miércoles, 23 de marzo de 2016

IDENTIDADES POLÍTICAS

Jorge Gómez Barata

El curso de los acontecimientos políticos asociado a los avances de la izquierda latinoamericana, principalmente allí donde los discursos han sido más radicales, los avances más visibles, y más enconada la lucha, como en Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y Ecuador; va marcando una tendencia que, de hacerse efectiva, pudiera conducir a la reversión de lo alcanzado, y al retorno a los escenarios de descontento e inestabilidad.

La etapa del proceso político latinoamericano, iniciada en 1999 cuando Hugo Chávez alcanzó la presidencia de Venezuela, y que favoreció un accionar que llevó a la izquierda al poder en más de diez países, conducida por una excepcional generación de líderes populares electos, está en dificultades. 

Esa situación, derivada del fin de una etapa de bonanza económica, que debilita el apoyo popular y favorece la contraofensiva de la derecha conservadora apoyada por el imperialismo; así como de errores tácticos, definiciones programáticas erradas, y cálculos políticos fallidos, puede conllevar a otra oportunidad perdida.

Lo nuevo en este escenario es que, al alcanzar el poder en un crecido grupo de países, la izquierda latinoamericana no ha podido aprovechar la oportunidad para reforzar sus estructuras organizativas, y generar programas y consensos sociales sustentados en plataformas ideológicas avanzadas, que imbricándose con el progreso económico, consoliden el apoyo popular.

El pragmatismo, que es un componente que no debe faltar en las mentalidades políticas avanzadas, es un elemento esencial de la cultura, y de las tácticas y las estrategias políticas, pero por si solo no es suficiente. Para que la ideología revolucionaria se consolide se necesitan también ideales, doctrinas, y programas. Absolutizar uno o lo otro puede ser erróneo.

Se trata de una finísima dialéctica que tras el derrumbe del socialismo real y la obsolescencia de muchas de sus tesis y prácticas, requería de esfuerzos teóricos y debates conceptuales que no han estado presentes en los escenarios latinoamericanos, donde además no se han forjado herramientas para construirlos. En ningún país latinoamericano la izquierda ha utilizado el poder para refundar y fundar periódicos y revistas, crear estructuras políticas o partidos eficaces, capacitar a sus cuadros, o generar un ambiente crítico fecundo.  

Tal vez uno de los problemas del pensamiento político avanzado de hoy es el relativismo y la inconsecuencia ideológica y teórica. La izquierda de ahora no es liberal, marxista, comunista, ni socialista, tampoco socialdemócrata, y rechaza el calificativo de reformista, asumiendo un discurso que parece confundir la necesidad de ejercer un antimperialismo concreto, con una ambigua retórica anticapitalista.

Es difícil generalizar y establecer las causas de los reveses que experimenta la izquierda, cuya complejidad rebasa los límites del periodismo. Peor son las explicaciones simplistas que tratan de salir del paso sin mayores esfuerzos mentales, ni asumir debates y reflexiones necesarias, y sin reconocer y corregir errores, tanto tácticos como estratégicos. El riesgo a equivocarse tratando de desentrañar estos procesos es alto, pero más lo es el inmovilismo y la autocomplacencia. Allá nos vemos.

La Habana, 23 de marzo de 2016


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