miércoles, 29 de abril de 2015

LA SOCIEDAD CIVIL Y LA CONTRARREVOLUCION

ESTEBAN MORALES

UNEAC

Siempre recuerdo  el asombro con que me abordo un compañero muy querido, cuando leyó mi artículo,  donde digo que la contrarrevolución cubana no existe,  ni nunca existió. ¿COMO ENTENDER ESO, SI SIEMPRE HEMOS HABLADO DE CONTRARREVOLUCION CUBANA?

La contrarrevolución también puede ser legítima. En la misma medida en que una clase desplazada  del poder,  por una revolución,  se propone recuperarlo. Organiza  sus   fuerzas, las dota de un programa,  un discurso propio, define y genera  liderazgo y como parte de un movimiento político de recuperación del poder, los pone a trabajar.

Pero en el caso de Cuba la situación histórica ha sido diferente.

En primer lugar, la que pudo ser clase burguesa nacional se suicidó en varias ocasiones. La primera vez, cuando como  ricos hacendados criollos del occidente,  nunca apoyaron la lucha independentista y solo comenzaron a hacerlo, cuando viendo que España perdía la guerra frente a las topas del Ejercito Libertador, comenzaron a enviar  sus representantes bien vestidos  y afeitados, que por demás aparecían  enseguida ostentando  grados  militares,   sin haber tirado un machetazo. Lo cual siempre  provoco la ira de Máximo Gómez en más de una ocasión.

 La parte más patriótica y revolucionaria de esos  hacendados, los orientales, con Carlos Manuel de Céspedes a la cabeza, secundado por Ignacio Agramonte,  eran  demasiado pobres  para aspirar a  tener la primacía en esa lucha. Se alzaron  contra el poder español,  peleaban como leones, formaron gobierno de la República en Armas. Pero sus ingenios eran los más pequeños, sus producciones azucareras también y la lejanía de la capital los situaba en desventaja. Luego  la que pudo ser burguesía nacional  no logro  alcanzar tal categoría. Y  la que tenía el poder económico nacional para serlo, prefirió esperar con una actitud reformista y después  ponerse  en manos de Estados Unidos.

Predominaron finalmente desde el punto de vista económico e ideológico los que  no querían ver terminada la esclavitud, no apoyaban que  la lucha independentista llegara al occidente  y  que solo aspiraban a  expulsar a España de Cuba, para quedarse liderando, amparados  bajo la sombrilla de la intervención norteamericana, como finalmente ocurrió.

 No fueron entonces  nuestros verdaderos patriotas, en su inmensa mayoría, los que llegaron a la república y disfrutaron del poder o de la fracción  de poder  que el Ejército norteamericano le dejo. Fueron los filos anexionistas, los esclavistas  a ultranza y  los ex autonomistas, los cubanos de siete meses, como Martí  calificaba a  muchos de ellos. Resulta muy interesante que el primer gabinete de Estrada Palma estuvo integrado por figuras provenientes del autonomismo.

El segundo suicidio tiene lugar, cuando esa misma burguesía,  ya dentro de la república, controlada por los yanquis,  llamémosle criolla, apoyo a la dictadura batistiana hasta sus últimas consecuencias y  marcho de Cuba junto a Batista cuando las huestes del Ejército Rebelde comenzaron llegar a La Habana. Los mismos, según ellos, marchaban por poco tiempo, porque el ejército norteamericano les devolvería  sus privilegios.

¿Cuál fue entonces la clase desplazada que quiso organizar la contrarrevolución en Cuba  para retomar el poder?  En realidad ninguna. Fue Estados Unidos quien organizo la contrarrevolución, la financio y la  apoyo política y moralmente  desde el principio;  utilizando entonces como carne de cañón a todos aquellos, incluso desclasados,  que estuvieran dispuestos a combatir contra  la revolución.

Estados Unidos organizo a la contrarrevolución, ahogando  en la cuna, las que pudieron haber sido sus  aspiraciones legítimas. La contrarrevolución que emergió,  entonces  no era cubana,  se trataba  más bien de un mercenarismo con camuflaje  de contrarrevolución. Fíjense como cuando  la Invasión de Girón,  el supuesto gobierno  que desplazaría al liderazgo   revolucionario, estaba acuartelado en Miami,  esperando que lo trajeran  a la republiqueta que fundarían en la Ciénaga de Zapata. Entonces si  los hijos de muchos terratenientes, burgueses y oportunistas vinieron a pelear, porque se trataba de que el ejército norteamericano les garantizara el triunfo.

