miércoles, 9 de septiembre de 2015

AMERICA LATINA: SITUACIONES Y RESPUESTAS

Jorge Gómez Barata

Los procesos políticos por los que transita América Latina, no son cursos lineales sino transformaciones políticas, económicas y sociales de gran complejidad, y largo aliento, sometidas a tensiones internas y externas, en las cuales las contradicciones y rectificaciones no solo son inevitables, sino necesarias.

En cuestión de meses, en la coyuntura política y económica latinoamericana han aparecido elementos que aconsejan actualizar datos y producir argumentos, no solo para comprender lo que ocurre y por qué, sino para aprovechar las experiencias y contrarrestar efectos negativos y, allí donde peligren objetivos estratégicos, aplazar demandas, incluso rectificar.

Las situaciones más comprometidas se presentan en Venezuela, Brasil,  Ecuador, Argentina y El Salvador. En ningún caso se trata solo de fluctuaciones económicas coyunturales que afectan el desempeño económico y obligan a corregir a la baja los pronósticos de crecimiento económico, sino a precisar si los programas y la forma de gestionarlos es correcta.

Si bien la mayor parte de los problemas económicos domésticos no son endógenos, sino inducidos por situaciones asociadas al funcionamiento de la economía global como la caída de los precios del petróleo que, aunque golpea con particular intensidad a Venezuela, sus efectos se sienten en Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina y México. Estos y otros países son también afectados por la reducción de la demanda y los bajos precios de las materias primas y productos intermedios.

A las consecuencias de la reducción de los ingresos, algunos países suman el endeudamiento y gastos públicos elevados, con la consiguiente afectación de los programas sociales, el aumento del desempleo y el deterioro de los ingresos de la población. Todo ello se refleja en la economía interna, incorporando elementos de frustración que originan desmovilización social y reducción del apoyo a los líderes y procesos en curso.

Aunque la desfavorable coyuntura económica, que según estimados creíbles pudiera empeorar, lo más grave son algunos problemas políticos y sociales generados por la corrupción, presente en casi todos los países y que en algunos alcanza niveles  críticos y la aparición de fenómenos que como los conflictos territoriales son de difícil manejo, consecuencias duraderas, peligros enormes, incluso posibilidades de que se manifieste un efecto dominó.

Para aludir un solo ejemplo baste citar la situación creada en la frontera entre Venezuela y Colombia y entre Venezuela y Guyana en torno a los territorios al oeste del rio Esequibo, con potencial para crear situaciones aún más conflictivas que las actuales.

Ninguno de los problemas surgidos en los países gobernados por la nueva izquierda es insoluble aunque algunos, de no ser conjurados, pudieran agravarse. Se necesita que las instancias creadas al calor de los avances políticos de las últimas décadas, reaccionen y encuentren en el espíritu solidario que condujo a su formación, algunas respuestas. 

Saber que la OEA es ineficaz no es suficiente, ni haber creado estructuras alternativas tampoco, es preciso hacerlas funcionar y mostrar que instancias como CELAC, ALBA, UNASUR y otras son idóneas, no solo para expresar elevados propósitos, sino también para administrar y conjurar crisis. Es preciso actuar. Allá nos vemos.

La Habana. 09 de septiembre de 2015   


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