sábado, 12 de marzo de 2016

CUANDO DE PELOTA SE TRATA

Jorge Gómez Barata

Los dirigentes del béisbol cubano se parecen a los de la economía en que tratan de hacer las cosas de la misma manera y esperan resultados diferentes. Así no funciona.

Fidel Castro es un estratega que condujo los procesos sociales como las fuerzas y los medios en una sucesión de batallas de largo aliento. Junto a la educación y la salud pública, una de sus herramientas más eficaces para forjar el orgullo, la autoestima y la cohesión nacional y su mejor argumento en la confrontación social internacional, fueron los deportes que aportaron a Cuba más alegrías, respeto y prestigio que todas sus otras victorias juntas.

Ante las grandes potencias mundiales, incluida la Unión Soviética y los Estados Unidos frente a los cuales las armas y la economía cubana eran irrelevantes, usó los deportes. Tan lejos llegó que tuvo en Teófilo Stevenson un retador para el más brillante boxeador profesional de todos los tiempos, Casius Clay (Mohammed Ali) y capacidad para ganar y perder con el Baltimore de la MLB.

Aquel ciclo acabó porque, como toda la estructura social de la que formaba parte, resultó insostenible. No era económicamente viable y con el fin de la Unión Soviética cuando, junto con la asistencia económica, financiera y científico técnica, desaparecieron muchos referentes morales, sobrevino la crisis.

A todo ello se sumaron la enfermedad del líder y cerebro de la estrategia y la ineptitud de las autoridades deportivas nacionales que no solo no consiguieron reinventar el modelo, frenar o administrar el éxodo de los atletas, sino incluso para utilizar lo que queda.

Así llegamos a hoy donde con unos 500 peloteros cubanos activos en las ligas profesionales de todo el mundo, incluyendo alrededor de treinta en las Grandes Ligas Norteamericanas, desde hace unos diez años las selecciones nacionales cubanas pierden reiteradamente y en todas las categorías, con adversarios que deportivamente eran notoriamente inferiores.

El juego de béisbol de la Selección Nacional Cubana con el Tampa Bay, programado para el próximo día 22, asociado con la visita del presidente Barack Obama, no es un esfuerzo por revivir laureles cosa que, de ocurrir será en otra dimensión, sobre otras bases y a largo plazo, sino un modo para mostrar vigencia.

Lo peculiar del momento explica el grado de tensión que rodea al encuentro y que ha llevado a las autoridades del béisbol cubano a, por un juego de exhibición que se salda en una tarde, detener la Serie Nacional en su etapa más competitiva y emocionante, concentrar una preselección de 41 atletas que están en plena forma y una docena de técnicos para entrenarlos a puerta cerrada, sin lograr decidir quién será el manager.

Tal vez con algunos estrategas del béisbol cubano ocurre como aquellos soldados de la Guerra Fría que alguien olvidó desmovilizar. El béisbol cubano ya no es lo que era, ni sirve para lo que antes sirvió. Ahora volvió a ser un juego que, por cierto mueve mucho dinero. En cualquier caso. ¡Estamos en Grandes Ligas! Play Ball. Allá nos vemos.

La Habana, 12 de marzo de 2016


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