jueves, 24 de marzo de 2016

UN DIA SIN ESTADOS UNIDOS

Jorge Gómez Barata

Por una extraña paradoja, mientras más intentó distanciarse y aislar a Cuba, Estados Unidos estuvo más vigente en ella. Fue para mal. Durante medio siglo diez presidentes, que condujeron catorce administraciones, hicieron lo que el “perro del hortelano”, no lograron sus objetivos ni permitieron a los cubanos alcanzar los suyos.

La incongruencia fue de doble vía. La política latinoamericana y africana de Estados Unidos se volvió rehén del diferendo con Cuba, mientras que Miami se hizo “castrodependiente”. Alguien propuso: “Hagamos un trato con Fidel. Él nos devuelve Miami y nosotros le entregamos Guantánamo” Todo fue un enorme desperdicio de tiempo, recursos, y esfuerzos, hasta que: “Llegó Obama y mandó a parar”.

Si bien Estados Unidos constituyó un adversario super poderoso, Fidel Castro fue más que una piedra en el zapato. Un contendiente que llegó a plantarle más de cuarenta misiles nucleares a tiro de escopeta, convirtió la cordillera de los Andes, las selvas centroamericanas y los páramos americanos en una virtual Sierra Maestra; le arrebató Angola, apoyó la independencia de Namibia y otros países, y contribuyó al fin del apartheid en Sudáfrica.

La Revolución Cubana estimuló a John F. Kennedy para lanzar la Alianza para el Progreso, con lo cual indirectamente favoreció a América Latina, y obligó a la CIA y al Pentágono a diseñar una estrategia de contrainsurgencia a escala continental. En el siglo XXI América Latina plantó cara a la OEA: “Regresa Cuba o nos vamos nosotros”. La resolución por la cual la Isla había sido expulsada fue anulada y se le invitó a la Cumbre de Las Américas.

Tan asfixiante llegó a ser la incidencia estadounidense en la vida nacional cubana, que muchos suspiramos porque hubiera “un día sin Estados Unidos”. El momento está llegando, no porque ambos países se alejen, sino porque se acercan. ¡Cosas de la dialéctica! 

De lo que se trata ahora es de avanzar para convertir las intenciones mostradas por las partes en realizaciones eficaces. Para ello es preciso despachar enormes volúmenes de trabajo. Negociar acuerdos específicos, poner en marcha proyectos, crear infraestructuras, procurar financiamientos, realizar inversiones, y avanzar. Parafraseando una patriótica sentencia, “Cada día que no se avance será un día perdido”.   

Tal vez, al cesar la hostilidad y el bloqueo haya un amanecer sin críticas, elogios, ni temores que impliquen a Estados Unidos. Quizás algún día los comunicadores e ideólogos se abstengan de aplausos y diatribas, omitan tiroteos y la violencia policial, no dramaticen crisis bursátiles ni incendios forestales y no magnifiquen el Premio Óscar. 

No hace falta aislarse de Estados Unidos. No es posible ni deseable. Es preciso saber y conocer de ellos, cultivar la amistad y aprovechar sus logros. No obstante, un día sin aludirlos sería providencial. No es mucho pedir. Se trata de un día. Solo eso. ¡Un día sin Estados Unidos!  Allá nos vemos.

La Habana, 24 de marzo de 2016

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