viernes, 27 de junio de 2014

AMATEURISMO Y OPORTUNIDADES PERDIDAS

Jorge Gómez Barata

Respecto a la política exterior, los gobernantes europeos y norteamericanos del siglo XX, con las excepciones de Woodrow Wilson y Franklin D. Roosevelt, carecieron de enfoques estratégicos; gobernaron en función de las coyunturas y fueron rehenes de los intereses de sus empresas en ultramar. Ese perfil se expresa en su desempeño en el Medio Oriente.

Ante la opulencia de las riquezas del Nuevo Mundo, las tórridas e infértiles arenas de los desiertos árabes fueron relegadas y en épocas de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando el debut de las maquinas motorizadas y la derrota del Imperio Otomano que controlaba la región, cambiaron las perspectivas, no había un plan.

Debido a que no necesitaba petróleo del cual era primer productor y exportador y se trataba de una región pobre y lejana, Estados Unidos no se interesó por el Oriente Medio y dejó hacer a Inglaterra y Francia que protagonizaron un nuevo reparto del mundo.

Años después, por intereses económicos y geopolíticos, al descolonizar la zona, Inglaterra y Francia no permitieron la formación de una federación árabe y tampoco de pequeños estados chiitas, sunitas y kurdos, como hubiera sido lógico y prudente. Una de las entidades más artificiales y a la larga probablemente inviable fue Irak.

En 1914 las tropas británicas invadieron y controlaron Irak; operación bendecida por un Mandato otorgado a Inglaterra que promovió la formación de un reino, realmente un protectorado que, en 1932 fue formalmente independiente. El nuevo estado dotado de fronteras arbitrarias y que agrupó a musulmanes chiitas, sunitas, kurdos, cristianos y otras minorías nacionales y confesionales, unidas como las “papas dentro de un saco de papas” ejerció mínimos de soberanía política, aunque el petróleo continuó en manos británicas

Aquel anómalo proceso se interrumpió al comenzar la II Guerra Mundial,  la cual originó una nueva intervención de Gran Bretaña que en 1941 restableció el control sobre el país. Finalizada la contienda, a la presencia británica y a los conflictos respecto al petróleo, se sumaron las rebeliones internas, algunas asociadas a las manipulaciones características de la Guerra Fría. A todo ello se añadió: la partición de Palestina, la proclamación del Estado de Israel (1948) y las sucesivas guerras árabes israelíes (1948-1949, 1956, 1967, 1973) en las cuales los árabes fueron derrotados. 

En los años cincuenta, Estados Unidos se involucró directamente en los procesos de la región, inició la ayuda militar a Irak. No obstante, a fines de esa década, el movimiento panárabe que había comenzado a gestarse en los años treinta del siglo XX y que procuraba la unión o integración de los estados árabes, se reforzó en la confrontación con Israel, el apoyo a la causa palestina, alcanzado influencia en la región y relevancia internacional.

A los espectaculares avances de esos procesos que condujeron a que Irak y Jordania formaran la Unión Árabe y Egipto y Siria la República Árabe Unida (RAU), se sumaron el protagonismo de personalidades como Nasser y del papel del Partido Socialista Árabe (BAAZ) (Baath), organización panárabe, ponente de un proyecto político avanzado y que alcanzó el poder en varios países.

No obstante los matices de izquierda y las invocaciones al socialismo árabe y el zigzagueo en las relaciones con la Unión Soviética, la evolución del movimiento árabe en su conjunto apuntaba al progreso político, beneficiaba a los pueblos de la región y nunca hizo peligrar a occidente que no obstante, con una actuación escandalosamente errática de Estados Unidos, la OTAN e Israel destruyeron una tras otras todas las oportunidades de progreso político en la región.

En este momento las oportunidades perdidas pesan mucho más que las esperanzas. Estados Unidos no podrá lograr con drones, instructores y tropas especiales lo que únicamente pudiera alcanzarse con talento, sutiliza política y verdaderos avances democráticos que ahora, efectivamente, no están a la vista.

Recientemente una autoridad en la materia, me comentó: “…No veo salida ni inmediata ni mediata, a un país compuesto por kurdos sunitas, sunitas y chiitas…” a lo cual ahora habría que añadir la ralea de terroristas, resentidos, lumpen y oportunistas que arrastran el EEIL (Ejército Islámico de Irak y el Levante), Al-Qaeda y otros de su casta. Es una pena. Allá nos vemos.

La Habana, 27 de junio de 2014

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