Tomado de La Jornada
Marcha del movimiento
Ocupa Wall Street el fin de semana en Washington en momentos en que las
campañas para elegir candidato a la presidencia de Estados Unidos es financiada
por millones de dólares provenientes del 1 por ciento más rico del país. El
letrero dice: Hermano, ¿tienes mil millones que te sobren? Foto Ap
Decenas de millones
de dólares de los sectores más ricos y poderosos de Estados Unidos
están financiando a los principales candidatos de ambos partidos en lo que se
ha vuelto un casino de apuestas, más que una elección. Pero a diferencia de un
casino, todos los apostadores aquí salen ganando, sin importar quién resulte
electo.
En su informe a la
nación la semana pasada, el presidente Barack Obama ofreció un mensaje
populista enfocado en la defensa de los trabajadores y sus familias y contra la
desigualdad económica; incluso denunció las prácticas del sector financiero y
sus consecuencias devastadoras para las grandes mayorías. En momentos parecía
que el presidente se había integrado al movimiento Ocupa Wall Street, con la
salvedad de que Wall Street es uno de los principales donantes a su campaña de
reelección.
Detrás de la retórica
populista, decenas de millones de dólares de los sectores más ricos del país
contribuyen a la reelección de Obama. Según el Center for Responsive Politics,
unos 357 individuos de la élite económica dirigen contribuciones colectivas de
sus cuates y socios de por lo menos 55.9 millones de dólares a los esfuerzos de
reelección de Obama (tanto a su campaña como a la dirigencia de su partido para
este propósito). Y a pesar de su gran oratoria criticando al sector financiero,
las contribuciones de Wall Street a través de estas donaciones colectivas
–donde individuos influyentes recaudan donaciones de otros amigos y socios
ricos para entregar montos de cientos de miles a uno de los partidos o una de
las campañas electorales– son el segundo sector más generoso con la campaña del
presidente. Han contribuido con por lo menos 9.4 millones de dólares sólo en el
segundo y tercer trimestres de 2011 a la campaña de Obama. Entre los individuos
donantes, muchos son empleados de las principales instituciones financieras del
país, como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Barclays y Citigroup.
De hecho, de 1990 a
2010 las contribuciones políticas del sector financiero se incrementaron 700
por ciento, según un análisis de la Fundación Sunlight. A la vez, es notable
que estas contribuciones no se destinan a un partido o candidato contra otro,
sino a los dos partidos. Por eso no sorprende que mientras los ejecutivos de
una empresa como Goldman Sachs contribuyeron más a la campaña de Obama en 2008,
la empresa está encargada de manejar la gran fortuna multimillonaria del
precandidato presidencial republicano Mitt Romney.
Los multimillonarios
también pueden apostar en estas elecciones a través de los llamados Comités de
Acción Política (PAC), y su nueva versión, que goza de aún menos restricciones
de gasto, los súper PAC, donde pueden aportar fondos sin límites para gastos de
propaganda en contra o a favor de un candidato. Por ejemplo, el precandidato
republicano Newt Gingrich se ha beneficiado con la aportación de 10 millones de
dólares de su amigo multimillonario Sheldon Adelson (fortuna derivada de
casinos de Las Vegas) a un súper PAC que trabaja a favor de su candidatura.
Adelson es el octavo
hombre más rico del país, reporta The Guardian, y por él Gingrich, quien
hace sólo unas semanas parecía al borde de la derrota en su intento por ser
candidato presidencial del Partido Republicano, ahora tiene posibilidades de
triunfar. Éstas son algunas de las donaciones más grandes a favor de un
candidato en la historia del país, y ahora los fondos que inundan el sistema
político-electoral se están volviendo un tsunami. Es una carrera de
armas de dinero. Uno puede imaginar un mundo donde no se puede ser electo sin
el respaldo de un multimillonario, advirtió el profesor Noah Feldman, experto
constitucional, en la Universidad Harvard, en entrevista con el Guardian.
Aunque 69 por ciento
de las donaciones políticas desde el sector financiero en el concurso
presidencial actual se ha destinado a los republicanos, en parte en castigo a
Obama y a los demócratas que se han atrevido a imponer algunas reformas y
regulaciones bastante tibias sobre el comportamiento de Wall Street, ambos
partidos y sus candidatos dependen de la generosidad de éste y otros sectores
de la cúpula económica para llegar a la cúpula política de este país.
Y una vez que los
gallos a los que apostaron los millonarios llegan a la cúpula política, el
flujo de dinero proveniente del 1 por ciento más rico continúa. Más de 3 mil
270 millones de dólares se gastaron en cabildeos ante el Congreso en 2011,
reportó el Center for Responsive Politics la semana pasada. En 2010, el total
fue de 3 mil 510 millones de dólares.
Como en todos los
años, los millones en donaciones de Wall Street, con el sector de bienes
raíces, el de energía, el de entretenimiento, el de abogados y bufetes y más se
destinan a los candidatos de ambos partidos, subrayando que para los más ricos
no importa demasiado quién gane, ya que todos llegarán a la Casa Blanca (o a
una curul legislativa) gracias a su generosidad.
El negocio de la
democracia, a pesar de la crisis económica más profunda desde la gran depresión,
sigue en auge. Los discursos pueden ser muy bonitos, pero a veces sólo sirven
para disfrazar un sistema político podrido por el dinero. Y como todos saben en
Las Vegas, la casa siempre gana.

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