jueves, 16 de mayo de 2013

CUBA: AMIGOS Y SOCIOS

Jorge Gómez Barata

Al parecer Cuba tiene más amigos que socios. Si bien cada año en Naciones Unidas, alrededor de 200 países desafían a Estados Unidos y condenan el bloqueo a la isla, tal respaldo político no se traduce en un flujo de inversiones respecto a la isla. Aunque se conceden algunos créditos gubernamentales, apenas hay en Cuba empresas extranjeras y no se conoce ninguna vinculada al mercado interno.

Recientemente el periódico Granma informó que en 2012 se impuso un record de inversión extranjera directa (IED) en América Latina: 173 mil 361 millones dólares de los cuales pocos recalaron en Cuba cosa que puede ser atribuida a los efectos del bloqueo de Estados Unidos, a que la Isla no es atractiva para la inversión extranjera y a que la doctrina económica vigente no favorece las operaciones del capital foráneo.

Aunque el bloqueo económico norteamericano cuyas implicaciones son extraterritoriales ejerce enorme influencia, es posible que también estén presentes peculiaridades del modelo económico cubano que no facilitan la inserción ventajosa del capital foráneo y es probable que la intensidad de la gestión y las habilidades de los operadores políticos nativos para captar inversionistas no se equipare a la capacidad para generar apoyo a las causas políticas.

Al respecto posiblemente la opinión pública no haya reparado en el  significado de una escueta referencia a una reunión del Consejo de Ministros el pasado mes de marzo, en la cual se informó de la restructuración y definición de funciones del Ministerios de Relaciones Exteriores que presuntamente vincularía a este organismo al esfuerzo económico internacional, generando lo que pudiera ser una “diplomacia económica”.

El hecho de que en las áreas donde se ha actuado con definiciones estratégicas claras, visión, coherencia y agresividad, verbigracia: prospección petrolera,  turismo y biotecnología se hayan obtenido éxitos indica la relevancia de las políticas y las gestiones para conseguir resultados.

No obstante no haber obtenido éxito en la perforación en aguas del Golfo de México, la experiencia obtenida al ofertar a la firma venezolana PDVSA capacidades e infraestructura cubana para la refinación, almacenamiento y distribución de crudo, evidencia que existen opciones a explorar con otras entidades.

Es posible que se necesiten precisiones políticas y que incluso sea prudente meditar sobre las objeciones respecto al mercado interno y redefinir las posiciones respecto a determinadas actividades, entre ellas la producción de etanol a partir de la caña de azúcar que pueden ser atractivas para el capital extranjero y en las cuales el país puede resultar competitivo. Tampoco hay que desaprovechar las ventajas que representa la disponibilidad de fuerza de trabajo y capital humano abundante, calificado y barato. 

Tal vez actuando con pragmatismo, Cuba debería dejar que los obstáculos los pusieran sus adversarios mientras ella aporta las facilidades. Cuando las políticas no producen resultados hay que cambiarlas. La audacia implica riesgos pero no asumirlos asegura la ruina. Allá nos vemos.

La Habana, 16 de mayo de 2013

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