lunes, 5 de octubre de 2015

RIESGOS ADICIONALES

Jorge Gómez Barata

El espacio aéreo sirio se pinta solo para un incidente militar que involucre a cualquiera de los participantes en la lucha contra el Estado Islámico, principalmente a Estados Unidos y Rusia. Demasiadas formaciones y organizaciones que, en lugar de colaborar, compiten. Una confrontación entre ellas ―accidental o provocada― es cuestión de tiempo.

Tener un enemigo común no significa ser aliado ni amigo. Las coincidencias entre Estados Unidos y Rusia en torno a la conveniencia de liquidar al Estado Islámico no bastan para neutralizar las diferencias en torno a otros ejes del conflicto. Todos los partidarios de Bashar Al-Assad son socios de Rusia, mientras quienes reciben el beneplácito de los Estados Unidos son antagonistas. El principio opera al revés.

El apoyo externo, tanto a los elementos terroristas como a los efectivos de la “oposición moderada”, el desplazamiento de las fuerzas que en Irak y Afganistán operaron contra los norteamericanos, los fanáticos participantes de los conflictos religiosos islámicos de varios países, y miles de activistas y mercenarios de todo el mundo, encuadrados en formaciones terroristas como Al-Qaeda, Al Nussra, el Estado Islámico y otras decenas de organizaciones, confrontadas por la tenaz y eficaz resistencia del ejército y las fuerzas de seguridad leales a Al-Assad, han generado un caos de violencia sin precedentes.

A esos factores se suman efectivos de Irán, Hamas y Hezbolá, elementos de inteligencia y tropas especiales de varios países, y más recientemente los bombardeos aéreos de la coalición liderada por Estados Unidos, algunos países árabes y ahora Rusia, todo lo cual ha dado lugar a una guerra, que por su génesis, escala, complejidad y ferocidad, no tiene precedente, y que en cuatro años ha ocasionado no menos de 250 000 muertos, y provocado la huida de unos 10 000 000 millones de personas, la mitad de la población siria.

Se trata de una confrontación irregular, que acude a métodos terroristas de intimidación masiva, que emulan a los nazis, y que se libra en ciudades y poblados, nunca a campo abierto.

En las operaciones de bombardeo aéreo de precisión lo más importante es la selección de los blancos y su inequívoca identificación, de modo que puedan aportarse datos precisos a las computadoras que realizan la puntería, o sean visibles para los pilotos y artilleros que vuelan a velocidades supersónicas y alturas considerables.

Es difícil imaginarse cómo fuerzas aéreas que no cuentan con observadores en  tierra y atacan  zonas urbanas o suburbanas, bombardean a los irregulares, sin dañar a los pobladores y sus propiedades, y sin destruir la infraestructura que provee el apoyo vital a los moradores de esas localidades.

Las afirmaciones de que los bombardeos de la coalición o de los rusos se realizan con precisión quirúrgica y afectan solamente a los efectivos del Estado Islámico, son mucho más que dudosos. Si los civiles no son afectados ni muertos ¿Por huyen en masa? ¿Por qué ciudadanos sirios continúan llegando en oleadas a Europa?

En Siria no hay otra opción que ¡Parar Ya! Volver a la posición inicial, con Assad o sin él, restablecer el gobierno, sacar a todas las fuerzas extranjeras, introducir un ejército de la ONU, y a partir de acuerdos políticos vinculantes, luchar contra el Estado Islámico.

Es como recomenzar la historia. No es sencillo pero no hay opción. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de octubre de 2015


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