Tras el cierre de Megaupload, se produce un efecto cascada sobre otras webs
Ayer cerró motu proprio BTjunkie, sitio de
búsqueda de archivos de intercambio, luego de la presión del FBI sobre
Megaupload y The Pirate Bay. El ataque a los bienes culturales y los datos de
150 millones de usuarios, a la deriva.
Por Mariano Blejman
Tomado de
Página 12
Los efectos “colaterales” del cierre de
Megaupload un día después de la protesta contra la ley SOPA anticipan hasta
dónde piensa llegar el gobierno estadounidense en defensa de la propiedad
intelectual. El hondazo que le dio el FBI al sitio creado por el exuberante
alemán Kim Dotcom Schmitz, que tenía el 4 por ciento del tráfico de Internet,
ya tuvo la primera bandera blanca, en señal de retirada: ayer el sitio inglés
BTjunkie, un buscador de archivos de intercambio, anunció que se bajaban
“voluntariamente” de la red debido a las presiones, luego de ver cómo detenían
a los creadores de Megaupload y a los tres fundadores de The Pirate Bay, el
sitio de BitTorrent más usado del mundo, asentado en Suecia. “Este es el fin de
la línea, mis amigos”, escribieron en su web de manera lapidaria los creadores
de este sitio que permitía buscar películas, canciones, programas a través del
protocolo peer to peer creado por Bram Cohen hace una década.
En términos de política internacional, podría decirse que el
cierre motu proprio de BTjunkie es algo así como el triunfo “diplomático” de
las armas digitales norteamericanas. Es decir, la capacidad de resistencia de
los sitios de intercambio de archivos quedó trunca ante la fuerza de los
últimos acontecimientos. También decidieron suspender servicios de intercambio
sitios como FileSonic o Uploaded.to (que cerró en Estados Unidos), y unos
cuantos más caerán por la fuerza de los hechos. Megaupload tenía 50 millones de
usuarios diarios activos y 150 millones registrados, el 4 por ciento del
tráfico mundial de Internet y estaba intentando reconvertir su imagen con una
campaña pegadiza, cuyos videos están en YouTube. Entre otras cosas, habían
nombrado como CEO a Swizz Beats, el esposo de la cantante y compositora de rock
& blues Alicia Keys. Pero no alcanzó. Como se sabe, Megaupload fue bajado
el 19 de enero acusado de formar parte de una “mega” conspiración que les
habría hecho perder 500 millones de dólares a las empresas defensoras de la
propiedad intelectual, básicamente la industria de Hollywood y la de la música,
acusados además de haber ganado 150 millones de dólares por suscripciones y 25
millones en publicidad en un período de cinco años.
La propiedad o ¿la propiedad intelectual?
Pero qué ironía: en nombre de la defensa de la “propiedad
intelectual”, el cierre de Megaupload podría considerarse el ataque más
flagrante a la propiedad privada en la historia de Internet. Por poner uno de
los 150 millones de casos: Verónica Malamfant es una de las creadoras de Las
Pornógrafas, un sitio de “periodistas algo eróticas” que se juntan a escribir
sobre sexo una vez por semana y realizan desde hace dos años programas. En este
tiempo pasaron de tener 200 descargas en el primer programa a seis mil en el
último antes del cierre de Megaupload, lugar donde tenían una cuenta premium.
“Nunca violamos ninguna propiedad intelectual. Subimos nuestros propios
contenidos, y –si bien tenemos un backup en nuestras máquinas– nos mató el
hecho de perder los registros de las visualizaciones, la información contextual
que fuimos agregando”, además de un trabajo de carga de dos años.
