Por Lorenzo Gonzalo*
Quienes vean el
título pensarán que somos apocalípticos, pero no es así. Somos optimista con
una seguridad absoluta en el ser humano. El mundo no se destruirá, lo cual no
significa que podemos cruzarnos de brazos. Hay que actuar, pero hay sobre todo
que confiar en uno y en la humanidad.
El título no es
reflejo de lo que ocurrirá en la política estadounidense en general, sino de lo
que viene ocurriendo y de lo que ya ha ocurrido en el Partido Republicano.
Por esto quizás los
eventos electorales, que siempre son utilizados para llenar los espacios de la
media, pero que no desvían al público de sus entretenimientos habituales, en
esta Primaria están resultando un atractivo pasatiempo, motivado posiblemente
por el carácter bufo de los debates y por supuesto, por la realidad de una
problemática que ha tocado a las puertas de todos.
En este año electoral
del 2012, la Primaria del Partido Republicano parece haberse convertido en un
verdadero entretenimiento que, lamentablemente, en lugar de servir como
educación social ayuda a profundizar más la confusión acerca de los asuntos
públicos.
El país, que en
realidad está compuesto por 50 países con afinidades múltiples, entre ellas el
lenguaje, posee diferencias entre cada uno de los Estados, condicionadas no
solamente por quienes primero los poblaron sino por el proceso migratorio que
han sufrido en el devenir del tiempo.
Sin embargo, en el
juego de esta Primaria, dichos orígenes parecen tener menor significación que
en oportunidades anteriores, porque como hemos acotado en otros artículos, hay
indicios de una mayor preocupación respecto a los cambios que están sufriendo
los estadounidenses en sus respectivos modos
de vida y el peso de las creencias socio culturales y religiosas
mantienen vigencia solamente dentro de los niveles más fanáticos. Excepto el
rico y el millonario, que son aquellos con ingresos domésticos por encima de
los cien mil dólares y cuyo núcleo familiar no excede de cuatro, el resto de la
población, aproximadamente un 60%, ha sufrido grandes cambios en sus modos de
vivir. A estos dos grupos cuyos modos
de vida no han cambiado, debemos agregar al pobre de solemnidad que
continúa viviendo en la misma miseria de antes.
Con motivo de la
crisis económica comenzada a finales del año 2006 y profundizada en el 2007, se
dispararon los precios de los combustibles y por otro lado, la renta aumentó
significativamente bajo el influjo de la demanda provocada por las oleadas de
personas que, al perder sus casas por falta de pago, han creado una contracción
en el mercado de los alquileres. En poco tiempo el precio de los productos
básicos también aumentó y los seguros, especialmente los de salud, subieron
considerablemente mientras que, contradictoriamente, disminuye la calidad de
esos servicios. Para rematar la mala racha, se puso al descubierto que la deuda
individual había escalado a niveles impredecibles, condenando a la bancarrota a
un alto porcentaje de personas, con lo cual lo bancos han tenido que asumir
pérdidas millonarias, en gran parte compensadas por un pasado de intereses
leoninos que han cobrado durante años y que continúan cobrando en la
actualidad. Como ya sabemos, la compensación mayor ha provenido del erario
público que el estado ha puesto en sus manos.
La crisis ha afectado
a todos los sectores, pero en mayor medida a aquellos de ingresos medios. Si
eliminamos al 15% compuesto por pobres de solemnidad que continúa viviendo con
la misma miseria, el otro 60%, que son quienes tienen ingresos entre 35 y 85
mil dólares, enfrenta un panorama radicalmente diferente en términos de
usufructo y ventajas materiales, incluyendo la educación de sus hijos.
Esto ha facilitado
quizás el movimiento formado alrededor de los debates políticos públicos que
tienen lugar con motivo de la Primaria. En las elecciones presidenciales del
2008, vimos una participación mayor a la usual estimulada por la preocupación
ante la crisis, pero ahora parece que, ante la profundización de la
problemática, las personas están más conscientes y además no son ajenas a la
dispersión del Partido Republicano y al giro hacia la derecha del Presidente
Obama.