Contrarrevolución que quedo totalmente derrotada en 1965, cuando casi todos, incluidos los bandidos del Escambray, prefirieron  marchar a Estados Unidos para allá vivir del cuento de lo que habían hecho en Cuba,  supuestamente  “jugándose la vida “para restaurar el viejo poder. Proceso que nunca lideraron, terminando todos como simples mercenarios pagados por Estados Unidos.

Ahora sus amos le han variado la táctica. Tratando de moverlos en el frente de la llamada sociedad civil. Lo cual evidencia   lo que   siempre ha sido el problema de esta contrarrevolución. Su problema,   no es difícil apreciar,  que siempre ha sido la  falta  de legitimidad. Recordemos, que  hasta 1965,  sobre todo, la política norteamericana hacia esfuerzos denodados por hacerlos aparecer como elementos de una guerra civil entre cubanos, tratando de dotarlos de legitimidad  interna; ahora tratan de situarlos como oposición interna al régimen político cubano. Dándoles mascaras de sociedad civil. Término manipulado por los ideólogos de Estados Unidos. Como si en Cuba fuésemos a caer en la trampa de llamarnos como lo que no somos,  ni necesitamos.

Nosotros no debemos tener ningún complejo al respecto, Cuba tiene una sociedad civil, que no necesita autocalificarse como tal,  pues es más que eso, se trata de la sociedad revolucionaria, integrada por todas sus  organizaciones  de siempre,  a las que ahora se suman todas las entidades y organizaciones sociales que han emergido para enriquecer la solidez y heterogeneidad del proyecto social de la revolución. No nos dejemos engañar por  conceptos que son legítimos, pero dentro de una   fraseología manipulada. Nosotros no tenemos por qué apelar a ello para ser legítimos. Si somos o no sociedad civil, eso no es lo más importante, pues somos una sociedad revolucionaria, surgida al calor de una revolución legitima.

De aquí la insistencia de la parte norteamericana, ahora,   por  discutir sobre democracia, libertades civiles  y derechos humanos. Creyendo que con ello van a dotar a sus mercenarios contemporáneos de una plataforma  ideológica  que les permita participar en la política interna cubana como una fuerza opositora legitima.

Por eso la contrarrevolución cubana no  existe .Nunca existió. La política norteamericana la ahogo al nacer. Los que durante todos estos años hasta hoy ( variando ahora su  táctica  de lucha) han pretendido derrocar o subvertir el régimen político revolucionario en Cuba, han terminado siendo un grupo de facinerosos, que no pueden ser siquiera llamados contrarrevolucionarios, no merecen esa categoría política,  que les  dotaría de  un espacio dentro de la sociedad civil cubana; no ,pues terminaron simplemente siendo desde temprano, lo que aún son hoy, mercenarios liderados por la política norteamericana, a los cuales Estados Unidos les paga para que apliquen un algoritmo  destructor  al régimen revolucionario en Cuba. No son contrarrevolucionarios, porque en realidad  no son  representantes de   ninguna clase desplazada del poder en Cuba.  No tienen nada que recuperar, que les pertenezca,  en realidad no perdieron nada;  lo perdieron otros, que no tuvieron la valentía ni la inteligencia política para recuperarlo.

Obama enfrenta un gran reto político  en las negociaciones  que se llevan a cabo, si pretende continuar “engordando “a sus representantes en Cuba, para que arrebaten al liderazgo cubano la conducción de los cambios que hay que hacer internamente en la Isla. No podrán imponer condiciones para ello y quien pretenda hacerlo continuara cosechando el fracaso de una política, por demás  ya fracasada y   continuaran  sufriendo el  cerco  del  aislamiento que ya se crearon.

 Estos   de  ahora,  están simplemente  ganándose el sueldo como mercenarios, viven de eso, esa  es su remuneración por lo que hacen, que no es ninguna tarea política digna, que les otorgue un espacio dentro de Cuba,  como parte de la sociedad cubana.  En realidad, no son parte de ella, de ahí que retornaran a Miami, su cuartel general,   una vez concluidas  sus poco inteligentes provocaciones pagadas  en la reciente VII Cumbre de las Américas.

La Habana, Abril 23 del 2015


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