lunes, 28 de marzo de 2016

LA POLITICA Y LAS PALABRAS

Jorge Gómez Barata 

Quien asuma que en la política las palabras no importan, no sabe lo que hace u oculta evidencias. Las ideas, los programas, las consignas y las metas son su ABC y los discursos el modo de expresarse. Las palabras pronunciadas por Barack Obama, el 22 de marzo en La Habana son un parteaguas. 

En un país de grandes oradores y donde los discursos son parte esencial de la cultura y de la práctica política, parecía difícil que algún forastero pudiera subir la parada. Eso fue lo que hizo el presidente estadounidense en el teatro Alicia Alonso ante una élite de la sociedad habanera que atenta y entrenada para captar matices lo disfrutó. Entre los presentes estuvo el presidente Raúl Castro quien aplaudió, cosa que nunca lo hace por compromiso.

El comienzo no puedo ser mejor escogido ni más impactante. El desenvuelto orador arrancó citando el más famoso de los versos del héroe nacional cubano, un fragmento que todos los lugareños recitaron alguna vez: “Cultivo una rosa blanca…"* A renglón seguido explicó que: “En su más célebre poema, José Martí hizo esta oferta de amistad y paz tanto a amigos como enemigos. Hoy, como Presidente de los Estados Unidos de América yo le ofrezco al pueblo cubano el saludo de paz”.

Son palabras que ningún cubano pensó escuchar jamás, sorprenden, emocionan, cambian la historia y justifican el aplauso con que fueron acogidas.

Seguidamente dijo cosas que los presentes conocían pero que viniendo de él asumieron un significado trascendental. Para llegar a La Habana ―contó Obama― tuvo que pasar “por encima de barreras históricas e ideológicas” y volar sobre aguas que más de cien años atrás fueron surcadas por acorazados que acudieron a “…Liberar a Cuba pero también para ejercer el control sobre ella…”

Con este pasaje, el mandatario estadounidense, aludió a la guerra entre España y los Estados Unidos librada en 1898 que, ciertamente comenzó al amparo de una Resolución del Congreso norteño mediante la cual se reconocía el derecho de Cuba a la libertad y la independencia, y terminó con la ocupación militar y la imposición de la Enmienda Platt que consagró la dependencia de la Isla a Estados Unidos.

Ningún político norteamericano, mucho menos de su jerarquía había reconocido ese evento en su integralidad ni mencionado con toda claridad sus luces y sombras.

Seguidamente el visitante, cuyo respetuoso, moderado y amistosos comportamiento agradó a los cubanos, dio carácter personal a sus palabras refiriendo hechos que convirtió en símbolos y argumentos. La Revolución Cubana ―comentó― triunfó en 1959, el mismo año en que su padre llegó a Estados Unidos desde Kenya, nació en 1961, año del episodio de bahía de Cochinos, el año antes de la Crisis de los Misiles de 1962, momento en que el mundo estuvo más cerca del holocausto nuclear.

Seguidamente expuso una verdad de Perogrullo, aunque verdad al fin: “Con el paso de las décadas nuestros gobiernos se quedaron estancados en una confrontación aparentemente interminable…” El corolario de esa afirmación lo consagra ante la historia de Cuba y excusa cualquier equivoco o carencia en la que, su discurso pueda haber incurrido: “…Yo he venido aquí a enterrar los últimos remanentes de la Guerra Fría en las Américas…He venido aquí a extender una mano de amistad al pueblo cubano…”

Obama recordó algo que los estadounidenses suelen pasar por alto. Estados Unidos, como Cuba es un país del Nuevo mundo y la única ex colonia que ascendió a potencia mundial. De haberse comportado de otra manera y realizado con otro estilo su política hemisférica, Estados Unidos hubiera podido ser él orgullo de América y no su adversario. Tal vez Obama cree que hay tiempo para rectificar. Lamentablemente a él se le termina. 

Como quien desgrana las frases, Obama avanzo y sin un sola palabra ofensiva, sin asumir poses imperiales y sin perder la computa del convidado, en consonancia con su credo ideológico y sus concepciones, tan respetables como las del auditorio, dijo lo que pensaba acerca de la evolución de futura de Cuba y reconoció carencias y defectos de país, indicando como cree él que ha sido posible subsanarlos.

En la política las palabras sirven también para manipulación y la demagogia, para los extremismos verbales y para asumir posiciones complacientes. Se utilizan para defender equívocos y promover pasiones. Pero son verdaderamente útiles cuando son honestas y moderadas, sirven a la causa de la paz y al entendimiento y son herramientas para el dialogo.

En cualquier caso la visita de Barack Obama, fue un gran momento, un evento político trascendental, un hito en la historia política de Cuba. Tal como hice el 17 de diciembre de 2014, aplaudí frente al televisor, por cierto en el mismo momento en que lo hacía el presidente Raúl Castro cuya presencia en el teatro es un dato relevante. Allá nos vemos.

La Habana, 28 de marzo de 2016


No hay comentarios:

Publicar un comentario