viernes, 14 de febrero de 2014

GEOPOLITICA EN EL GOLFO Y EN EL ITSMO

Jorge Gómez Barata

El canal de Panamá, que beneficia al comercio mundial e integra el  Caribe y el golfo de México a la economía planetaria, forma parte de la expansión territorial de los Estados Unidos y es un eslabón de sus tempranos esfuerzos por construir una hegemonía mundial, en lo cual, para bien y para mal, Cuba era y es una pieza de la cual sería ventajoso no prescindir.

Al explicar en clases la génesis del diferendo entre Estados Unidos y Cuba, recorría sobre el mapa el proceso de expansión territorial del estado norteamericano. Un país del Nuevo Mundo, única potencia que fue colonia, no se interesó por obtener territorios en África y Asia y que, no obstante, en un siglo pasó de dos a nueve millones de kilómetros cuadrados.

Al obtener Florida, Luisiana y Texas, Estados Unidos salió al mar y tuvo frente a Cuba, posición vital para proteger y explotar el Golfo de México y el istmo de Panamá que unía los dos océanos más grandes del planeta. Era fácil probar que, desde el centro de Cuba, hacía el este, sin ningún obstáculo se puede trazar una línea recta hasta Maine, incluso hasta Terranova y hacía el oeste abarcar todo el territorio ribereño con el golfo.   

En la época de marras, Cuba no solo era la porción de tierra más importante en la frontera sur de los Estados Unidos, sino un emporio económico que, a pesar de las restricciones de España, servía como eje de una de las primeras cadenas productivas mundiales: el comercio triangular, un encaje según el cual: con mano de obra africana (esclavos) se producía en Cuba (también en Las Antillas y Brasil) el azúcar, el café, los tabacos y el ron por los cuales europeos y norteamericanos pagaban altísimos precios.  

El 15 de febrero de 1898 ─contaba a los jóvenes─ estalló en La Habana el acorazado USS Maine; el 25 del propio mes, la armada estadounidense despachó a la isla el USS Oregón que desde San Francisco navegó hacía el sur, cruzó al Atlántico por la Antártida, bordeó Sudamérica, entró al Caribe y se posesionó frente a Santiago de Cuba. La travesía fue de más de 20 000 kilómetros en casi dos meses. De haber existido el canal de Panamá hubieran sido 7 000 kilómetros y unos 15 días y desde Guantánamo: una jornada.

No hay que ser excesivamente suspicaces, tampoco ingenuos. El Pacifico es hoy el asiento de grandes y dinámicas economías mundiales (China, Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán, Singapur) y otras que conectadas con el mercado norteamericano y los países sudamericanos ribereños, constituyen el espacio geopolítico más decisivo, razón por la cual Estados Unidos lo ha definido como su prioridad estratégica.

Tal vez no muchos se hayan reparado en que, cuando en 2015 se instale el tercer juego de esclusas y el canal de Panamá permita el paso de los buques Postpamanax, que pueden desplazar hasta 130 toneladas, medir 400 metros de eslora; también podrán cruzar los portaaviones, los destructores y, a profundidad de periscopio, los grandes submarinos.

No es una novedad. Durante la II Guerra Mundial, en el involucramiento de Estados Unidos en la lucha contra Japón en el Pacifico, el canal fue utilizado para el paso de sus acorazados desde el Atlántico; incluso en 1944, cuando la Unión Soviética formaba parte de los aliados, cuatro de sus submarinos que fueron reparados en astilleros norteamericanos cruzaron por el canal y se internaron en  el océano Pacifico.

Ajenas a los dilemas ideológicos, los accidentes geográficos que facilitan las comunicaciones, el comercio y la formación de cadenas productivas, funcionan mejor cuando son asistidas por la colaboración, los negocios mutuamente ventajosos y el respeto reciproco. La conexión de Asia-Pacifico con América del Norte y del Sur, vía Mar Caribe, golfo de México y canal de Panamá es una evidencia de la viabilidad de a colaboración y la discriminación a Cuba una abusiva anomalía. Cooperar es preferible a excluir. Allá nos vemos.

La Habana, 14 de febrero de 2014

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