sábado, 5 de marzo de 2016

BRASIL CRUZANDO EL RUBICÓN

Jorge Gómez Barata

En lo que parece ser un intento de linchamiento mediático, o un inesperado desborde de los escándalos de corrupción que desde hace años sacuden las esferas gubernamentales y empresariales brasileñas, el ex presidente Luis Ignacio Lula da Silva, principal referente de la izquierda sudamericana, ha sido finalmente implicado, detenido, e interrogado.

La acción, que puede ir a mayores y ser un capítulo decisivo en la política brasileña, comenzó al amanecer del viernes, cuando en una desmesurada operación policiaca, en la cual participaron más de 200 efectivos de la Policía Federal, el presidente Luis Ignacio Lula da Silva fue arrestado, su vivienda allanada, y conducido a las dependencias de la policía, donde fue interrogado durante varias horas. Todo ello amparado en una orden librada por el juez federal Sergio Moro. 

La pregunta del momento es por qué un prestigioso ex presidente, de hecho la principal figura política del país y la más relevante personalidad de la izquierda sudamericana, que a lo largo de todos los escándalos ocurridos, tanto en su gobierno, como en los de su sustituta Dilma Rousseff, ha cooperado con la ley y prestado declaración cada vez que se le ha solicitado, es tratado de una forma brusca, radical, y desconsiderada.

El capítulo comenzado hoy y que amenaza con empujar la política brasileña a situaciones extremas, se desencadenó cuando la revista Istoé reveló un presunto acuerdo judicial mediante el cual el senador Delcio Amaral, detenido el pasado mes de noviembre por los escándalos de corrupción en PETROBAS, es dispensado a cambio de una delación que implica a Lula y a Dilma.

Aunque en Brasil todo acusado es inocente mientras no se pruebe lo contrario, y por su desempeño en la política nacional Lula merece el beneficio de la duda, es imposible ignorar el hecho de que el ambiente de corrupción generado en Petrobras, las principales constructoras del país, y más de veinte grandes empresas, que implican el desvió y apropiación fraudulenta de cifras astronómicas, se ha fomentado bajo los gobiernos del Partido del Trabajo, lo cual entre otras cosas, explica la sostenida pérdida de popularidad de la presidenta Rousseff.

La exagerada movilización policial ataviada con uniformes de campaña y armas de asalto, en una operación comenzada en la madrugada, en la cual los efectivos se hicieron acompañar por prensa y cámaras de televisión que reportaron el operativo en tiempo real, indican claramente la intención de desmesurar un hecho que por sí mismo tendría gran trascendencia.

En cualquier caso la reacción brasileña, amparada por el poder judicial y la fuerza pública, ha dado un paso decisivo en sus esfuerzos por desacreditar al gobierno y al Partido del Trabajo, y al actuar agresivamente contra Lula, la derecha conservadora a escala continental fuerza una nueva vuelta a la tuerca para revertir la actual situación política favorable a los movimientos populares. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de marzo de 2016


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