Músicos, artistas, diseñadores, periodistas, realizadores
audiovisuales, cineastas, en fin, millones de personas de todo el mundo se
vieron afectadas por la decisión del FBI de cerrar Megaupload. El sitio del
fastuoso Dotcom, estaba asentado legalmente en Nueva Zelanda y Hong Kong, pero
los servidores estaban en Estados Unidos. Ergo, la repercusión es planetaria. Y
el FBI una fuerza sin fronteras. Qué novedad. La semana pasada, el FBI anunció
que ya habían recabado la información necesaria de los servidores de Megaupload
para construir su caso por cibercrimen. Como las cuentas de la empresa habían
sido congeladas, nadie había podido pagar la factura a nombre de Carpathia y
Cogent, dos de las empresas que les daban los servidores a Megaupload dentro de
Estados Unidos, éstos podían ser borrados. El dato lo dio Ira Rothken, la
abogada del sitio que ofrecía la posibilidad de compartir archivos de gran
tamaño, sobre todo cuando los usuarios compraban cuentas premium, y se anunció
que los datos de millones de usuarios en todo el mundo estaban a punto de
desaparecer. El asunto es que en los términos y condiciones de Megaupload –eso
que uno firma cuando acepta ingresar a un servicio sin darle demasiada
importancia– dice que “Megaupload puede terminar sus operaciones sin previo
aviso”. O sea.
Internet con Fronteras
Y entonces llegó la Electronic Frontier Foundation, fundada por
John Perry Barlowe (alguna vez letrista de los Grateful Dead), organización no
gubernamental que defiende los derechos digitales de los ciudadanos, a realizar
un acuerdo con Carpathia –unos del hosting de Megaupload– para intentar
recuperar los archivos de 150 millones de usuarios repartidos por el mundo...
Bueno, por lo pronto sólo defenderán aquellos asentados dentro de territorio
norteamericano. Todo no se puede. El acuerdo de la EFF con Carpathia incluye la
creación de un sitio web llamado Megaretrieval.com para instrumentar la
recuperación de la información “retenida” en la nube de Megaupload, luego de la
decisión del FBI. Aunque no se sabe muy bien cómo se instrumentará la
recuperación. Por lo pronto, la posibilidad de que esos datos se pierdan para
siempre –lo cual sería la mayor pérdida de memoria colectiva de la historia de
Internet, una especie de nueva quema de la biblioteca de Alejandría– ha
disminuido sensiblemente.
Es decir, la decisión de un gobierno afectó unilateralmente a 150
millones de usuarios (que todavía no son lo mismo que personas, pero es
cuestión de esperar), y una organización no gubernamental tuvo que pedirle a
una empresa privada que resguarde la información de los usuarios. Además, una
decena de ejecutivos que no eran estadounidenses fueron detenidos por el FBI
fuera de los Estados Unidos. La EFF estaría pensando en organizar una demanda
colectiva contra el gobierno de los Estados Unidos por una larga serie de
violaciones a los derechos de los ciudadanos... de los Estados Unidos.
Comenzaron por pedirle a la Justicia estadounidense a través de un procedimiento
formal la salvaguarda de los datos de los “usuarios inocentes”, que
probablemente sean mayoría. La carta fue firmada por Cindy Cohn, directora
legal de la Fundación.
El problema es que fuera de los Estados Unidos la sensación es de
desamparo. Quienes llevan la delantera en iniciar acciones colectivas contra el
gobierno de los Estados Unidos son los fundadores del Partido Pirata Catalán.
“Los daños por el cierre de Megaupload están totalmente injustificados y son
inadmisibles”, escribieron. Luego se sumaron los partidos piratas del resto de
Europa. Se prenden lentamente en la demanda colectiva los partidos piratas de
Galicia, Alemania, Inglaterra, República Checa, Francia, Canadá, y obviamente
el de Suecia, que tiene representación parlamentaria. El sitio catalán anunció
haber recibido al menos 1500 demandas en las primeras horas de convocatoria. En
Argentina, el Partido Pirata local intentaba encontrar un abogado para sumarse
a la causa. “Los costos de pagar un abogado en Estados Unidos y pelearse con el
FBI sería una causa que me moriría de amor, me sentiría el Che Guevara por unos
microsegundos, pero se nos va de presupuesto”, cuenta la periodista Malamfant,
de Las Pornógrafas.