El debate para la
elección del candidato republicano continúa una línea menos predecible dado el
empate técnico que predicen las encuestas para la Primaria de Arizona y
Michigan, entre el aspirante conservador católico, Rick Santorum y el ex
gobernador mormón de Massachussets Mitt Romney. En las encuestas más serias
hechas el 20 y el 21 de febrero, los números se han movido ligeramente entre
uno y otro. Por ejemplo, de acuerdo a Public Policy Polling, la encuesta del
día 20 entre votantes de ambos Estados, Santorum obtuvo un 37% y Romney el 33%.
En cambio de acuerdo con CNN/Time/ORC, en su encuesta del 21 de febrero en
Arizona, Romney obtuvo 36% y Santorum 32%. O sea, aún no es claro, cual de los
dos obtendrá la mayor aprobación. De todos modos pase lo que pase en la
Primaria que se llevará conjuntamente en estos dos Estados, faltará aún la
Primaria del Super Martes el 6 de marzo, donde participarán 10 Estados en el
mismo día. Luego vendrá el resto del país.
No es por gusto que
hemos decidido hacer referencias a este evento semi deportivo electoral
estadounidense. Lo que está en juego no es que salga uno u otro en la
presidenciales de este próximo noviembre, sino la manera como se moverán las
capas teutónicas de la sociedad estadounidense, en términos de asumir un papel
más protagónico en la solución de una crisis que los afecta mayoritariamente,
inclusive a quienes no han sufrido variación alguna en su modo de vida, nos referimos al grupo
compuesto por un 10% con ingresos por encima de 150 mil dólares y al 15 %
aproximadamente de quienes devengan ingresos entre 85 mil y 110 mil dólares.
Todos ellos al final, aun cuando no han sido afectados, también dependen de una
real estabilidad macroeconómica, porque la catástrofe cuando llega, no conoce
de nombres o status.
No caben dudas que
las votaciones de estas primarias republicanas han estado condicionadas en gran
medida por asuntos religiosos más que por los motivos reales que afectan a la
población y los malos manejos que originaron la crisis.
En estos días la
caricatura de un periódico presentaba a una persona preguntándole a otra “por
cuál religión iba a votar”. Evidentemente que la prédica de los aspirantes
republicanos, fundamentada en un asunto que las personas mayoritariamente no
consideran vital para sus modos de
vida, carece de real sustentación e inclina a estas jocosidades. Los
principios religiosos no son necesariamente relativos en términos teológicos,
filosóficos o doctrinarios, pero pragmáticamente no tienen un carácter absoluto
y son relativos.
Dos creyentes de la
misma religión puede que acepten y cumplan con algunos de sus preceptos y
violen otros sin culpabilidad alguna, simplemente porque la vida les enseña que
no se trata de asuntos esenciales para su diario bregar.
El ambiente creado
por un grupo de personas que en representación de un partido político, aún
mantienen el anclaje en una época que se ha ido desvaneciendo, es quizás la
razón por la cual los debates han creado ciertas expectativas y quizás muchos
los vean además como programas humorísticos.
Este asunto de la
religión parece estar creando malestar en las grandes mayorías, porque
comprenden que son objeto de manipulación o peor aún, perciben que una minoría
les trata de imponer determinado modo de pensar.
El Presidente Obama,
que ya dispara los primeros cañonazos, preparándose para una campaña que
será muy reñida, ha tocado la esencia del tema con esa certeza de buen orador
que lo caracteriza. Refiriéndose al asunto dejó clara su opinión al respecto,
diciendo que la libertad religiosa tiene que ser respetada, pero que la religión
no puede limitar las libertades. Le faltó poco para ser más claro que el agua y
más transparente que el viento.
La religión y otros
“principios” serán seguramente un tema de campaña en las elecciones de
noviembre, pero su peso será negativo para quienes lo conviertan en bandera.
Será el comienzo de
llevar dicho tema de regreso a casa y a la majestuosidad de los templos, pero
el arroz, el vestuario, el techo, la seguridad, la estabilidad laboral, el
aumento de los ingresos proporcional al aumento de la productividad y priorizar
la casa por sobre los problemas de los vecinos inmediatos y lejanos, también es
casi seguro, que sean llevados a su vez de regreso a la calle.
* Lorenzo
Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU. y subdirector de Radio Miami

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