jueves, 3 de marzo de 2016

INCINERAR CAPITAL POLITICO

Jorge Gómez Barata

El difícil camino recorrido por la izquierda para alcanzar el poder en varios países de América Latina y lo intenso de la confrontación con las fuerzas internas y externas, obliga a esfuerzos por consolidar lo alcanzado y sobre todo evitar retrocesos. El empeño excluye los excesos de confianza, el triunfalismo o las acciones cuyo carácter pongan en riesgo los avances logrados.

Cualquier empresa política en la cual exista la posibilidad de perder en lugar de ganar es mal negocio. Así ocurrió con el referéndum con el que Evo Morales intentó cambiar la Constitución que él mismo entronizó con el propósito de refundar el país y que requiere de un sólido consenso social y nacional, empeño que debe prevalecer sobre cualquier interés circunstancial. 

Incluso si como, en un momento infeliz defendió el vicepresidente Linera, “Hubieran vencido por un voto”, el resultado hubiera resultado igualmente negativo. Un país fracturado a causa de un ejercicio electoral, también era un resultado lamentable.

Debido a un mal cálculo, en cuestión de horas, Evo Morales, probablemente el más popular de los gobernantes sudamericanos, incineró un capital político acumulado en una década de excelente gestión. Un riesgo político de semejante envergadura solo tiene sentido cuando es la única alternativa. No era el caso.

Catorce años al frente del gobierno que se cumplirán cuando en 2019 deje la presidencia, parece tiempo suficiente para evaluar e implementar otras opciones, entre ellas identificar y promover candidatos que renueven el activo de la causa popular.

Al liderazgo del Movimiento al Socialismo, (MAS), parece haberle faltado visión de profundidad y coherencia para hacer prevalecer la estrategia sobre la táctica y los objetivos generales de un proyecto político exitoso que no debió arriesgarse en una aventura cuyos resultados eran previsibles.

El hecho de que tanto Evo Morales como Linera y el resto de la dirección política  no percibieran el riesgo y llegaran a pronosticar una victoria con el setenta por ciento, puede indicar incapacidad para leer los datos de la realidad, incluyendo la situación al interior de los sectores populares y su propio partido.

En las horas decisivas cuando se contaban los votos, tanto el presidente como su vicepresidente, repitieron que, ante el revés en las principales zonas urbanas,  confiaban en allegar los votos del campo y las regiones apartadas y de los bolivianos residentes en el exterior, con lo cual se reconoce una situación que no habilitaba para una consulta semejante.

Por importante que sean las poblaciones rurales apartadas y los núcleos en el extranjero, lo cierto es que en las áreas urbanas es donde se concentran los principales destacamentos de la clase obrera, las clases medias, la intelectualidad y la mayoría de los empresarios y profesionales, sin cuyo apoyo, difícilmente algún proyecto político nacional puede proponerse pruebas semejantes.

No obstante, restan casi tras años para la próxima consulta electoral y, aunque la venganza de la reacción es feroz, hay tiempo para recomponer las filas, restructurar los proyectos, trabajar con amplios sectores e identificar candidatos ganadores. Ninguno será Evo Morales pero habrá quien pueda hacer el trabajo. La idea de los liderazgos insustituibles, no es una buena premisa. Allá nos vemos.

La Habana, 03 de marzo de 2016


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