Me inclino ante la
habilidad de los propagandistas de Israel para fabricar mitos capaces de
convertir hechos triviales en paradigmas, presentar como invencibles a sus
tropas, letal a su aviación e infalible al Mossad. Gracias a ese eficaz
marketing político, el sionismo cubre con relumbrón dorado el más repúgnate
terrorismo de Estado.
Este empeño mendaz no
debe ser confundido con el esfuerzo ideológico original realizado a favor de la
causa judía en su ejemplar resistencia pacífica a la discriminación y las
persecuciones del antisemitismo europeo, que por un lado condujo al concepto
hitleriano de “solución final” y al holocausto y por otro amparó la maniobra
británica para sacar de modo indoloro a los judíos de Europa prometiéndoles un
“Hogar nacional”, no en Gales ni Escocia, sino en Palestina.
Tan eficaz fue la
prédica sionista, después de la Declaración Balfour de 1917, asociada a la
diplomacia británica que logró confundir a Stalin quien apoyó la
partición de Palestina en 1949 y la formación de Israel en la creencia de que
la condición de rusos, ucranianos, polacos, húngaros y eslavos de la mayoría de
los líderes sionistas de entonces, equilibrarían la balanza e impedirían la
hegemonía imperialista en el Medio Oriente.
Refugiados del San Luis, para ellos la Tierra Prometida no era
Palestina sino La Habana
Aunque conozco varias
versiones, algunas de las cuales mencionan influencias de ilustres familias
cubanas, no he conseguido averiguar las razones que tuvo el presidente cubano
Carlos Prio Socarrás para oponerse a la partición de Palestina, decisión de la
ONU, en la cual Cuba voto en contra.
Tampoco está claro
por qué antes, en 1939 el entonces presidente cubano, Federico Laredo Brú, sin
antecedentes antisemitas conocidos, impidió el desembarco de casi un
millar de refugiados del trasatlántico San Luis a quienes antes la embajada
cubana en Berlín había otorgado visas (en realidad vendido) y que el 13 de mayo
de aquel año en una operación coordinada con la emigración norteamericana
zarparon de Hamburgo con destino a La Habana, donde fueron rechazados y tras un
angustioso peregrinaje por puertos del mundo, terminaron regresando a Europa
para morir en los campos de extermino nazis.
UNA
AGRESIÓN CONVERTIDA EN MITO
Entre las anécdotas
mejor manipuladas para alimentar el mito de la eficacia de las fuerzas armadas
de Israel figura la destrucción del reactor nuclear iraquí en las inmediaciones
de Bagdad en junio de 1981. Según cuentan, una vez adoptada la decisión de
liquidar la instalación, en el mayor secreto se adaptaron los aviones F-15 y
F-16, entonces de última generación y se entrenaron las tripulaciones para una
operación de bombardeo de precisión con blanco a la vista, quirúrgica y de alta
eficacia.
En la tarde del 7 de
junio de 1981, de la base aérea de Etzion despegó un escuadrón de entre 8 y 16
cazas (según distintas versiones) que volando por encina de tres países:
Jordania, Arabia Saudita y el propio Irak a través de unos 2000 kilómetros en
viaje de ida y regreso, realizaron la operación sin recibir hostilidad alguna.
Coronel Ilan Ramón
Según la elaborada
leyenda, se atribuye el mayor merito al comandante del escuadrón, Ilan Ramon, coronel de
la aviación de Israel y posteriormente astronauta de la NASA, fallecido en el
accidente del transbordador espacial Columbia el 1 de febrero de 2003, quien,
para burlar las defensas de los países involucrados, adoptó una formación
cerrada, tan compacta que en las pantallas de los radares aparecía un solo punto
y no varios aviones.
En realidad aunque
las habilidades de los pilotos influyó en el éxito de la operación, nada de eso
ocurrió, sino que aprovechando las extraordinarias posibilidades de los F-16 y
realizando manipulaciones radioelectrónicas, y combinando la penetración de la
inteligencia sionista con la impericia de los operadores de radar, se concretó
un ataque virtualmente impune.
Basta unos simples
cálculos aritméticos para dilucidar que, si para batir un blanco desprotegido
ubicado a 1000 kilómetros, Israel empleó no menos de 10 aparatos: ¿Cuántos
necesitará para agredir a Irán y batir unos 100 blancos situados a distancias
dos veces mayores y en los cuales cabe esperar defensas antiaéreas en
disposición combativa para enfrentarlos?
Los manipuladores
israelíes no son originales, antes que ellos Hollywood alimentó las pantallas y
las mentes de millones de personas de sucesivas generaciones en todo el mundo,
mediante la recreación de episodios de la guerra en el Pacifico y en Corea que
presentaban sólo el lado heroico y romántico del sacrificio de los jóvenes que
morían y no el sufrimiento y el dolor que cada uno de ellos significó.
Ojalá los lideres y
los estadistas adoptaran todos la máxima de que “La única manera de
ganar una guerra es evitándola”.


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