Por Mauricio Manuel
Reyes, especial para Cubadebate
Un proceso de desarrollo tecnológico vertiginoso
y cada vez más global ha generado una revolución en las infocomunicaciones, que
transforma progresivamente el modo de pensar, producir, consumir, comerciar,
gestionar y relacionarse entre las personas, estableciéndose como cultura el
concepto de “virtualidad real”, es decir, lo real no es solo el mundo físico
como hace 20 años, sino la unidad entre lo tangible y el universo virtual.
Según un artículo divulgado por la agencia BBC Mundo el 25 de enero pasado,
la red digital global avanza como un voraz huracán y pocas veces hay
oportunidad para detenerse en el camino y reflexionar sobre su crecimiento.
Donde antes reinaban las ventas de estéreo hoy imperan las de auriculares. Si
nos subiéramos a una máquina del tiempo y viajáramos 10 años atrás
descubriríamos que para tomar una foto, escuchar música o filmar un video se
empleaban tres dispositivos diferentes. Pero ahora estas actividades -y otras
más- se han mudado a un solo equipo: el teléfono inteligente.
Como es lógico, un proceso de evolución
tecnológica como este, dominado por monopolios que responden a las minorías más
poderosas, favorece el amplio acceso para determinados segmentos o capas
sociales y genera una asimetría con relación a otros grupos poblacionales -
carentes de importancia para los intereses del capitalismo global - que los
desconecta cada vez más de los servicios que generan poder cultural y
económico. A esta masa de personas sin posibilidades reales de incidir de forma
plena en el mundo profundamente interconectado, algunos investigadores lo
denominan el “Cuarto Mundo”.
En ese escenario internacional desigual avanza
la sociedad cubana, que utiliza su limitado acceso al ciberespacio como
herramienta educativa al servicio de sus ciudadanos y para la difusión de la
verdad; mientras el mayor imperio de la historia, mediante un bloqueo económico
y comercial, le impide a esta pequeña isla obtener los recursos necesarios para
extender los servicios en la web a su pueblo. Ese gobierno que nos ataca y sus
aliados europeos, generan campañas mediáticas, mediante las cuales divulgan
falacias como el supuesto temor del gobierno cubano a liberar el acceso pleno a
Internet y sus redes sociales, a la vez que censura toda información sobre la
permanente agresión tecnológica que enfrenta nuestro país.
Este cerco no tiene precedentes en la historia
desde la segunda mitad del siglo pasado, cuando
muchos de los avances científico-técnicos se convirtieron en instrumentos
indispensables para la cruzada contra el Socialismo, como parte de la Guerra
Fría.
La administración Obama ha aprobado millonarios
fondos dirigidos a fomentar el cibermercenarismo en la isla; difamar sobre Cuba
a través de las tecnologías de la comunicación, así como conformar plataformas
digitales diseñadas expresamente para evadir el control del Estado cubano. El
propio diario The New York Times publicó en el mes de junio del 2010 que
la Casa Blanca lidera un esfuerzo global para crear una Internet a la “sombra”
o “Internet en una maleta” y sistemas de telefonía móvil para “disidentes”, con
el objetivo de “minar gobiernos incómodos”, lo que incluye proyectos secretos
dirigidos a establecer redes independientes y garantizar a varios usuarios el
acceso inalámbrico al ciberespacio mediante plataformas portátiles (Wi-Fi),
fáciles de transportar por fronteras.
Red
en una maleta. Un equipaje lleno de equipos suficientes para configurar una red
autónoma, metropolitana Wi-Fi. La New America Foundation, un grupo de
investigación no partidista, está desarrollando una red portátil, WiFi, basada
en que podrían ser llevados a regiones enemigas de EEUU para crear redes
independientes de una red controlada por el gobierno. Crédito: Philip Scott Andrews / The New York Times
Bajo esta estrategia injerencista, es “legal”
para el Ejecutivo estadounidense fabricar “ciberdisidentes” o mercenarios
virtuales orientados a difundir mensajes manipulados o realizar llamamientos a
la desobediencia civil en Cuba, empleando plataformas como Twitter, Facebook,
Blogs y otras. Ante esta hostilidad permanente, no se descarta que en el
futuro inmediato se incremente las acciones subversivas hacia la isla con el
empleo de las tecnologías, e incluso se generen acciones de ciberguerra, que
supone la intervención directa del Ejército en una guerra con todas las de la
ley, apelando al uso de las redes informáticas que controlan las
infraestructura crítica de cualquier país.
De hecho, el jefe de la Casa Blanca
recientemente facultó al Departamento de Defensa para desarrollar operaciones
ofensivas en el ciberespacio si Estados Unidos se ve “amenazado” por sus
“adversarios” incluso, si estas acciones no fueran suficiente por el
“daño” causado a la nación norteña, se prevé aplicar la opción de intervención
militar. Para su materialización Obama creó el Cibercomando como
infraestructura y el marco legal lo estableció con la “Estrategia Internacional
Estadounidense para el Ciberespacio”.