La agrupación de hacktivistas Anonymous no se conformó sólo con
tirar rápidamente una serie de páginas desde el FBI hasta la industria de
Hollywood o los sellos discográficos, sino que revelaron una conversación que
podría haber ocurrido el 17 de enero (antes del cierre de Megaupload) entre el
FBI y la Scotland Yard, en donde los servicios de inteligencia se referían al
apoyo de algunos hackers para realizar sus acciones.
Tráfico legal, tráfico ilegal
El impacto del cierre de Megaupload en el tráfico mundial ha sido
espectacular. Ese 4 por ciento de Internet (una increíble concentración del
tráfico, quién lo duda) que tenía al sitio de Dotcom como origen, pero decenas
de sitios que lo usaban como fuente de streaming se distribuyó rápidamente
entre los servicios de descarga digital y la televisión tradicional. Según
Nicolás de Tavernost, del grupo francés M6, que ofrece un servicio legal de
streaming, en la última semana recibieron “un aumento considerable de tráfico”
y lo vinculó directamente con el cierre del sitio, para el placer de Marcelo
Birmajer, que el domingo salió a apoyar la ley SOPA en Clarín. Pero con o sin
SOPA o PIPA (las dos leyes insignias de la propiedad intelectual que parecen
haber quedado en stand by luego del “apagón” de Wikipedia y otros cientos de
sitios el 18 de enero pasado), Internet se debate no sólo sobre la propiedad
intelectual, sino por el atropello de los derechos individuales, la libertad de
expresión, la neutralidad de Internet y el libre flujo de información.
Desde el auge y caída de Napster, la industria ha buscado métodos
para recuperar la escacez del acceso a los bienes culturales existentes. Las
condiciones tecnológicas y culturales del protocolo de Internet (¡ay Vint
Cerf!) generaron nuevas leyes de mercado y de tráfico cultural. Por poner un
ejemplo vale recorrer los libros Long Tail y Free, de Chris Anderson, y una
gran red de producción dedicada a la cultura libre. El problema para el FBI es
que todavía existe Internet, y a esta altura es irremplazable en la vida
cotidiana de dos mil millones de personas. En los últimos tres o cuatro años,
las corporaciones más duras, dedicadas a fibras y cables, ofrecen servicios
denominados “en la nube”. Es decir, la oportunidad de empresas, gobiernos,
usuarios de subir los datos a Internet, de tener la posibilidad del
desplazamiento permanente, la inexistencia del servicio técnico y un largo
etcétera. Todavía existen sitios como RapidShare, SoundCloud, DropBox,
GrooveShark, Google (que ya tiene computadora para la nube ChromeBook), iCloud
de Apple, Amazon o los servicios de Global Crossing, por nombrar apenas
algunos, son espacios donde los usuarios suben sus datos amparados por la
fascinación del fin del formato físico.
Así, el Departamento de Estado camina en dos frentes: trata de
endurecer las leyes de propiedad intelectual dentro de Estados Unidos y de
aprobar leyes para cortar el acceso a sitios que puedan violarlos fuera. Luego
intenta acomodar las leyes de otros países a sus propias leyes de propiedad
intelectual y escarmienta con el FBI para generar el efecto terror. Un efecto
no deseado por el gobierno estadounidense es que una copia exacta de Megaupload
podría instalarse fuera de ese país y la Justicia norteamericana no podría
interceder: lo dijo la propia Justicia esta semana. Pero qué pasaría si los
usuarios empezaran a subir índices de películas para bajar por BitTorrent en
archivos compartidos de Google Docs, ¿estaría dispuesto el FBI a cerrar Google?
¿En qué país está Google? O, como bien escribió el emprendedor argentino
Santiago Bilinkis en su blog: “La lucha para evitar el atropello de las libertades
será difícil y desigual. Pero hay una buena noticia: no hay ley que pueda de
manera efectiva y sostenida detener el avance de la tecnología. Y será nuestro
ingenio, aprovechando las posibilidades que Internet misma ofrece, el que nos
brinde herramientas ideales para resistir”.
@blejman

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada