lunes, 19 de marzo de 2012

HUMO BLANCO EN LA FUMAROLA, HABEMUS PAPAM


       Jorge Gómez Barata 

La visita de Benedicto XVI a México y Cuba hace correr las tintas, esta vez sobre todo para difundir las virtudes de la Iglesia y de los papas, entre otras cosas porque la cortesía obliga. Se trata de un momento especial en el cual ateos y agnósticos deponen sus objeciones, cosa que favorece las reflexiones contrastadas acerca del papel de esa institución y su liderazgo en la vida social y en la cultura.

En Cuba, la visita y la  recepción que preparan las autoridades y el pueblo reforzará la avenencia y ofrece una oportunidad, no para ocultar desencuentros pasados, sino para comprenderlos desde percepciones balanceadas como las que hoy prevalecen.

Hoy se comprende mejor que el ser nacional cubano se forjó no sólo en la manigua redentora, en las luchas de liberación y en los esfuerzos por construir una sociedad más justa, sino también mediante la inculturación en la fe, el desarrollo de la lengua y la cultura hispana, la asimilación del legado africano y que los escenarios de esta forja, además de las luchas políticas fueron las universidades europeas y los colegios católicos y laicos, las experiencias del exilio en España y los Estados Unidos y el contacto con las ideas liberales, socialistas y otras.

De alguna manera en los colegios y seminarios católicos, en la universidad de San Gerónimo, en las predicas del Padre Félix Varela en las luchas contra los dogmas y la escolástica y en general en la contribución a la ilustración, se escenificaron cargas contra la ignorancia; también la acción de los laicos católicos y de los curas patriotas aportaron a la lucha contra la dictadura de Batista.

Al mirar atrás y sacar las necesarias conclusiones, es preciso no soslayar que tanto la Revolución como la Iglesia y todos los sectores de la vida nacional fueron parte de una coyuntura caracterizada por manipulaciones de una amplitud y profundidad irrepetibles, capaces de condicionar el quehacer político, no sólo nacional sino mundial.

La Guerra Fría, el anticomunismo visceral, la propaganda y el adoctrinamiento, las agresiones, el bloqueo y el aislamiento  desempeñaron un nefasto papel y precipitaron alianzas y definiciones. Es verdad que la Iglesia participó en la operación “Peter Pan, pero también lo es que sin la CIA y sin el patrocino de Estados Unidos, aquella oscura pagina jamás hubiera existido.

Cuando por medio del Concilio Vaticano II (1962-1965) y las conferencias episcopales Latinoamericanas en Puebla (1979) y en Medellín (1968), la Iglesia acogió postulados que tradicionalmente esgrimidos por la izquierda, se sintonizó mejor con las situaciones sociales y económicas reales, especialmente con la pobreza, el subdesarrollo y la opresión política en América Latina, creando premisas, no sólo para asimilar los cambios sociales sino para participar en su promoción, no como “compañera de viaje” sino como protagonista.

Por otra parte, en la medida en que la vanguardia política cubana y otras fuerzas latinoamericanas abrieron fisuras en el cerco impuesto por Estados Unidos y la OEA a Cuba, la Revolución pudo expresarse mejor y  las relaciones con la Iglesia comenzaron a adoptar un cariz diferente.

En 1971 de visita al Chile de Salvador Allende, en una coyuntura también de enormes tensiones políticas pero en un contexto balanceado por tradiciones políticas social cristianas, Fidel Castro hizo contacto con los sectores católicos, confirmando lo que ya sabía: entre los objetivos de los cristianos y de los socialistas no hay un abismo sino un camino, convicción que confirmó en Jamaica, en 1977 en el encuentro con representantes de las iglesias protestantes.

En 1986, mediante el Encuentro Nacional Eclesial Cubano que tomó como paradigma el clima y las conclusiones de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla, la Iglesia Católica cubana promovió no una acción coyuntural sino una reflexión conceptual de la cual se derivó un programa para fortalecer y reforzar su acción social e integrarse mejor a los procesos nacionales. No es casual que aquella revisión al interior de la Iglesia coincidiera con las aperturas que auguraba el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas que personalmente conducía Fidel Castro.

El resto de la historia es conocida y entre sus múltiples momentos de auspicio en los vínculos de la Iglesia Católica con la sociedad y las autoridades cubanas, se encuentran varios encuentros con dignatarios y creyentes, el libro de Fidel y La Religión escrito por Fray Betto y sobre todo el viaje del líder cubano al Vaticano en 1996 y la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en 1998 y más recientemente los pronunciamientos al respecto y los encuentros del presidente Raúl Castro con el Arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega y naturalmente la anunciada visita a Cuba de Benedicto XVI.

Los esfuerzos de orden político han sido debidamente complementados por la reforma constitucional de 1992, que puso fin al ateísmo como orientación oficial e introdujo el laicismo, lo cual junto a la decisión del Partido Comunista de admitir creyentes en sus filas, jurídicamente suprimió cualquier discriminación por motivos de fe religiosa.

Nadie ha dicho que en lo delante todo será fácil, la Revolución y la Iglesia seguirán siendo confrontadas por fuerzas que procuran erosionar la confianza y dividir, en busca de mezquinas ganancias. La reciente “toma” de varios templos en la isla y el sabotaje a la peregrinación de católicos cubanos residentes en Miami son ejemplos de las maniobras y provocaciones que pueden esperarse y ante las cuales hay que estar alerta.

En días pasados en una práctica que felizmente tiende a volverse consuetudinaria, el Cardenal Jaime Ortega, compareció ante la televisión nacional y con palabras magnificas y honestas, le dijo al pueblo quien es el Papa, por qué viene a Cuba y a qué viene: Viene en misión pastoral, tratará de reforzar la fe y conocerá al pueblo cubano. El cardenal no dijo que el Papa era una deidad pero tampoco un hombre común. No es Dios pero es el vicario de Cristo y explicó el alcance de esa formulación.

En lo que me corresponde, como militante revolucionario y ciudadano: Bienvenido sea a Cuba Benedicto XVI en su dignidad, en su persona y en su misión. Allá nos vemos.

La Habana, 19 de marzo de 2012

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