La Ciberguerra es potenciada por el imperialismo
para subvertir a otras naciones, convirtiendo a Internet en un campo de
batalla, donde se emplean como armas las herramientas informáticas,
computadoras y redes digitales. En ese esquema, la estrategia subversiva no es
secundaria, sino la antesala de la guerra frontal en la que intervienen las
armas y que siempre comienza con la fabricación de los pretextos para la
invasión. Contra Cuba se materializa a través de la propagación permanente en
la web de contenidos contrarrevolucionarios por mercenarios en la isla o
individuos y organizaciones anticubanas radicadas en el propio territorio
estadounidense y en países aliados de Europa.
El financiamiento para estas actividades
proviene de los 20 millones anuales de dólares que el Congreso de los Estados
Unidos destina para la subversión contra el país caribeño, el cual se canaliza
a través de la USAID, organización especializada en planes desestabilizadores
contra Cuba. Según un artículo publicado en el sitio digital “Las Razones de
Cuba”, esta entidad ha contado con 150 millones de dólares desde 1990 para
destruir la Revolución, sin éxito alguno.
Este derroche del dinero de los contribuyentes
norteamericanos, generó preocupación en el senador John Kerry, quien en el 2010
cuestionó la utilidad real de estos fondos ante la inefectividad de las
acciones subversivas planeadas contra la isla durante décadas.
Otra organización de esta misma cofradía que
también se incorporó a la estrategia subversiva contra Cuba empleando el
componente tecnológico como instrumento esencial, es el Instituto Republicano
Internacional (IRI), nacida en 1983 bajo el auspicio del entonces presidente
Ronald Reagan.
El pasado año la prensa plana, la televisión y
radio cubanas, puso al descubierto los planes del IRI dirigidos a entregar
equipos de comunicación a personas en la isla y crear plataformas digitales
“independientes” con el objetivo de “romper” el supuesto bloqueo informativo;
incrementar el acceso y el flujo de información sobre “democracia, derechos
humanos y la libre empresa hacia, desde y dentro de Cuba, a través de acceso
sin censura a Internet”, particularmente a partir de proveer tecnología de
punta capaz de evitar las “restricciones del gobierno cubano”, nada más
parecido a un intento de desestabilización interna al estilo de lo ocurrido en
naciones de África del Norte y Medio Oriente o la fórmula empleada con Libia.
En los últimos años el IRI ha financiado
contratos para el mantenimiento y apoyo de proyectos tecnológicos en Cuba, de
carácter injerencistas. Estos cubren el viaje, costos de consultoría, algún
hardware y hospedaje de administradores de redes, servicio de telefonía móvil y
el apoyo a la conformación de páginas web por blogueros al servicio de
Washington.
Esa estrategia, cuya finalidad a simple vista
parece inofensiva y así lo intenta promover el gobierno estadounidense y sus
mercenarios, es un plan concebido para la subversión y el espionaje contra
nuestro país. Para su aseguramiento envían emisarios que recorren toda la isla,
contactan, entrenan y abastecen a los cibermercenarios, lo cual constituyen
actos ilegales del gobierno de los Estados Unidos. Si fuera Cuba la que
pretendiera cambiar el régimen imperante en esa nación e introdujera
ilegalmente tecnología para crear redes de “disidentes”, no cabe dudas que su
Ejecutivo lo consideraría un acto de guerra y el Cibercomando del Pentágono
junto con la IV Flota atacarían inmediatamente a nuestra isla.
En estas aventuras subversivas con el empleo de
tecnologías de punta, el IRI es acompañado por otra ONG: la Fundación
Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), creada en 1962 por mandato de la OEA y
auspicio de la CIA, es una de las beneficiadas de los fondos de la USAID, para
promover la desestabilización interna en la isla. Según el sitio web Cuba Money
Proyect, en el año 2007, de un total de 13.3 millones de dólares distribuidos
por la USAID, firmó un contrato por 2.3 millones para apoyar a la
contrarrevolución en nuestro país; y en el 2009, de un presupuesto asignado de
15 620 000 millones de dólares, recibió 3 millones para iguales fines contra la
mayor de las Antillas. Con este financiamiento garantiza el suministro para los
mercenarios de blackberries, móviles de última generación, Bgan y otros
artefactos, que necesitan activarse desde terceros países a altísimos costos.
Después de este análisis, es indudable que Cuba
figura como un blanco seguro dentro del esquema de subversión, delito
electrónico y ciberguerra patrocinados por Estados Unidos. En su legítima
defensa, nuestro país debe continuar potenciando su incorporación al proceso
global de desarrollo de las infocomunicaciones dirigido a lograr el avance socioeconómico
que deseamos, pero también a fortalecer el combate ideológico en Internet y sus
redes sociales.
Para una nación que según la Unión Internacional de Telecomunicaciones ocupa el
cuarto lugar mundial en habilidades potenciales de sus ciudadanos en el empleo
de las infocomunicaciones, de un rango de 152 naciones, constituye
un reto emplear sus capacidades en la defensa ante un enemigo que no descansará
de agredirnos a través de disímiles vías, incluido el ciberespacio, por la
sencilla razón de haber escogido un destino diferente para su pueblo. Como
afirmara nuestro Comandante en Jefe en su Reflexión del 24 de enero pasado,
perdurar como “La fruta que no cayó” nunca en el seno del imperio.


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