miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿CONFLICTOS DE CIVILIZACIONES EN EUROPA?

Jorge Gómez Barata

Las preocupaciones al respecto se derivan del crecimiento del radicalismo islámico, de la actividad de organizaciones terroristas como al-Qaeda y el Estado Islámico, las guerras y conflictos en una decena de países con intervención de las potenciales occidentales y más recientemente, Rusia. A todo ello se añaden las confrontaciones confesionales y el éxodo migratorio hacia Europa que involucra de decenas de miles de personas.

Como resultado de esos y otros procesos, en las últimas décadas se ha registrado el crecimiento de las comunidades islámicas en Europa, en algunas de cuyas grandes urbes se aprecia la tendencia a convertir los barrios que habitan, en ghetos, en los cuales elementos extremistas que ejercen liderazgos religiosos pretenden imponer estilos de vida propios de teocracias, con tendencia a la aplicación de leyes y costumbres musulmanas, en especial la sharia o ley islámica.

En amplios sectores de las sociedades europeas existen preocupaciones acerca de que elementos radicales logren presionar a esas comunidades, tratar de oponerlas a las autoridades legítimas, crear problemas de diferente entidad, incluso reclutar entre ellas jóvenes para sumarlos a actividades ilegales, incluyendo al terrorismo. Aunque algunos de esos argumentos son ciertos, tales preocupaciones no se han justificado.

Si bien en Medio Oriente y otros países islámicos existen minorías extremistas que suplantan a los pueblos árabes y africanos y actúan en su nombre, no hay evidencias de que después del 11S, en ninguno de ellos el Islam radical y las organizaciones terroristas hayan logrado generar a escala social climas de odio u hostilidad hacia occidente. Tampoco ha ocurrido en las comunidades islámicas radicadas en diversos países europeos.

A pesar de críticas justificadas o no, ninguna ideología ni proyecto político, en ninguna época ha logrado crear un rechazo a escala significativa de la cultura occidental ni neutralizar el atractivo que ejercen la combinación de desarrollo económico, bienestar y oportunidades, con el estilo de vida plural, tolerante y liberal practicado en Europa y los Estados Unidos, incluido el sistema político. 

Desde hace siglos, los árabes, africanos del norte y otros pueblos islámicos han vivido y trabajado en Europa y los Estados Unidos, estudiado y enseñado en sus universidades, militado en sus organizaciones políticas, peleado en sus guerras, incluso sufrido en sus cárceles. Muchos de los líderes y militantes nacionalistas árabes, que protagonizaron la descolonización y fundaron los estados nacionales, vivieron y profundizaron su formación política en Europa. Entre ellos se recuerda a Leopold Senghor, Ahmed Ben Bella y Habib Burguiba, entre otros muchos.

Los emigrantes y refugiados musulmanes que por decenas de miles huyen de la guerra y de la pobreza no se dirigen a Egipto, Arabia Saudita, a Argelia, Túnez ni a ningún otro país, sino a la Europa cristiana y a los Estados Unidos donde, no sin dificultades, se les acoge.

En ninguno de sus países de origen, los musulmanes, especialmente las mujeres y las niñas, los intelectuales, artistas, periodistas y científicos sociales, cuya labor requiere de ambientes de libertad, disfrutan de tantos derechos, ni son tan respetados y considerados como en Europa y los Estados Unidos, donde entre otras cosas, viven su fe con plenitud. En cualquier caso, el tema sigue vigente. Allá nos vemos.

La Habana, 25 de noviembre de 2015


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