En el Palacio de las Convenciones tuvo lugar la presentación del libro de memorias del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz: Guerrillero del tiempo, dos volúmenes de las conversaciones sostenidas con la escritora y periodista Katiuska Blanco
Fidel
presenta dos tomos de Guerrillero del tiempo.
Autor: Roberto Chile
Varios
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4 de Febrero del 2012 1:40:54 CDT
“Buenas”, saludó alegremente Fidel al
auditorio, y con esa palabra mágica se abrió en una de las salitas del Palacio
de las Convenciones la presentación del libro de memorias del líder de la
Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz: Guerrillero
del tiempo, dos volúmenes de las conversaciones sostenidas con
la escritora y periodista Katiuska Blanco.
En el mismo tono risueño, Fidel alertó: “Van
a hablarles de dos libros de los que ustedes ni han tenido noticia”. Son, en
efecto, dos tomos que abren con los primeros recuerdos de la infancia del líder
y cierran en diciembre de 1958, previo al Triunfo de la Revolución. Suman casi
mil páginas en las “que yo tuve alguna participación”, bromea el Comandante, y
ese tono distendido animó todo el encuentro, que se prolongó por casi seis
horas y al menos una con el Comandante en pie saludando personalmente a un buen
número de asistentes, entre ellos viejos compañeros de lucha del Moncada y el
Granma, y los familiares de los Cinco cubanos presos en los Estados Unidos.
Fidel viste con un ligero suéter deportivo
negro sobre una camisa a cuadros predominantemente azules. La expresión de su
rostro refleja las emociones que le inspiran las palabras y anécdotas que van
reconstruyendo los presentadores de cada tomo de esta edición, Abel Prieto,
Ministro de Cultura, y Miguel Barnet, Presidente de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba. A veces levanta las cejas y le brillan los ojos, como cuando
Abel recuerda pasajes de la infancia en Birán, o se ríe sin más preámbulo, por
ejemplo, al evocar Barnet las palabras del Che Guevara sobre el desembarco del
Granma: “Fue un naufragio”.
En realidad la razón por la que esté aquí, y
lo repetirá de diverso modo en el encuentro, responde a una única pregunta:
“¿En qué más puedo ayudar?”. Y si hubiera que escoger una sola frase que dé una
idea de a dónde nos llevará este libro —una joya de la edición y la impresión
de la Casa Editora Abril y la Imprenta Federico Engels, con fotografías y
dibujos de Ernesto Rancaño, a quien se debe la portada—, quizás ayude esta que
en algún momento de las conversaciones le dice a Katiuska: “Prefiero el viejo
reloj, los viejos espejuelos, las viejas botas, y en política, todo lo nuevo”.
Mientras Katiuska presenta brevemente las
ediciones e intervienen los presentadores, por momentos Fidel se muestra tan
emocionado como nosotros, como si de pronto, tras aquel viaje apretado por las
páginas de los dos libros, viera en su conjunto, “como en una película en
tercera dimensión” —diría Barnet—, su propia vida. “Es que resalta todo el
valor de lo que se hizo, pero lo que más me interesa es ser útil.”
Comenta que lee cientos de despachos de
agencias todos los días. Literalmente devora toda la información que le llega.
Sigue con particular detalle la situación en Venezuela, que este 4 de febrero
conmemorará el 20 aniversario de la Rebelión militar comandada por Hugo Chávez:
“Nunca nadie hizo más por el pueblo venezolano, que el Movimiento Bolivariano”,
comenta.
De muchas cosas habló Fidel con
entusiasta disposición al diálogo a partir de los comentarios y preguntas del
auditorio: de las admirables luchas que hoy libran los estudiantes
latinoamericanos y del mundo por sus derechos; de su profunda oposición a la
enseñanza pagada; de su firme creencia en que los conocimientos adquiridos
y desarrollados en nuestro país pueden multiplicar las producciones, los bienes
y el nivel de vida de la sociedad, incluso en la agricultura; de lo equivocados
que estábamos todos al creer que en el socialismo los problemas económicos
estaban resueltos; de los Nobel que raramente premian a los que creen en un
sistema social más justo; de las sorprendentes novedades de la ciencia y la
tecnología; del riesgoso gas esquisto y las fabulosas perspectivas de la
nanotecnología; de las visitas de líderes mundiales y la impresión que le han
causado; de Las Malvinas, “ese pedazo de tierra arrebatado a Argentina”, donde
ahora los británicos pretenden extraer petróleo y, por supuesto, de las
terribles amenazas que se ciernen sobre Siria e Irán, mientras Estados Unidos y
Europa pretenden convencer a Rusia con la ridícula idea de que el escudo
antimisiles es para proteger a ese país de las amenazas de Irán y Corea
del Norte.
