viernes, 13 de junio de 2014

LA POLÍTICA EXTERIOR MADE IN USA PARA LATINOAMÉRICA NO CAMBIA

Comité del FMLN en Suecia - 10 June 2014

En política hay gestos y acciones que aunque pequeñas hacen la diferencia; tal fue el primer gesto político del ex Presidente Funes quien el mismo 1 de junio del 2009 entablo relaciones diplomáticas con Cuba.

Este fue un gesto político que hacía justicia a la relación de nuestra patria con Cuba que por exigencia imperial, se había roto en los años 60s del siglo pasado. Hoy el primer gesto político del Gobierno precedido por Sánchez Cerén es darle cumplimiento a una promesa electoral al adherir a El Salvador a PETROCARIBE.

Es paradójico, o cuanto menos llama a comparaciones el proceder de Estados Unidos y su política exterior hacia Latinoamérica en una actitud que nos exige el sometimiento a sus designios, para evitar lo que ellos consideran el “contagio social y político” de los países latinoamericanos con países hermanos que lideran una forma distinta de hacer política, con predominio de la solidaridad, respetando nuestra independencia e idiosincrasia. Tal es el caso de Venezuela y la herencia política del Comandante Hugo Chávez Frías.

En los años 60s del siglo pasado el “mal ejemplo” de lo que representó Cuba para los pueblos latinoamericanos, por atreverse a declararse socialista, llevo a los Estados Unidos, no solo a bloquear a Cuba política, diplomática y económicamente, sino a impulsar en el continente programas que contuvieran las explosiones sociales y revolucionarias de todo el continente. La política del “garrote y la zanahoria” hizo su incursión, apoyando, propiciando y asesorando regímenes dictatoriales así como impulsando “la ayuda al desarrollo” que en aquella ocasión se llamó LA ALIANZA PARA EL PROGRESO.

La alianza para el progreso se introdujo en los años 60s, vendiéndose como una panacea para terminar con la pobreza (¡?) repartiendo leche en polvo, harina de maíz, aceite y otros alimentos; eso sí, acompañados de pasquines en donde se satanizaba la revolución cubana y a sus dirigentes; además de puntuales ayudas a los gobiernos y asesorías militares, que más que impulsar el desarrollo implemento la corrupción cuasi como política de Estado y de sus funcionarios; así como derivo en las dictaduras más feroces de todo el continente en los años 70s.

Esto tampoco contuvo los estallidos sociales que también derivaron en movimientos insurgentes en todo el resto del siglo XX. Tampoco la política exterior de Estados Unidos hacia Latinoamérica tubo grandes cambios en lo que va del siglo XXI, pues únicamente pasaron de la contrainsurgencia a la implementación e impulso de gobiernos y políticas neoliberales en donde con convenios regionales o bilaterales como El ALCA o Tratados de Libre Comercio o la Alianza del Pacífico , han querido; en esta oportunidad, frenar “ el mal ejemplo de Chávez y la Revolución Bolivariana” además de venderse como la nueva panacea para vencer la pobreza y el subdesarrollo.

A estos planes imperiales, los países latinoamericanos liderados por Cuba y Venezuela le han antepuesto El ALBA, PETROCARIBE y otros tantos organismos de integración y programas que encierran la solidaridad activa de los países del continente que comparten lo que tienen; no lo que les sobra, en un ejemplo claro de la solidaridad Sur-Sur.

Esto, naturalmente no gusta al imperio y busca entre sus aliados en Latinoamérica la forma de seguir implementando su política exterior de “el garrote y la zanahoria” esta vez con golpes de Estado reclamando legalidad, a lo hondureño o a lo paraguayo, o financiando la subversión de la derecha en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Es justo decir que todos los planes y proyectos imperiales han contado y cuentan con la complacencia y participación de las derechas nacionales que como en nuestra patria se dicen nacionalistas, pero no tienen reparo en autoproclamarse aliados de los designios imperiales sin meditar o importarles siquiera las consecuencias para nuestra independencia, la conservación de los exiguos recursos naturales que aún nos quedan y sobre todo la auto determinación como nación.

La “zanahoria” en esta ocasión se llama FOMILENIO, que ha sido vendido en su primera versión, como un aporte de Estados Unidos al desarrollo de nuestro país. Cumplida su implementación al 100% por el Gobierno de Mauricio Funes, en lo que se llamó FOMILENIO I. Se ha venido hablando de la aprobación del FOMILENIO  II.

A la fecha, los alrededor de $270 millones de dólares que son el componente directo de este FOMILENIO II, planeado para impulsar el desarrollo en nuestra zona costera, ya han sido aprobados por el gobierno de Estados Unidos en sus debidas instancias, pero es en esta etapa, que se supone de entrega de su monto, que se materializa lo que muchos entendidos y otros no tan entendidos en la materia, traducimos como la trampa de conculcar nuestra soberanía; pues se antepone la entrega de esta “ayuda” a la aprobación y cambio legislativo de leyes que rebasan el interés nacional y que claramente nos condiciona y nos subordina al interés de las transnacionales. Esto ha quedado claro con las reiteradas declaraciones en los medios; cuasi imposiciones, que la embajadora de Estados Unidos la señora Mari Carmen Aponte, ya nos tiene acostumbrado. Para el caso, el Asocio Público Privado, la explotación de nuestros recursos naturales e incluso donde y que tipo de semillas debemos comprar para nuestros principales cultivos; en detrimento del esfuerzo de nuestros propios productores agrícolas.

Llámese FOMILENIO, o cualquier otra ayuda a nuestro país no pueden ser dardos envenenados, o lo que es peor aún, la conculcación de nuestra propia soberanía que seguramente no está tasada en un precio de $270 millones, más las promesas de lo que vendrá para sacarnos del subdesarrollo. Que no sé por qué suena como la ya enterrada Alianza para el Progreso de los años 60s del siglo pasado.


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