Jorge Gómez Barata
Cualquier litigante conoce que para cometer
un crimen debe haber motivos, medios y oportunidad. Para atacar a Irán Israel
dice tener los motivos y puede crear la
oportunidad pero no dispone de los medios. Por su parte Estados Unidos lo tiene
todo, excepto los motivos.
Israel alega que un Irán nuclear compromete
su seguridad, argumento que no puede invocar Washington. Con armas nucleares o
sin ellas, militarmente, frente a Estados Unidos, Irán que es un liliputiense
aunque también eje de una paradoja perfecta: puede ser destruido mas no
ocupado.
En su corta existencia como Estado, Israel ha
librado cuatro guerras (1948-1949), (1956) (1967) y (1973) En todas ha
resultado victorioso no sólo por la eficacia de sus ejércitos, sino por la
ineptitud y déficit de motivación de los adversarios. A tales acciones se
añaden los bombardeos a los reactores nucleares en construcción de Irak y
Siria, las agresiones al Líbano, el bloqueo a la franja de Gaza y otras
operaciones. Mediante esos eventos Israel se apropió de territorios de
Palestina y de otros estados, algunos de los cuales siguen ocupados.
Todo ello unido al respaldo norteamericano y
un eficaz marketing político han proporcionado al Estado judío una imagen de
invencibilidad que tal vez esté siendo puesta a prueba. Israel no ha operado
militarmente contra Irán por una sola razón: no puede vencer o, como mínimo, no
está seguro de poder ganar.
Para
vencer a un país es preciso ocuparlo y, bravuconadas aparte, Israel carece de
los medios, el entrenamiento y la tradición necesarios para derrotar a Irán, entre otras cosas porque los blancos
están a casi dos mil kilómetros de distancia y entre ambos países se interponen
tres estados (todos musulmanes) y el golfo Pérsico.
Estados Unidos acumula una vasta experiencia
en desembarcos navales, algunos antológicos como el de Normandía, exitosos como
los del Pacifico y fallidos como el de
bahía de Cochinos, pero todos cruentos y sumamente costosos: En algunos como en
Okinawa los comandantes y las tropas se cubrieron de gloria y en otros hicieron
ridículos como aquel de 1898 cuando durante la Guerra Hispano-Americana el
regimiento de caballería al mando de Theodore Roosevelt embarcó las monturas,
el forraje y los jinetes y olvidaron los caballos.
En su breve historia el Estado de Israel se
ha destacado por su capacidad para desarrollar relampagueantes operaciones
terrestres con unidades motorizadas contra adversarios incompetentes, poco
motivados y peor fortificados y siempre con total dominio del aire; en cambio
nunca ha librado batalla en el mar ni realizado desembarcos navales sobre
costas hostiles y fortificadas. Israel no posee un cuerpo como la Infantería de
Marina de los Estados Unidos y probablemente no tenga una docena de lanchas de
desembarco.
Si bien el Estado sionista puede realizar
operaciones aéreas y navales sobre blancos en Irán, obviamente se expone a la
respuesta. Sus aviones, buques y submarinos no son invulnerables ni sus
ciudades e instalaciones nucleares están fuera del alcance de la aviación y la
cohetería persa y, aunque mediante difíciles maniobras, buques y submarinos de
Irán pudieran adentrarse en el mar Rojo y el Mediterráneo y devolver los
golpes.
No debe obviarse el hecho de que las defensas
antiaéreas de Israel nunca han sido puestas a prueba y, lamentablemente los
ciudadanos israelíes, no pueden esperar moderación ni caballerosidad por parte
de Irán, que utilizará todos los recursos a su alcance para causar daño.
El arma nuclear, principal argumento militar
de Israel, probablemente no sea utilizable debido a que su empleo pone en
peligro no sólo a todos los estados del golfo Pérsico, sino también a los de
Africa del Norte, el sur de Europa, Rusia y el propio Israel. Cualquier
estudiante de secundaria conoce que los vientos del Sahara arrastran polvo del
desierto, no sólo hasta España sino
incluso hasta El Caribe. Un ataque nuclear de Israel contra Irán tendrá un
inevitable efecto global, que puede ser letal.
Para Estados Unidos, que no ganará
absolutamente nada con ello, una guerra contra Irán es la operación militar
menos rentable que pueda ser imaginada y una aventura que en lugar de resolver
alguno de sus problemas puede acrecentarlos, especialmente aquellos asociados
al terrorismo.
No obstante el hecho de que Israel no pueda y
Estados Unidos no quiera no son garantías suficientes de que el conflicto será
evitado. Hay demasiados halcones en posiciones de poder, demasiados orates
sueltos, las pasiones están exacerbadas, la retorica es agresiva y las
maniobras con tropas peligrosas. Como en tiempos de la Guerra Fría, un tiro
escapado a un recluta o un accidente puede conducir a la guerra.
Lo único razonable ahora seria la moderación
de las partes o la aparición de un mediador calificado. Descontada la ONU y la
Unión Europea, que al convertirse en partes se han descalificado como tales y
ante la gestión fallida de Brasil y Turquía que lo intentaron pero Estados Unidos
los hizo fracasar, la plaza quedó vacante. Se busca un árbitro que procure un chance a la paz. Es urgente. Allá
nos vemos.
La Habana, 10 de febrero de 2012

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada