sábado, 9 de noviembre de 2013

KENNEDY: EL PRESIDENTE Y LA CRISIS

Jorge Gómez Barata 

El 14 de octubre de 1962, en una acción tan impune como rutinaria e ilegítima, un avión U-2, de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a 15, 000 metros de altura y 700 millas por hora fotografió el  territorio cubano. Esa vez, lo diferente fue que filmó el proceso de construcción de rampas coheteriles soviéticas para misiles de alcance medio capaces de portar armas nucleares. Cuando las fotos y otros datos aterrizaron en la mesa del presidente Kennedy, comenzó la Crisis de los Misiles.

La idea de emplazar armas nucleares en Cuba fue del líder soviético Nikita Jruschov, quien en mayo de 1962 formalizó la propuesta. Fidel Castro ha enfatizado que, aunque no simpatizó con la idea, accedió por solidaridad y porque se trataba de una necesidad estratégica del campo socialista. Según su punto de vista de entonces, tratándose de un acto soberano y legítimo, debía realizarse de modo transparente, idea que no fue compartida por la parte soviética que prefirió el secreto. 

Para manejar la crisis Kennedy creó un comité que inmediatamente se dividió entre los halcones que favorecían el bombardeo a las instalaciones y la invasión a Cuba o ambas cosas. Mientras el presidente y algunos colaboradores  adoptaron posiciones más pragmáticas, sensatas y moderadas.

Un bombardeo no aseguraba que las rampas fueran destruidas pues ni siquiera estaban seguros de haberlas detectado todas, existía la posibilidad de que los misiles fueran usados precipitando la guerra y, un ataque aéreo ocasionaría la muerta de miles de militares soviéticos, cosa que obligaría a los rusos a reaccionar contra alguna de las bases norteamericanas en Europa, Berlín, incluso atacando a los propios Estados Unidos.

La opción de un desembarco naval en Cuba y el intento de ocupar la Isla perdió atractivo por el alto número de bajas norteamericanas que ocasionaría. Todo ello aconsejó optar por el bloqueo naval para ganar tiempo, impedir la llegada de nuevos armamentos y ejercer presión sobre la URSS.

En los 13 días que duró la Crisis, Kennedy asumió tres tareas básicas: (1) presionar y negociar con Moscú. (2) contener los aprestos guerristas de los halcones que integraban su equipo y (3) fiscalizar las medidas para actuar en los escenarios militares probables que, además de a Cuba, implicaban al territorio de Estados Unidos, la Unión Soviética y Europa. Las fuerzas armadas de las superpotencias fueron puestas en máxima alerta. Nunca antes ni después la guerra nuclear estuvo tan cerca. 

El bloqueo a la isla por una barrera de buques de guerra impedía la entrada de nuevo material militar a Cuba, ello unido a la presión diplomática y la oferta de alguna compensación por la retirada del armamento nuclear de Cuba fueron las opciones adoptadas por Kennedy, y a ellas dedicó sus mayores esfuerzos y los de sus colaboradores.

Mientras los buques de guerra norteamericanos se desplegaban, la aviación y las tropas de desembarco se alistaban; en Washington y Nueva York los enviados del presidente presionaron al máximo a los representantes  soviéticos, deslizando la propuesta de desmantelar los cohetes norteamericanos emplazados en Turquía a cambio de los dislocados en Cuba; a lo cual se añadió una vaga promesa de no invadir a Isla, alternativa que finalmente fue aceptada por el Kremlin.

De ese modo tras 13 días en que el mundo estuvo al borde la guerra nuclear la crisis fue desactivada, la Unión Soviética retiró el armamento sin haber logrado para Cuba conquistas equiparables a los riesgos corridos: el bloqueo económico, las amenazas de agresión, la base naval de Guantánamo y la política agresiva persistieron y Jruschov no pudo proclamar éxito alguno.

La propaganda magnificó el modo como Kennedy gestionó la crisis aunque no pudo disfrutar del éxito que se le atribuyó porque otras fuerzas, por razones que nada tuvieron que ver con la paz y la seguridad mundial, acabaron con su vida el 22 de noviembre de 1963 convirtiéndolo  en un mito y en una oportunidad perdida para Estados Unidos. Allá nos vemos.


La Habana, 09 de noviembre de 2013

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