domingo, 17 de febrero de 2013

CUBA: OTROS NUDOS QUE DESATAR

Jorge Gómez Barata

El presidente Raúl Castro es exacto al enunciar que existen nudos, trabas y retrancas que obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas. La mala noticia es que fenómenos análogos impiden que otras potencialidades sociales se expresen. El error de creer que todos los procesos sociales pueden y deben ser administrados desde un centro que los planifica, conduce, evalúa y distribuye está presente en todos los ámbitos de la sociedad, especialmente en la cuestión de “los cuadros”.

Comparado con lo erróneo de las doctrinas y políticas económicas aplicadas en los países ex socialistas y en Unión Soviética, el fracaso de la llamada política de cuadros fue más evidente y desastroso. En aquellas latitudes la política de cuadros no fracasó porque fuera deficiente el sistema político sino al revés: el sistema político fue inviable por el modo como construyó sus liderazgos. De hecho no se trata de una consecuencia sino la causa de muchos males, probablemente de todos.

Tal vez la mayor carencia y el problema estructural de más envergadura fue la incapacidad del sistema político establecido en los países socialistas para producir sus propios operadores, sobre todo después que los fundadores y forjadores, por una otra razón, dejaron la escena. De lo que se trata es de la vigencia de criterios profundamente erróneos según los cuales corresponde a los círculos de poder identificar, seleccionar, entrenar, promover y evaluar a las personas que en todas las esferas y actividades son aptas para desempeñar funciones de dirección. Ese criterio originó las llamadas nomenclaturas.

De ese modo, los órganos dirigentes del Partido y del Estado, capaces de producir funcionarios pero no auténticos líderes, asumen funciones que conciernen a la sociedad y al pueblo que son quienes deben identificar y encumbrar, controlar, promover y en caso necesario, deponer a sus dirigentes con arreglo a prácticas reguladas por constituciones y leyes.

El hecho de que no obstante el colosal esfuerzo educacional y un extraordinario activismo político, el socialismo no haya podido contar en los momentos y lugares en los que se les necesitó con personalidades capaces de conducir los procesos políticos, diseñar los sistemas y hacerlos funcionar no es un defecto accesorio sino el problema de los problemas.

Es probable que en Cuba, en el ámbito político y en los criterios respecto a cómo se radican los líderes y los directivos, se necesite hacer algo parecido a lo que se promueve en la economía: desatar nudos, abrir llaves y remover obstáculos para que los reguladores sociales, se desplieguen y cumplan sus cometidos. Tal vez la política de cuadros no sea la solución sino el problema. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de febrero de 2013

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