sábado, 28 de abril de 2012

EXPROPIAR A EXPROPIADORES

Jorge Gómez Barata

Estatizar toda la economía no es la solución y privatizarla tampoco: “La  verdad es mezcla”. La idea de que el sector público es una aberración o una invención del comunismo es parte del mito de la ideología liberal según el cual el éxito económico del capitalismo es fruto de la mano “invisible del mercado”. La empresa pública es ineficiente allí donde los gobiernos lo son. No es el caso de Argentina hoy. 

Como todas las grandes doctrinas, el liberalismo económico y político surgió como respuesta al orden feudal, época en que los monarcas, la nobleza, los señores feudales y la Iglesia, no sólo ejercían el poder político, sino que eran propietarios de todas las riquezas: tierra, aguas, bosques, erario público, incluso de las personas cuya fuerza de trabajo explotaban sin retribuirla. La fórmula de “dueños de vidas y haciendas” lo resume todo.

El progreso tecnológico y cultural, el crecimiento de la población, la urbanización y el desplazamiento del centro de gravedad económico del campo a la ciudad y de la agricultura a la industria hicieron obsoleta la organización feudal de la sociedad. A tales factores se sumó el talento de los ideólogos liberales, autores de excelentes formulaciones doctrinarias, verbigracia: El Recurso del Método, El Contrato Social, La Riqueza de las Naciones, La mano Invisible y El Capital de Marx donde se realizó la mejor apología de la mercancía.

No debe pasarse por alto que el transito del modo de producción feudal al capitalista se produjo como parte de una evolución más menos espontanea, cosa que no ocurrió en el ámbito del poder político donde para desplazar a la nobleza hicieron falta revoluciones como las de las 13 Colonias de Norteamericana (1776) y la de Francia (1789).        

Dueños del poder, los burgueses utilizaron al Estado para favorecer los intereses de la clase de los capitalistas, es decir los de ellos mismos. Eso explica por qué los estados surgidos de las revoluciones no sólo legislaran y adoptaron las políticas económicas, comerciales, financieras que favorecieran tales objetivos, sino que tomaron a su cargo la creación de la infraestructura material que sostuvieran tales empeños.

Bajo el expediente de “obras públicas” y con dinero público, los estados burgueses tomaron a su cargo la construcción de caminos, puertos, puentes, flotas, sistemas de comunicaciones, vías férreas y más tarde redes telegráficas y telefónicas, plantas eléctricas y líneas de distribución. La mano invisible puede haber sido el mercado pero el cerebro, el cuerpo y el corazón y sobre todo el bolsillo fueron el poder político y el Estado.  

Los países de América Latina donde esos procesos no se desarrollaron y en los cuales la independencia no llevó al poder a la burguesía sino a una oligarquía pobre y atrasada ligada más al latifundio que a la industria, que sin otra opción, entregó las riquezas naturales y los servicios públicos al capital extranjero que repatriaba sus ganancias empobreciendo a los países y privando a los estados recién surgidos de cualquier posibilidad de cumplir sus cometidos asociados al bien común.

No se trata de patriotismo o populismo, sino de un problema práctico. La  nacionalización de la tierra vía reforma agraria y la constitución del sector público de las economías fue la única opción de los estados nacionalistas interesados en el progreso de las mayorías. ¿De dónde sino de las riquezas nacionales podrían salir los recursos para el crecimiento y el desarrollo?  

Europa nunca confrontó ese problema porque jamás fue colonia y Estados Unidos lo resolvió como mismo lo hicieron los demás sólo que en lugar de expropiar a capitalistas y oligarcas, se apoderó de una sola vez de todo un continente, lo negoció con sus elites y sus ciudadanos que con sus esfuerzos, al amparo de políticas imperiales y con el aporte de 10 millones de esclavos durante trescientos años lo hicieron  producir.

Un día les contaré como se repartieron en América las tierras y como se otorgaron las concesiones mineras. Al lado de la orgia expropiadora y del expansionismo de los Estados Unidos la nacionalización del petróleo en México y Argentina son anécdotas más o menos triviales. Allá nos vemos.

La Habana, 28 de abril de 2012

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