lunes, 30 de diciembre de 2013

DEMOCRACIA, TRANSPARENCIA E INTELECTUALIDAD REVOLUCIONARIA

ESTEBAN MORALES

UNEAC

No todos los intelectuales revolucionarios de este país, podemos estar presentes en las comisiones  y órganos que el gobierno revolucionario crea para analizar los problemas. Pero si todos tenemos el  derecho a  someter al análisis crítico, todas  las medidas que se adopten en cualquier sector de la vida nacional.

Luego, el resto de la intelectualidad revolucionaria, que no ocupa escaño en el Comité Central del Partido, en  la Asamblea Nacional del Poder Popular, en  las direcciones  del gobierno, el estado y el partido,  a todos los niveles del País,  pueden  actuar  y comportarse como una  complementariedad, de esas  fuerzas, pudiéndosele    considerándosele como una extensión de las que ocupan   posiciones  oficiales.

La Revolución es de todos los revolucionarios, no solo  del Partido, del Gobierno ni del estado;  es de todo el que se sienta cubano,   revolucionario y quiera hacer su modesto aporte para que el País avance.

Unos tendrán la posibilidad de escribir, haciendo pública sus opiniones o enviándolas a las instancias que consideren  oportuno. Otros, desde sus organizaciones en  la sociedad civil, podrán trasmitir sus  valoraciones  para que lleguen a las instancias que  están obligadas a  tomarlas en consideración.

Para ello,  es necesaria la mayor democracia,  a nivel de todas las organizaciones, comenzando por el Partido, hasta los dispositivos gubernamentales y todas las instituciones que  forman el estado y gobierno  de la nación. Junto a los indudables ajustes y cambios  por que debe atravesar nuestra Constitución  hacia un futuro  o lejano.

Lo contrario a una política como la que hemos esbozado,  equivaldría a  generar el quietismo, la espera por las orientaciones de arriba, el desinterés,  el des comprometimiento y el elitismo de los dispositivos de dirección.

 Se trata de que todos tengamos derecho a participar en el proceso de formulación y ejecución de las políticas  y  en  su  vigilancia y fiscalización para que estas funcionen, se cumplan   y sufran los ajustes que puedan  resultar necesarios. Porque en realidad,  dentro de una sociedad que pretenda ser moderna, no hay mejor política que aquella  que desde su propio proceso de formulación, ya se debe pensar en los ajustes que hacia el futuro debe tener.

Para ello, nuestra prensa nacional, deberá desempeñar un papel fundamental,  garantizando  la transparencia al informar sobre la marcha del país,  excluyendo solo  todo aquello que  comprometa la discreción y el secreto respecto a las cuestiones de la seguridad nacional. Lamentablemente, nuestra prensa se comporta   aun  de modo un poco elitista, brindando muy pocas oportunidades a la crítica (honesta y revolucionaria), que no sale de sus propios aparatos.

Una prensa así, no garantiza la participación ciudadana, provoca el descontento, la desatención y la ausencia de compromiso con los procesos sociales.

Solo de tal  modo, se logra el compromiso  con las medidas de todo tipo que el país adopta  para llevar adelante las políticas  de restructuración y perfeccionamiento del nuevo modelo económico. Se trata del aspecto político del proceso que deseamos llevar adelante.

El trabajo por construir un nuevo Modelo Económico,  tiene que encontrar su reflejo en el Modelo Político que lo sustente  y lo  haga  avanzar.

Escuchamos mucho hablar de ese nuevo Modelo Económico, pero de ahí solo  se pasa a arengar a las masas para que se incorporen a la tarea. Y el asunto  no  es  de simples arengas a la disciplina, al incremento de la productividad, a trabajar más y mejor. Todo ello concluye en ciertos  discursos  políticos, que resultan  vacíos, si los aspectos políticos que deben acompañar al modelo, no toman cuerpo en un sistema político que les de coherencia. Y esa coherencia solo se lograr reaccionando con un modelo político, democrático, participativo, critico, que garantice la participación organizada, primero,  de los trabajadores, en cualquier sector en que estos se encuentre, que les de la libertad de participar con sus iniciativas, sin que nadie los frene en el ejercicio del derecho que les  corresponde,  a criticar, sugerir y sentirse parte del proceso de construcción que se lleva adelante. Único  modo en  que puede garantizar  que los errores sean menos, que los aciertos sean más y que el compromiso por ambos sea compartido.

Si realmente confiamos en  que la verdadera inteligencia, en que la fuerza real   para  llevar adelante cualquier proceso,  está en las masas, el gobierno de tales  procesos, tiene que ser colectivo.

En particular, la intelectualidad revolucionaria, está llamada a desempeñar un papel fundamental. En el esclarecimiento, la conducción de las masas, en  la corrección del rumbo. Todos los grandes conductores revolucionarios, como Marx, Engels, Lenin, Fidel, Ho chi Min,  Mandela y otros, fueron intelectuales. Luego negar a la intelectualidad revolucionaria, es menospreciar el pensamiento que nutre a la revolución. Porque sin teoría revolucionaria no hay practica revolucionaria. Y  la verdadera teoría revolucionaria sale de las masas organizadas. En cuya conducción,  la intelectualidad revolucionaria, desempeña un papel ineludible.

La Habana, 30 de diciembre de 2013

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