Es para él imprescindible seguir al tanto de
los acontecimientos, y reconocer que “ya no hay espacio solo para los intereses
nacionales, sino están enmarcados en los intereses mundiales… El deber nuestro
es luchar hasta el último minuto, por nuestro país, por nuestro planeta y por
la humanidad”.
Hablando de los cinco y con los cinco
En dos ocasiones, Fidel habló de Juan
Cristóbal, de Romain Rolland, como una de sus lecturas
favoritas. La primera fue al descubrir en la fila detrás de sus compañeros
moncadistas, a las madres de los Cinco. Aquella novela estuvo entre sus
lecturas en prisión. Fue una de las que sobrevivió a la censura del jefe de la
cárcel, un “tipo odioso, imbécil, ladrón…” Tanto que le prohibió libros como el Stalin,
de Trotsky y en cambio dejó pasar El Capital, de
Carlos Marx.
“Aquí estamos viendo a los familiares de los
Cinco. Hay que ver lo que han resistido esos hombres”, exclamó con
admiración. Y aunque dijo que no había comparación entre los casi dos
años en que permaneció preso con los 13 que llevan confinados Gerardo, Ramón,
Fernando, Antonio e incluso René —al que no le permiten volver a Cuba— se le
sintió particularmente interesado en la situación actual de ellos.
“Ahora mismo estaba leyendo lo que escribió
Antonio, sobre el traslado de prisión, ¿cómo está él?”, preguntó con
marcado interés aquel que como preso político también sufrió atropellos y hasta
amenazas de muerte.
Mirta, la madre de Tony, le explicó que era
un cambio al que tenía derecho y que él había pedido al reducirse su condena.
El estuvo 13 años en la prisión de máxima de Florence, Colorado —tan dura que
le llaman el “Alcatraz de las Rocosas”—, lo que obligaba a tomar tres aviones a
sus familiares de visita. Ahora está en Marianna, Florida, la misma donde
estuvo René hasta su salida el 7 de octubre pasado.
“Ha resultado muy favorable el cambio por el
clima y porque ahora solo tengo que tomar un avión y después seguir por
carretera”, explicó la madre del poeta prisionero, una admirable mujer que
este año cumple 80 de edad y ya estaba resintiéndose de las agotadoras jornadas
de viaje para visitar a su hijo. En cuanto a él, comentó que tiene muy buen
ánimo y que le pidió transmitir a todos las gracias por el apoyo a la lucha por
la causa de los Cinco, que ha entrado en una fase crucial y decisiva.
“Se mantiene, como sus compañeros, con la
misma fidelidad, resistencia, buen ánimo y el deseo de que por fin llegue la
victoria”, dijo Mirta.
La visión íntima de la historia
La escritora Graziella Pogolotti, presidenta
de la Fundación Alejo Carpentier, inició la ronda de preguntas. Uno de los
problemas del acercamiento a la Historia —así en mayúscula— es que se sigue la
secuencia de los grandes acontecimientos, pero casi nunca los recovecos,
aquellos detalles íntimos, la memoria, esas cosas que no solo tocan la mente,
sino el corazón. Propuso al líder de la Revolución que siga escribiendo, que
continúe esta saga testimonial y que cuente más de su experiencia como luchador
y el intercambio con grandes personalidades del mundo.
“Tengo que aprovechar ahora, porque la
memoria se gasta”. Otra vez afloró el magnífico humor de esta tarde, y
prometió: “Estoy dispuesto a hacer todo lo posible por transmitir lo que
recuerdo bien… He estado expresando todas las ideas que tenía y los
sentimientos por los que atravesé”. Más adelante añadió: “Tomo conciencia de la
importancia de relatar todo eso para transmitirlo, de modo que sea útil.”
Llamó la atención sobre la enorme revolución
que se ha producido en el pensamiento, en una época signada además por avances
científicos inusitados. “Internet es un instrumento revolucionario que permite
recibir y transmitir ideas, en las dos direcciones, algo que debemos saber
usar”, y comentó sobre el enorme potencial que tiene el país para participar en
estos desarrollos. Por ejemplo, solo la Universidad de Ciencias Informáticas,
entre estudiantes y docentes, posee 14 000 personas en sus aulas. “¿Estamos
aprovechando esos valores y recursos para transmitir ideas?”, se preguntó.
