jueves, 22 de mayo de 2014

PROGRESAR ES RESPUESTA NO PREGUNTA

Jorge Gómez Barata

El capitalismo no es una forma de gobierno, sino una época histórica. Quien no asuma ese detalle no puede comprender la historia contemporánea y menos aún el proceso mediante el cual, esa formación social será trascendida. Carlos Marx lo expuso con exactitud científica, pero su comprensión fue deformada por razones políticas. El error abortó el mayor y más ambicioso  proyecto político de la era moderna y aun crea obstáculos.

Ningún autor ha prodigado mayores elogios al capitalismo que Carlos Marx: “…La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario…La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción…La burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las más bárbaras…Con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas…”*

Es absurdo creer que Carlos Marx, uno de los hombres más talentosos de todos los tiempos, el que en el campo social realizó el esfuerzo científico más arduo, cambió el modo de pensar de filósofos, economistas, sociólogos e historiadores y puso al servicio de las ciencias sociales eficaces herramientas metodológicas, propusiera la demolición del modo de producción más exitoso y del sistema político más avanzado creado por la humanidad.

En un artículo publicado en 1918 Antonio Gramsci recrea una curiosa paradoja que explica la extraordinaria popularidad de El Capital en Rusia. Al legitimar al capitalismo como etapa histórica imprescindible, los burgueses rusos creyeron que Marx era uno de los suyos y aplaudieron su obra.

Cuando en 1917, al proclamar que: “La revolución anunciada por Marx había triunfado…”, los líderes bolcheviques incurrieron en el error de tratar de hacer avanzar la historia por un atajo. Los resultados están a la vista: ¡No pudo ser! El proyecto no funcionó, no por culpa de Marx sino porque iba contra él.      

El revés del proceso bolchevique, la crisis del socialismo y la desaparición de la Unión Soviética, no deberían significar un abandono de las ideas socialista ni una objeción de fondo a la presunción de que el capitalismo será trascendido, pero si obliga a una rectificación histórica de la izquierda marxista, incluida la cubana.

La errónea comprensión del marxismo impuesta por la Unión Soviética y exportada a los países del socialismo real, no puede ser saldada con ajustes más o menos cosméticos ni con movidas tácticas, sino que requiere una profunda revisión estratégica.

Las recetas para avanzar son conocidas y para Cuba viables, aunque requieren de trascendentales decisiones políticas. Luego les cuento. Allá nos vemos.
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* Leer: El  Manifiesto Comunista. Capitulo Uno. 


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