viernes, 1 de abril de 2016

Lo que la izquierda occidental no se ve de Cuba

Por Carlos Martínez y Tim Anderson

Obama durante su visita a La Habana | Foto: EFE

teleSUR 31 marzo 2016

El cambio en la política de Estados Unidos no constituye un hito de la presencia de ningún tipo de aprecio recién descubierto por parte de Washington con respecto al socialismo cubano

Los últimos cambios en Cuba son mal interpretados por muchos comentaristas occidentales de izquierda, quienes, al igual que otros expertos occidentales, son absorbidos por la lógica del capital occidental y prestan poca atención a la historia de la resistencia cubana.

Así vemos que suenan las campanas de alarma acerca ‘del fin de la Revolución’, debido a una avalancha de turistas e inversionistas estadounidenses que llegan a la isla. Esto corromperá y destruirá al socialismo cubano, aseveran. Algunos incluso afirman que existe una ‘fractura’ entre Fidel y Raúl Castro. Después de todo, Raúl era Jefe de Estado cuando las relaciones con los EE.UU. comenzaron a normalizarse, y ahora Fidel ha escrito críticamente sobre la visita de Obama – ‘denunciando’ la visita, como fue falazmente reportado por gran parte de los medios estadounidenses.

Es evidente que el cambio en la política de Estados Unidos no constituye un hito de la presencia de ningún tipo de aprecio recién descubierto por parte de Washington con respecto al socialismo cubano. Más bien es un reconocimiento de que fracasó completamente la estrategia de sanciones y aislamiento en su intento de aniquilar por hambre a las masas cubanas o provocar que se levanten en contra de la Revolución. Como Barack Obama planteó al comienzo del proceso de normalización a finales de 2014: ‘Estos 50 años han demostrado que el aislamiento no ha funcionado. Es hora de un nuevo enfoque’. El ‘Plan B’, de enterrar a Cuba en la conmoción de los consumidores y ' la libertad americana', siempre ha existido.

El intento de los Estados Unidos de lograr ‘un cambio de régimen’ por medio del aislamiento ha sido un fracaso total, al igual que la invasión de Playa Girón de 1961, la cadena de intentos de asesinar al Comandante en Jefe, el patrocinio de grupos terroristas, y la intensiva propaganda anticomunista fuera y dentro de la isla. Ahora los medios occidentales maldicen el abandono por los EE.UU. de su política de bloqueo debido a la apertura’ de Cuba al mundo.

De hecho, fue la diplomacia intransigente de Cuba en la ONU, y durante su presidencia en  la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC del 2013: las 33 naciones y su  bloque de 600 millones de personas excluyendo a  los EE.UU. y Canadá),  los que catalizaron el cambio de política de Obama. Se ha virado la tortilla: los EE.UU. son los que ahora se encuentran aislados en las Américas.

El paso dado por los EE.UU hacia la normalización y el desmontaje del bloqueo económico representa, ante todo, una victoria histórica para Cuba. El fracaso de la política de aislamiento es un homenaje a la resiliencia, el heroísmo y la creatividad del pueblo cubano, combinado con su dirección política decidida y astuta.

Tengan en cuenta que esto es una concesión unilateral por parte de Washington. Cuba no ha cambiado sus políticas internas. No hay ningún cambio en la Ley de Inversión Extranjera de Cuba de 1995, creada para facilitar las empresas mixtas. Las más recientes reformas económicas de Cuba fueron impulsadas ​​por necesidad interna, y comenzaron varios años antes del reciente cambio en la política de Washington. Los EE.UU. quieren algo de ‘quid pro quo’, pero Cuba no ve la ‘normalización’ de esa manera.

La posición expresada por Fidel durante décadas y mantenido por Raúl hoy en día es simplemente que: el bloqueo debe cesar. Es deseable y necesario que vivamos con nuestros vecinos en alguna forma de convivencia basados en el derecho internacional. Muchos izquierdistas occidentales no han entendido esto.

Es obvio que el imperialismo nunca renuncia a su hostilidad hacia cualquier país socialista, progresista o independiente. Existe un conflicto de siglos entre una potencia imperial y un estado independiente. Historiadores cubanos plantean que este conflicto antecede a la Revolución y que Washington ha tenido ambiciones anexionistas hacia Cuba desde hace dos siglos.

A pesar de esto, Cuba nunca cerró la puerta a las relaciones con los EE.UU. Fue Washington quien impuso amenazas, sanciones, bloqueos, desestabilizaciones y agresiones. Cuba no le debe nada a los Estados Unidos por haber quitado estas agresiones. La normalización política y el fin del bloqueo (sin hablar de la libertad de los Cinco) han sido las principales demandas de Cuba y sus partidarios durante décadas. Es absurdo no reconocer la importancia de estos avances.

Ciertamente, quedan preguntas importantes: ¿Cómo la normalización con los EE.UU. va a favorecer las actividades contrarrevolucionarias? ¿Cuál será el impacto cultural? ¿Cuáles serían los controles necesarios sobre los inversores extranjeros? Estas cosas son bien conocidas por el liderazgo cubano, que ha lidiado con ellos durante muchos años.

Sin embargo, Cuba necesita capital, tecnología y técnicas de gestión de otros países desarrollados. Para un país relativamente pobre en recursos naturales, el bloqueo hace el desarrollo económico extremadamente difícil; crea una grave escasez de medicamentos, alimentos, materias primas, energía, y materiales industriales. Se trata de una enorme barrera para   acceder a la tecnología moderna y el capital extranjero. También hace más difícil el desarrollo de los mercados extranjeros para los productos cubanos, que a su vez limita las industrias locales (tales como productos farmacéuticos) y de divisas. Poner fin al bloqueo siempre ha sido un objetivo clave cubana. El país nunca ha querido el aislamiento.

La Habana está en condiciones de enfrentar los nuevos retos que la ‘normalización’ traerá. Sus excelentes relaciones con Venezuela, Brasil, China y Rusia ayudarán a asegurar que los EE.UU. no serán capaces de dominar el sistema de inversión extranjera por empresas mixtas en Cuba. La dirección revolucionaria tiene experiencia, principios, honestidad, es vigilante, y con profundas raíces en su pueblo. Están alertas a los planes de Estados Unidos. Como dice Fidel en su reciente comentario:

"Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”.

Cuba superara los peligros de la normalización, utilizando la misma fortaleza con la que ha sido capaz de sobrevivir a todo lo que su vecino del norte ha lanzado a lo largo de los últimos 57 años. La normalización con los EE.UU., lejos de la capitulación, es una gran victoria. Cuba no renunció ni a un solo principio. Es un testimonio de la resistencia y el heroísmo del pueblo cubano. ¡Qué viva Cuba!


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