jueves, 24 de octubre de 2013

EN CUBA: FIN DE LA DUALIDAD MONETARIA (I), CUENTA REGRESIVA

Jorge Gómez Barata

Todas las utopías sociales han denostado al dinero que, odiado o adorado, es un producto del proceso civilizatorio y un exponente de la cultura universal, tan legítima como la aritmética, la ley o el Estado. El dinero es excepcionalmente plástico y junto con propiedades mágicas como medida del valor, medio de cambio y otras, simboliza las diferencias sociales, los límites entre la riqueza y la pobreza y, del mismo modo que es herramienta del progreso, también puede ser fuente de envilecimiento.

Aunque como otros elementos de la cultura, por ejemplo el mercado, la democracia o la fe, que surgieron en etapas históricas remotas, el dinero alcanza su realización plena en fases avanzadas relativamente recientes, principalmente en el capitalismo cuando se constituye en piedra angular del   sistema y base de las finanzas mundiales.

EL DINERO EN CUBA

Aunque a Cuba le falta dinero, le sobran monedas de las que posee dos creando una dualidad devenida obstáculo. Ante el dilema de esperar a que las reformas reactiven la economía para eliminar la dualidad o suprimir la doble moneda para impulsar la economía, el presidente Raúl Castro, opta por tratar de desmontar el entuerto sin desatar los demonios del caos financiero.

El dinero llegó a Cuba con los conquistadores. Existen piezas de cobre fechadas en 1741 en Santiago de Cuba. Los primeros “pesos cubanos” se emitieron por el Banco Español de la Isla de Cuba y alrededor de 1820 se introdujeron las pesetas españolas llamadas “sevillanas” que durante 20 años prevalecieron en el mercado. En 1898, con la ocupación norteamericana se impuso el dólar; situación prolongada hasta 1914 cuando se acuñaron las primeras monedas cubanas. En 1948 se fundó el Banco Nacional de Cuba, entidad estatal a cargo de la emisión de la moneda.

A lo largo de la República (1902-1959) las finanzas cubanas estuvieron vinculadas a las divisas adquiridas por las exportaciones, principalmente de azúcar, sobre todo a Estados Unidos, por las inversiones privadas estadounidense en la isla y por los empréstitos norteamericanos a Cuba que, por medio de las políticas fiscales, arancelarias y otras proporcionaban los ingresos con los cuales los gobiernos creaban reservas para respaldar la emisión de dinero y asumir las obligaciones públicas.
 
Con el triunfo de la Revolución, la estatización de la economía, la nacionalización de la banca, los seguros y las instituciones financieras y la introducción de estilos de vida socialista caracterizados por políticas sociales, laborales y de asistencia social y subsidios, mediante las cuales el Estado, asumió la financiación del grueso de los gastos de la ciudadanía.

En ese esquema basado en la lógica del “estado benefactor”, el dinero, el crédito, el ahorro y los impuestos perdieron prioridad; incluso se cuestionó la ley del valor y el papel de los incentivos económicos. A ello contribuyó el establecimiento de relaciones económicas y comerciales justas con la Unión Soviética que también prestó una asistencia decisiva con voluminosas líneas de créditos, incluso con el suministro gratuito de importantes rubros, como fueron las armas para la defensa de las conquistas populares.

La crisis que condujo al fin de la Unión Soviética y el socialismo real en su conjunto, obligaron a Cuba a improvisar estrategias de supervivencia que resultaron circunstancialmente exitosas porque evitaron el colapso pero que, a la larga son fallidas porque dificultan la actualización del modelo económico y estorban el desarrollo y el crecimiento económico en escenarios en los cuales algunas categorías económicas recuperan su vigencia, entre ellas el mercado, el crédito, los impuestos y la economía no estatal.

Entre aquellas medidas estuvo la dualidad monetaria, para cuyo fin ha comenzado la cuenta regresiva. El proceso no será fácil y los costos sociales pueden resultar altos. Luego les cuento. Allá nos vemos.

La Habana, 24 de octubre de 2013

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