lunes, 3 de marzo de 2014

Pedro Jorge Vera en mis recuerdos

Por Pedro Martínez Pírez

Este 5 de marzo, cuando se cumplen quince años del fallecimiento del poeta, dramaturgo, novelista, profesor y periodista Pedro Jorge Vera, vienen a mi mente muchos recuerdos de este entrañable amigo a quien conocí en Quito a mediados de 1960, cuando llegué a la capital ecuatoriana para incorporarme a la misión diplomática encabezada por el Embajador Mariano Rodríguez Solveira.

Dos meses antes de su fallecimiento en Ecuador, Pedro Jorge estuvo en Cuba para celebrar junto a sus compatriotas y amigos Oswaldo Guayasamín y Jorge Enrique Adoum, el cuarenta aniversario de la Revolución. Los tres notables intelectuales ecuatorianos asistieron  al Taller Cultura y Revolución, convocado por el Ministerio cubano de Cultura y la Casa de las Américas, y desarrollado los días 4 y 5 de enero de 1999 en la ciudad de Santiago de Cuba.

Cinco días después de la muerte de Pedro Jorge Vera, falleció el gran pintor Oswaldo Guayasamín. Fueron días muy tristes para mí. A los dos los entrevisté en La Habana antes de su retorno a Quito, y Pedro Jorge me entregó copia de su intervención en Santiago de Cuba, que él tituló “Cuarenta años contra viento y marea”.

En ese texto relativamente breve recordó Pedro Jorge sus dos primeras visitas a Cuba en enero de 1959, y un año después, cuando tuvo “la dicha de conocer personalmente al Comandante Ernesto Che Guevara, prototipo del latinoamericano noble y auténtico”.

Pedro Jorge siempre recordaba que fue tan grande el impacto de aquella conversación de varias horas con el Ché en La Habana, que tan pronto regresó al hotel donde se alojaba, ya de madrugada, escribió unos versos que tituló “Ché de América”, los cuales fueron musicalizados años después por el grupo ecuatoriano “Pueblo Nuevo”.

             CHE DE AMÉRICA

   Solo vino del Plata, caminante
   endurecido por el luto humano.
   Solo tomó en la palma de la mano
   el sur y el norte del dolor errante.

   Solo contempló al indio agonizante
   en la pradera y en el altiplano.
   Solo siguió la ruta del banano
   que la Yunai convierte en flor sangrante.

   Solo llegó a la playa mexicana
   donde Fidel labraba la mañana
   para vestir a Cuba, desnudada.

   Y ya no estuvo solo. Verde olivo,
   miliciano incansable, fuego vivo,
   Che de América oscura, despertada.

Pedro Jorge Vera fue, desde la revista “Mañana”, que él dirigía en mis tiempos como diplomático en Ecuador, uno de los periodistas y escritores ecuatorianos que mantuvo siempre su incondicional solidaridad con la Revolución Cubana.

Y cuando en 1963 llegó en calidad de exiliado a Santiago de Chile, donde yo cumplía mi segunda misión diplomática, lo acompañé en los tristes momentos del fallecimiento de la madre de sus primeros hijos, y del reencuentro con su segunda esposa, la escritora Eugenia Viteri.

Escribí desde la capital chilena al canciller cubano, Raúl Roa García, pidiendo apoyo para que el escritor y periodista Pedro Jorge Vera pudiera viajar a Cuba y trabajar en La Habana, y como él cuenta en sus memorias publicadas en 1993, tituladas “Gracias a la vida”, los tres años de exilio en Cuba fueron los más felices de su vida.

Laboró como periodista en el periódico “El Mundo”, y como escritor escribió varias monografías en la Casa de las Américas. En sus memorias él me menciona en varias ocasiones, y en una de ellas ofrece su versión sobre la ayuda que le brindé para hacer posible su retorno al Ecuador.

A lo largo de los años estuve muchas veces con Pedro Jorge Vera, en su casa de Quito, o en La Habana. Me obsequió sus novelas “Los Animales puros” y “El pueblo soy yo”, su libro de cuentos “Luto eterno”,  y sus memorias. Y siempre me confiaba sus preocupaciones más íntimas sobre el acontecer ecuatoriano o cubano y sus permanentes deseos de venir a Cuba como integrante del jurado del Premio Literario de la Casa de las Américas o mediante cualquier otro pretexto. Amaba profundamente a Cuba y le gustaba mucho la ciudad de La Habana, y cuando lograba volver me pedía siempre visitar algunos sitios, uno de ellos el restaurante "Monseñor", porque allí había estado en muchas ocasiones para escuchar a Bola de Nieve y Teresita Fernández.

Yo tuve el privilegio de estar en el acto celebrado en la sede de la CIESPAL, en Quito, cuando en junio de 1994 le celebraron a Pedro Jorge su ochenta cumpleaños. Recuerdo las palabras del doctor Asdrúbal de la Torre, entonces máximo dirigente de la CIESPAL, y del escritor Raúl Pérez Torres, actual Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, y quien ha reconocido que, por sus valiosos consejos, Pedro Jorge Vera fue siempre como un padre para él.

Y como un segundo padre fue Pedro Jorge para su sobrino, el arquitecto Alfredo Vera Arrata, esposo de Saskia, la hija mayor del pintor Oswaldo Guayasamín, quien desde hace muchos años es el director de Relaciones Internacionales de la Fundación creada por el Pintor de Iberoamérica, y fue Ministro durante los gobiernos de los presidentes Rodrigo Borja y Rafael Correa.  Vera, a quien sus amigos siempre lo llamamos Cachito, me confesó siempre su enorme cariño y admiración por su tío, con quien compartía ideales revolucionarios desde la juventud y también andanzas periodísticas. 

Pedro Jorge Vera es un personaje inolvidable para mí. Lo acompañé en La Habana cuando le fue entregada la orden “Felix Elmuza”, la máxima distinción que otorga el Consejo cubano de Estado a  solicitud de la Unión de Periodistas de Cuba. Compartí su alegría cuando en 1991 le fue otorgado el Premio Nacional Eugenio Espejo, y cuando en marzo de 1995, el embajador cubano en Ecuador, René Castro Marchante, le entregó en Quito, en la sede del Centro Cultural Benjamín Carrión, la Orden Félix Varela, la más alta distinción que confiere el Consejo de Estado de Cuba a personalidades de la Cultura, la Ciencia y las Artes.

Siempre que viajo a Quito después del fallecimiento de Pedro Jorge, voy al edificio "El Quijote" para recordar a mi entrañable amigo con la escritora Eugenia Viteri, su compañera de tantos años. Allí están las fotos de ambos con Fidel Castro, y el rinconcito donde solíamos tomarnos juntos un ron, o un vodka, y el cenicero donde él colocaba su pipa.

Y este año volveremos a recordar a Pedro Jorge Vera en el mes de junio,  cuando se cumplirá el centenario de su nacimiento en la ciudad de Guayaquil que él tanto amaba. Y difundiremos en su voz su soneto al Che por las ondas internacionales de Radio Habana Cuba, emisora que  tantas veces él escucho en las alturas de la capital ecuatoriana.

 Y si Pedro Jorge viviera este cinco de marzo, cuando se cumplen 15 años de su muerte, con toda seguridad se uniría a quienes en América Latina y en otras partes del mundo estaremos recordando  la partida hace un año de uno de los paradigmas de la Patria Grande, el venezolano y gran bolivariano Hugo Chávez Frías.

La Habana, 03 de marzo de 2014

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