En diálogo con Mirthia Brossard, presidenta
de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, dijo que “debemos apoyar
las ideas de la joven chilena —Camila Vallejo— en el sentido de luchar para que
la educación alcance igual para todos. Que no sea solo una educación general y
gratuita, sino preocuparnos por lo que se enseña”. Y añadió: “La educación
es la lucha contra el instinto. Todos los instintos conducen al egoísmo, pero
solo la conciencia nos puede llevar a la justicia. Esta no es solo una fórmula
práctica, sino que teóricamente la única aceptable.”
El pintor Alexis Leyva Machado (Kcho) le comentó,
ya casi al cierre del intercambio, que este libro expresa cómo Fidel se
convirtió en un líder de talla mundial no por la fuerza, sino por su
inteligencia. Cuando el artista le pidió a Fidel que expresara una
recomendación para bregar con este mundo loco que nos ha tocado en suerte, el
Comandante respondió: “Tú mismo lo has dicho, hace falta, más que un acto de
valentía, un acto de inteligencia.”
Lamentó el líder de la Revolución que se
agotara el tiempo, pero el encuentro cerró tal y como se había abierto, con
risas: “¡Qué lástima, se va a acabar esto! Me he sentido muy feliz, pero yo soy
un colaborador de los médicos (que lo atienden). Y conste que lo hago no como
un acto de valentía, sino de inteligencia.”
Conversaciones al margen: El valor de Sara
Diana Balboa, compañera de Sara González,
cuyas cenizas serán lanzadas este sábado en la mañana a las aguas de la Bahía
de La Habana, subió al estrado a pedido de Fidel, quien la abrazó y elogió su
consagración al cuidado de la emblemática trovadora cubana durante los intensos
meses que duró su batalla contra el cáncer.
“Sé que fuiste muy valiente”, le dijo Fidel,
a lo que ella respondió: “Valiente ella, Comandante. Ella se portó muy valiente
y mientras tuvo lucidez, estuvo preocupada por su trabajo, por su condición de
cubana y patriota y se fue tranquila, no tuvo un final trágico”.
Mirándose ambos a los ojos, Diana quiso
hacerle saber al líder de la Revolución que Sara fue muy feliz cuando supo por
el Dr. Cepero, director del CIMEQ y el profesor Elliot, médico de
cabecera, de la permanente preocupación personal de él por ella. “Yo solo
quería saber que no le faltaba nada”, fue su respuesta.
Lo demás, como todo lo esencial, no era
visible. Según Diana, “la conversación estuvo más en la ternura que en las palabras.
Yo sentí esa ternura y una emoción muy profunda en su mirada. Quién no sabe
cuánto se querían mutuamente Fidel y Sara.”
¿Con Antonio o con René?
Ya se retiraban Fidel y los invitados cuando
entró una llamada de René al celular de su esposa Olga, que le pasó el teléfono
al líder de la Revolución. Inicialmente él creyó que era Antonio y
después de enviarle un fortísimo abrazo, le preguntó por sus lecturas y por
“cómo va la poesía”. Seguramente su interlocutor le explicó que no era el
poeta porque Fidel dijo enseguida: “Ah, caramba, te había confundido. Pensamos
mucho en ustedes y particularmente en ti, vas a recibir dos libros que te vas a
leer en medio día”, le comentó entre otras cosas. Junto a Fidel, todos trataban
de escuchar la voz del otro lado, pero solo alcanzamos a escuchar las
últimas palabras de René: “Cuídese, Comandante y nos vemos allá.”
“Un fortísimo abrazo”, reiteró él.
Después indagaría con Olga si alguien lo acompaña en esta obligada retención en
territorio estadounidense. Ella le comentó que lo visitan sus familiares que
reciben visa, pero que en su “libertad vigilada”, él tiene muchas
restricciones, la peor de todas, la negativa a concederle visa a ella para que
pueda acompañarlo.
“¿No te la han dado ni una sola vez?”, quiso
saber. “Visa no, Comandante. Me la han negado siempre, desde que me deportaron
en el año 2000. Adriana tampoco la ha recibido para visitar a Gerardo desde que
está preso.”
Al despedirlas, Fidel insistió en su
convencimiento de que en la lucha por el regreso de los Cinco “vamos a tener
éxito.”
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