Tomado de Página12
El presidente afgano Hamid Karzai está algo
desesperado: los talibán no quieren negociar con él, se aprestan a hacerlo con
la Casa Blanca y para ese fin abrieron una oficina política en Qatar. El
comando talibán confirmó su disposición a dialogar con Washington pero nunca
con el gobierno “ilegal y sin autoridad” de Afganistán (www.dailytimes.com.pk,
1/2/12). Hace dos años que la administración Obama procura alcanzar algún tipo
de acuerdo con los insurgentes para que cesen sus acciones militares y esto
contradice el triunfalismo de que hace gala el Pentágono sobre el desarrollo de
una guerra que dura ya más de una década. “A pesar de las incompatibilidades,
se abre el camino para una interlocución EE.UU.-talibán”, titula el New York
Times una nota sobre el tema (11/1/12).
El secretario de Defensa Leon Panetta declaró el miércoles que
EE.UU. espera poner fin a sus misiones de combate a mediados del 2013, más de
un año antes de lo planeado, para limitar su papel “al entrenamiento,
asesoramiento y asistencia (aunque) esto no significa que no estaremos
preparados para combatir... porque siempre debemos estar en condiciones de
defendernos”, advirtió (www.washingtonpost.com,
2/1/12). Pareciera un deseo que la realidad cohíbe: el ejército y la policía de
Afganistán, que se harían cargo de las tareas de seguridad en el 2014, han dado
muestras de ineptitud, señales de corrupción y están eventualmente infiltradas
por los insurgentes. La violencia sigue imperando en el país y aumenta el número
de bajas, tanto afganas como estadounidenses.
Es cierto que las tropas de la OTAN dirigidas por EE.UU. han
recuperado algunos territorios en poder del talibán, pero lo conseguido es
insuficiente para garantizar la continuidad del gobierno de Karzai. Así lo
afirma un documento top secret de los 16 organismos de inteligencia, el
National Intelligence Estimate (NIE) más reciente, del que dieron cuenta medios
británicos cono la BBC y el Times de Londres. Esta evaluación sobre el curso de
la guerra en Afganistán concluye que se encuentra en punto muerto, que los
insurgentes no han perdido capacidad de lucha y que el gobierno de Kabul,
instalado por EE.UU., podría no sobrevivir a la retirada de las tropas
invasoras (www.latimes.com,
11/1/12). El NIE contrasta de manera terminante con las afirmaciones optimistas
del Pentágono y ha echado leña al fuego del debate entre la Casa Blanca y los
mandos militares acerca del ritmo de la retirada de las tropas.
El vicepresidente Joe Biden, otros altos funcionarios y varios
congresistas han manifestado su preocupación por el elevado costo de la guerra:
el año pasado cayeron más de 400 efectivos estadounidenses y la inversión
superó los 100.000 millones de dólares, hechos que, sumados a la crisis
económica, la desocupación, los desalojos, tornan vidriosa la campaña por la
reelección de Obama. Pujan, entonces, por una retirada rápida, pero las cien
páginas del documento del Consejo de Seguridad Nacional aconsejarían lo
contrario: “Muchos afganos se preparan para un eventual retorno del talibán.
Los talibán consideran que, cuando desaparezca la OTAN, su victoria será
inevitable”, subraya el NIE (www.guardian.co.uk,
3/2/12).
El diálogo que Washington intenta no ha salido aún de encuentros
que exploran la posibilidad de establecer “medidas de confianza”, como la
debatida liberación de cinco jefes talibán detenidos en Guantánamo. Este nuevo
elemento estratégico entraña consecuencias significativas a nivel internacional
para los esfuerzos de la Casa Blanca destinados a terminar un conflicto bélico
que no gana. En el plano interior, “Obama pelea por su reelección en un clima
de fuerte oposición a la guerra y de la exigencia de recortes del presupuesto
federal” (www.kansascity.com,
11/1/12). En el fondo, esta tentativa de reconciliación revela en parte que
Washington reconoce que la insurgencia talibán continuará después de la
retirada de las tropas con vistas a la retoma del poder.
El ex embajador en Turquía Marc Grossman, enviado especial a
Pakistán y Afganistán, encabeza esta difícil tarea asistido por funcionarios
del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA. Hace un mes se reunieron en
Bonn los representantes de decenas de países para impulsar una componenda
política en Afganistán y la iniciativa agonizaba por el rechazo de Karzai hasta
que la Casa Blanca doblegó su resistencia. “Dado que EE.UU. y la OTAN
anunciaron ya que en el 2014 retirarían de Afganistán la mayoría de sus tropas,
la búsqueda de algún tipo de acuerdo político entre el nuevo gobierno y los
talibán se ha convertido en un imperativo para el gobierno (de Obama)” (www.nytimes.com, 11/1/12). Revive
en la memoria un hecho que se considera histórico: desde los tiempos de
Alejandro Magno, nadie ha podido ocupar Afganistán. Ni siquiera Alejandro
Magno.

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