Barack
Obama tiene una vasta experiencia en promesas incumplidas.
Aunque quiere reflotar para su próxima campaña el “Change” invocado en su
discurso electoral hace varios años, lo cierto es que encuestas demuestran la
decepción del pueblo norteamericano con un Presidente que ha demostrado tener
dos caras: una en las palabras, y otra en la realidad.
Lo mismo ha pasado en su
política hacia Cuba. A pesar de que voceros oficiales, expertos y asesores del
Presidente se empeñan en alardear de una supuesta flexibilización del bloqueo, las
restricciones financieras, económicas y comerciales contra Cuba
permanecen intactas, 50 años después de haber entrado en vigor.
Lo acaba de reconocer la
portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland. “Nuestra
política hacia Cuba permanece igual” -comentó en su rueda de prensa diaria,
añadiendo el manido argumento de que cualquier cambio en la política hacia la
Isla debiera subordinarse a “concesiones políticas” por parte del gobierno de
La Habana.
Sin embargo, para la ONG
Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en
inglés), Cuba está experimentando “profundas transformaciones
económicas y políticas” a las que Estados Unidos no debería estar ajeno.
“El embargo es una
reliquia, un remanente de la Guerra Fría“, sostuvo en un comunicado el director
de programas de WOLA, Geoff Thale, quien añadió que se trata de una medida
“desactualizada que solo perjudica al pueblo cubano, a sus familias en Estados
Unidos y a los intereses estadounidenses”.
Thale, quien acaba de
estar en Cuba en un “viaje de investigación”, recordó el proceso de
transformaciones acometidos en la Isla, conocido como “actualización del modelo
económico” y subrayó las críticas contra el gobierno de su país. “En lugar de
ajustar la política de Estados Unidos hacia Cuba para adaptarse a un mundo
cambiante, los defensores del bloqueo se han centrado en ajustar sus argumentos
para preservar una política obsoleta”, lamentó este experto. El Congreso “no va
a retirar el bloqueo de la noche a la mañana”, pero los políticos “sensatos” deben
trabajar en favor del diálogo entre Cuba y Estados Unidos, recomendó Thale.
Y, ciertamente, la
sensatez parece ganar cada vez mayores espacios. Según una reciente encuesta de
la Universidad Internacional de Florida, el 46% de los cubanos que
viven en Estados Unidos se oponen al bloqueo. Pese a esa medida, cuyos
daños económicos directos entre 1962 y diciembre de 2010 Cuba cifra en 104.000
millones de dólares, el flujo de personas y remesas va en aumento.
Del lado cubano, la
disposición al diálogo con Estados Unidos en torno a una potencial mejora de
relaciones, ha sido confirmado por altos funcionarios de la Isla, incluido el
propio Presidente Raúl Castro. Pero el gobierno de Obama parece preferir la
política de los oídos sordos. Máxime, cuando da muestras elocuentes de
recrudecer el bloqueo, en lugar de flexibilizarlo, como tanto repite la
propaganda proveniente de Washington.
Así lo confirma la
directora de Asuntos Multilaterales del MINREX, Anayansi Rodríguez. “En
realidad el bloqueo se ha recrudecido con Obama, sobre todo en su
carácter extraterritorial, a partir de una mayor persecución de las
transacciones financieras de Cuba en cualquier lugar del mundo”.
Según la funcionaria de
la Cancillería, Estados Unidos incluso ha multado a bancos en terceros países
por sus vínculos con la nación caribeña.
La hostilidad también
impacta en los nexos con mecanismos multilaterales, como la reciente
incautación por la Oficina de Control de Activos Extranjeros de más de cuatro
millones de dólares destinados a proyectos en Cuba, recursos otorgados por el
Fondo Mundial de Lucha contra el VIH/sida, la Tuberculosis y la Malaria,
agregó.
De acuerdo con
Rodríguez, las medidas aplicadas por el actual gobierno estadounidense en
materia de remesas, autorización de vuelos hacia la isla desde determinados
aeropuertos y licencias de viajes, si bien pueden considerarse pasos positivos,
no implican el relajamiento de las presiones del cerco.
“Esos pasos nada tienen
que ver con el complejo entramado de regulaciones y normas encargadas de
tipificar el bloqueo y su marcada extraterritorialidad, dada por leyes como la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996); en realidad lo que hacen
es devolvernos a la época de la administración de William Clinton, quien gobernó hasta enero de
2001″, señaló.
“Seguimos sin poder
importar y exportar a Estados Unidos, sin poder utilizar el dólar norteamericano
en nuestras transacciones y sin poder acceder a los principales mecanismos
internacionales para créditos y fondos”, argumentó.
(Con información de EFE y Prensa Latina)
A propósito de los 50 años de que entrara
en vigor el bloqueo, Cubadebate recuerda este documental de Roberto Chile, con un
elocuente testimonio en imágenes de la resistencia del pueblo cubano.


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