domingo, 13 de julio de 2014

UN TRAUMA AMERICANO

Jorge Gómez Barata

La reiterada pugna entre el Congreso y el presidente de Estados Unidos no prueba la fortaleza de la democracia americana, sino que es  uno de sus traumas. Con frecuencia la tirantez derivada de la rivalidad partidista obstaculiza proyectos y esfuerzos de interés nacional. Las contradicciones en torno al “Obama Care” y la Reforma Migratoria son ejemplos recientes.

La división e independencia de los poderes del Estado constituyen un hallazgo que, junto a las elecciones y el sufragio universal, forman el núcleo de los sistemas, la ciencia, y la práctica política modernas. Tales preceptos fueron funcionales por primera vez al plasmarse en la Constitución de los Estados Unidos. La Constitución creó al país, no al revés.

La eficacia del precepto y de la estructura a que la Carta Magna dio lugar ha sido socavada por un elemento sobre el George Washington, el primer político que gobernó con las nuevas reglas, advirtió: el partidismo divide al país e impide un verdadero consenso nacional. La separación de los poderes y su independencia no se realiza para alentar conflictos entre ellos, sino todo lo contrario.

La Constitución Norteamérica estuvo precedida por la Declaración de Independencia (4 de julio de 1776),  los Artículos de la Confederación (1781)*, y los artículos de El Federalista (1787-1788) ** En el número 10, de estos últimos, James Madison advierte del peligro que representan las “facciones”, que entonces identificaba como corrientes derivadas sobre de intereses económicos (de propiedad), pero que los tratadistas modernos equiparan con los partidos políticos, cosa sobre cuya peligrosidad Washington advirtió.

Según Madison existen dos maneras de contrarrestar los efectos del partidismo: eliminar sus causas o controlar sus efectos. Para el autor el verdadero peligro no son las facciones, sino la posibilidad de que una de ellas llegue a ser mayoría e imponga su voluntad al pueblo y a la nación. Con razón asume que en el momento en que una facción sea mayoría, se abren amplios espacios para sacrificar el interés común al de un partido.

De alguna manera, las advertencias contenidas en El Federalista número 10, fueron retomadas por George Washington, que al dejar la presidencia previno a sus compatriotas de que: El espíritu de partido trabaja constantemente por desorien­tar al pueblo y corroer la regularidad de los servicios públicos…” “(Las facciones) colocan en lugar de la voluntad delegada de la nación la voluntad de un partido, y las miras pequeñas y artificiosas de unos pocos, y siguiendo los alternativos triunfos de las facciones diferentes, dirigen la administración pública por mal concertados e intempestivos proyectos, no por planes consistentes y saludables, dirigidos por consejos comunes, y modificados por intereses recíprocos…”

La advertencia retrata la situación creada en torno a Obama Care y  respecto a la Reforma Migratoria por los sectores más reaccionarios del Partido Republicano. Falta espacio pero queda tiempo, otro día les cuento más. Allá nos vemos.

La Habana, 13 de julio de 2014

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*Artículos de la Confederación (1777) Primer documento de gobierno en los Estados Unidos. Estuvieron vigentes hasta la aprobación Constitución.  
**El Federalista. Serie de 85 artículos publicados en Nueva York al calor de los debates sobre la Constitución de los Estados Unidos.


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