domingo, 11 de mayo de 2014

Dilma sale a la cancha

Por Darío Pignotti 
BRASILIA, 10 (ANSA) - Dilma Rousseff ya entró en el campo de juego: cuando resta poco más de un mes para el inicio del Mundial la presidenta brasileña, advertida de la importancia política del evento, dedicó parte de la semana a recorrer estadios y augurar éxito al seleccionado dirigido por Luiz Felipe Scolari.

    Rousseff va a jugar su capital político el 5 de octubre, en los comicios en los que buscará un segundo mandato, frente a un electorado cuyo humor dependerá, en alguna medida, del resultado de la Copa en la que la selección "amarelina" buscará su sexta conquista.

    Con la popularidad en baja, un sondeo de esta semana le atribuye un 37% de intenciones de voto mientras la oposición aparece en alza, Rousseff aterrizó el jueves en el estadio, aún inconcluso, Itaquerao, de Sao Paulo, donde Brasil se las verá con Croacia en el juego inaugural del 12 de junio.

    La presidenta-candidata, recorrió los vestuarios, las tribunas y finalmente saludó a los operarios de la obra que costó la vida de 3 trabajadores, por lo cual la Justicia abrió investigaciones sobre la responsabilidad de la empresa constructora Odebrecht, a la que también le fue confiada la remodelación del Maracaná, de Rio de Janeiro, escenario de la final.

    Como este año fútbol y política son dos caras de una misma moneda, poco antes de ingresar al Itaquerao Rousseff recibió a una delegación del Movimiento de los Sin Techo, que con unas 5.000 personas ocuparon un terreno próximo al estadio.

    Ese jueves activistas habían realizado protestas frente a la constructora Odebrecht, donde denunciaron los altos gastos para la Copa y exigieron más presupuesto para viviendas populares.

    La mandataria prometió a los Sin Techo que buscará una solución, y así frenó a la policía de Sao Paulo cuando se aprestaba a desalojar a las familias que montaron cientos de tiendas de campaña en el terreno que es de propiedad privada.

    Esas dos realidades, la Copa y la movilización de grupos inconformes, donde hay sindicatos, campesinos sin tierra y los adicales Black blocs, obligan al Palacio del Planalto, sede de la Presidencia, a encontrar un equilibrio delicado.

    El secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho dijo a ANSA que "este gobierno no va a reprimir las protestas legítimas y pacíficas, el Partido de los Trabajadores surgió de las protestas y no va a renegar de su historia".

    "Claro que no podemos permitir que haya grupos provocando destrucción del patrimonio público. Y cuando ocurran esos desmanes los culpables serán encuadrados en las leyes vigentes, no hace falta una ley antiterrorista, eso no es terrorismo", dijo Carvalho durante el diálogo realizado en el Planalto.

    Carvalho expresó preocupación ante la rudeza de las policías estaduales, tema que esta semana fue tocado por Amnistía Internacional, al reclamar que se garanticen las protestas y se ponga cota a la violencia policial contra los manifestantes. También la Federación Nacional de Periodistas denunció las agresiones constantes de las fuerzas de seguridad.

    Y si bien el gobierno se promete garantías a los manifestantes, el mes pasado Dilma envió 2.000 efectivos del Ejército a Rio de Janeiro y anticipó que movilizará a cuantos militares sea necesario para que la Copa se juegue sin inconvenientes.

    Para las autoridades es crucial que la algarabía de la Copa conquiste mentes y corazones, y neutralice el descontento de grupos que levantan la consigna "No va a haber Copa". El objetivo es crear un clima de fervor de masas y así evitar movilizaciones multitudinarias como las de 2013 durante la Copa de las Confederaciones.

    "Si Brasil queda eliminado en la fase de grupos el país va a estallar, habrá frustración futbolística con indignaciones de todo tipo. No va a ser como en el Maracanzo (1950, Brasil perdió la final), cuando la gente se fue llorando a sus casas", dijo esta semana el escritor Carlos Heitor Cony.

    La táctica de los asesores de imagen del Planalto es que Rousseff, con fama de administradora que no sale del Palacio, adopte un estilo más directo y popular.

    Y así lo está haciendo: luego de resaltar la política de aumento del salario mínimo Rousseff fue al estadio mundialista de Sao Paulo, posteriormente al de Curitiba y saludó vivamente a la selección.

    "Nuestro querido Felipao reveló los nombres de los 23 craks que representarán a Brasil dentro de las 4 líneas... liderados por el talentoso Neymar. La selección busca el sueño del hexacampeonato", afirmó la presidenta.

    Dilma no pierde ocasión para elogiar a Scolari, cuyo estilo de juego no agrada mucho a los hinchas que, aún así, lo respaldan por su carácter aguerrido y su mística vencedora.

    Rousseff y Scolari tienen en común el haber vivido durante años en el sur brasileño, Rousseff se radicó allí luego de purgar 3 años de prisión durante y la dictadura, y Felipao nació y jugó en varios clubes gaúchos y dirigió al combativo Gremio.

    A pesar de asemjarse en el carácter "gaúcho", obstinado y frontal, Dilma y Felipao tienen ideas divergentes. Ella luchó contra la dictadura y combate la homofobia, él, que nunca fue considerado progresista, declaró en 1998 su simpatía por Augusto Pinochet cuando el general chileno fue apresado en Londres, y alguna vez dijo que si descubría que uno de sus dirigidos era homosexual lo echaba del plantel.

    Pragmáticos la presidenta y el entrenador dejan de lado sus eventuales divergencias y privilegian su interés común: ganar la Copa, en un año de elecciones.

DCP-ADG/MRZ 
10/05/2014 21:35 


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