viernes, 18 de mayo de 2012

FRANCIA: ¿LOCOMOTORA EUROPEA?

Jorge Gómez Barata
Durante años hemos escuchado que por su desempeño, el tamaño de su economía y el nivel de vida de su población, Alemania era una especie de “locomotora europea”. Al ser tomada al pie de la letra, la metáfora condujo a una percepción errónea. La economía significa mucho pero no lo es todo. La política reclama su espacio. Es así como funciona.
A diferencia de países atrasados de Europa Occidental como España, Grecia, Portugal, Alemania no necesitó “construir una economía” sino que reconstruyó y modernizó la que había sido destruida por la guerra, que si bien redujo a escombros a las fábricas y la infraestructura, no socavó la cultura y la tradición industrial.
En aquel proceso, Alemania reedificó también su sistema político que la llevó a reorientar la sociedad a partir de una combinación de: democracia liberal, economía social de mercado y multiculturalismo.
El sector de la izquierda liderado por la Unión Soviética que no concedía al capitalismo la posibilidad de reciclarse, consideró que se trataba de una farsa y que el verdadero estado de bienestar se construía más al este, en la URSS y en los países de Europa Oriental. La apuesta no resistió la prueba del tiempo.
Precisamente debido a la existencia de la Unión Soviética y a los atractivos que entonces ejercía sobre sectores de la clase obrera y la intelectualidad de izquierda Europa, a diferencia de lo ocurrido en la Primera Guerra Mundial, Alemania no pagó reparaciones de guerra ni deudas, permitiéndosele restablecer su potencial económico y militar sin incurrir en erogaciones.
Al desarrollo político de Alemania a partir de la invasión napoleónica que forzó la unidad nacional, la unión aduanera de Zollverein y el desarrollo de la socialdemocracia, la democracia cristiana y el partido comunista en los siglos XIX y XX, se sumó la experiencia nazi, que hizo a las elites alemanas del centro y la izquierda socialdemócrata y social cristiana aproximarse a enfoques políticos próximos al reformismo.
Así nació la concepción de la economía social de mercado impulsada por Konrad Adenauer (centroizquierda católica) y sobre   todo por su ministro de economía, Ludwig Erhard (demócrata cristiano)
El experimento integró elementos del reformismo socialdemócrata y de la Doctrina Social de la Iglesia con el liberalismo económico ortodoxo y el tradicional autoritarismo alemán que concede amplia participación al Estado, dando lugar a un modelo económico eficiente y con mínimos de justicia social  que condujo al “estado de bienestar” que fue una conquista de los pueblos europeos que, de alguna manera los aproximó el socialismo.
Ese y no otro fue el proceso que pasando por varias etapas dio lugar a la Unión Europea, otra conquista de las masas del Viejo Continente que debió permitir enfrentar el “desafío americano”.
No obstante a la enorme influencia de los partidos comunistas, socialistas, socialdemócratas y socialcristianos europeos, el anticomunismo y la reacción visceral ante la Unión Soviética que condujeron a la Guerra Fría, no permitieron a la izquierda consolidar sus posiciones que décadas después fueron retomadas por la derecha neoliberal.
El triunfo socialdemócrata en Francia y los avances de esas fuerzas en Alemania, tal vez indican que la relación de fuerzas política ha comenzado a cambiar. Luego les cuento lo que estimo puede ocurrir. Allá nos vemos.
La Habana, 18 de mayo de 2012

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