio del referéndum introduce un elemento inesperado y novedoso y visto desde cierto ángulo puede ser parte de una elaborada maniobra para devolver a los pueblos de Europa parte del protagonismo que le ha sido confiscado por el poder y permitirles participar en la política por vía institucional, lo cual de tener éxito, descolocaría a los Indignados que protestan en los márgenes del sistema y disque contra el mismo.

Una de las características del mundo global es que, para bien y para mal, el contagio existe y la idea de efectuar referéndums u otros tipos de consulta que no sean las electorales, siempre manipuladas y siempre predecibles, no forma parte de la agenda de ninguna de la fuerzas políticas actuantes en el viejo continente.

Quedo en deuda respecto a la dinastía Papandreu y tal vez les cuente de Alekos Panagoulis, la novedad es que su compromiso rebasó las sectas políticas lo cual, como a veces ocurre, lo hace admirado y subversivo a la vez. Allá nos vemos.

La Habana, 03 de noviembre de 2011

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