martes, 26 de junio de 2012

PARAGUAY: EL ESLABON MÁS DEBIL

Jorge Gómez Barata
"Urgimos a los paraguayos a actuar pacíficamente, con calma y responsabilidad, en el espíritu de los principios democráticos paraguayos". 
La cita que igual pudiera atribuirse a un extraterrestre pertenece a Darla Jordan, portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos quien no reparó en que la palabra democracia no puede ligarse con ningún gentilicio latinoamericano. No hay una democracia paraguaya como no la hay boliviana, venezolana ni ecuatoriana. Los déficits se asocian a la historia y explican los constantes apremios golpistas. De premiarse las carencias, nadie competiría con Paraguay.    
Paraguay proclamó su independencia en 1811. Desde entonces han transcurrido 201 años. De ellos los tres primeros gobernantes: Francia y los López consumieron 52 y el penúltimo dictador Alfredo Stroessner 35, en total 87. Los restantes 114 se dividieron entre 44 mandatarios de los cuales 23 gobernaron un año o menos, seis lo hicieron por dos años y tres por igual cantidad. El resto estuvieron entre cuatro y cinco años o superaron el período. Fernando Lugo añade su nombre a los depuestos y a la condición de ex obispo suma prematuramente la de ex presidente. 
En América Latina el espacio que debían ocupar las instituciones y las prácticas democráticas ha sido llenado por el desempeño torpe y egoísta de  una oligarquía sostenida por la triada de las fuerzas sociales retrogradas: los terratenientes, los militares y el clero que fueron por siglos los tres grandes partidos políticos. A estos elementos se sumaron los sátrapas sobrevivientes de las guerras por la independencia que usurparon el lugar de los próceres y más tarde los burgueses que aunque nativos nunca fueron nacionales. 
A todo ello se suma que el carácter tardío de las luchas emancipadoras desplegadas cuando ya en Europa se consolidaba el capitalismo liberal y los Estados Unidos asumían el control de la región cosa expresada en la Doctrina Monroe (1823), lo cual permitió el desembarco del capital extranjero que sobornó a la oligarquía nativa y protagonizó una segunda conquista.
Entre los elementos característicos de la situación y las tareas políticas de las vanguardias latinoamericanas, además de la reivindicación de la soberanía nacional y el rescate de los recursos naturales, problemas que ningún país desarrollado confronta, figura la debilidad o la ausencia de instituciones que actuando como elementos reguladores del sistema político sean capaces de contener los excesos en que la oligarquía sometida al capital extranjero está dispuesta a incurrir en la defensa de sus privilegios.
Mientras no se afirmen las instituciones y la legalidad, se consoliden las conquistas sociales y políticas y la inclusión social sea un hecho, los avances políticos serán precarios y estarán permanentemente amenazados. En Paraguay la democracia no es una ficción ahora, sino que lo ha sido siempre.
Lo diferente ahora es la reacción de los gobiernos sudamericanos que con matices están confrontando el golpe de estado que abortó la única esperanza de las masas paraguayas en doscientos años. No hace falta advertir que el imperio ha clavado una pica en Flandes y cerrará filas con los golpistas como hace poco lo hizo en Honduras.
El objetivo es dividir y debilitar el proceso latinoamericano en su conjunto. Una cadena es tan fuerte como lo es su eslabón más débil. La batalla por restablecer la democracia en Paraguay es vital para todo el Continente y recién comienza, será dura y habrá bajas.   
Entre las interrogantes del actual proceso de cambio en América Latina y del cual hasta la víspera Paraguay y Fernando Lugo formaban parte es si el desarrollo de bases jurídicas y la promoción de genuinas instituciones democráticas es en América Latina una etapa vencida o “quemada” o una asignatura pendiente. Las respuestas indican el perfil, los ritmos, el alcance y otras peculiaridades de las luchas actuales. Allá nos vemos.
La Habana, 26 de junio de 2012
 

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