domingo, 8 de mayo de 2016

LA POLÍTICA Y LA GENTE

Jorge Gómez Barata

Desde que apareció la democracia moderna y Abram Lincoln proclamó el ideal del “…Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo…” y José Martí “…La Republica con todos y para el bien de todos…”, la política se hace para la gente, aunque en ninguna parte la gente hace la política. En su nombre la realizan políticos profesionales.

El cometido esencial de la política, entendida como ejercicio del poder y la administración de los asuntos públicos en interés del pueblo soberano, tropieza con que es ejercida por individuos que incorporan sus percepciones, sus modos de concebir las realidades, sus intereses, virtudes y mezquindades.

Descartando la corrupción, el papel negativo de los medios y del dinero, la demagogia, el autoritarismo, y el intervencionismo que deforman y pervierten la política, la democracia es portadora de una contradicción. Dado que no es practicable de modo directo, necesita de la representación que la hace viable, y a la vez crea condiciones para todo tipo de deformaciones, la más importante de ellas es la usurpación del poder del pueblo.

La imposibilidad de que el pueblo ejerza directamente el poder y lo haga por medio de representantes electos no hace inviable la democracia, aunque dificulta su ejercicio. En la búsqueda de soluciones a esa problemática funcional, en diferentes momentos y lugares se han ideado fórmulas más o menos eficaces, que explican las variadas formas de gobierno.

En Europa, por ejemplo, la mayoría de los países han preferido las democracias parlamentarias, mientras en Estados Unidos, Iberoamérica, y muchos países africanos se han decidido por los regímenes presidencialistas.

Los estados afroasiáticos surgidos de la descolonización y fundados por los movimientos de liberación nacional eligieron uno u otro sistema, y los países ex socialistas de Europa Oriental aplicaron un parlamentarismo mediatizado por la relevancia concedida al Partido Comunista. En el Oriente Medio hubo pocos avances en materia institucional, y salvó ciertas etapas, la democracia ha estado virtualmente ausente.

En materia de desarrollo democrático lo verdaderamente importante no es el modelo elegido, ni el modo como se conjugue con los liderazgos personales, sino la fortaleza y la vigencia de la legalidad, y la presencia de instituciones capaces de garantizar que, bajo cualquier formato, prevalezca razonablemente el principio de soberanía popular.

Obviamente existen diferentes formas de gobierno, modelos democráticos, y enfoques constitucionales que hacen las diferencias entre unos y otros países. Lo preocupante no es que en algunos lugares la democracia esté poco desarrollada o presente limitaciones, sino el desconocimiento de la soberanía popular, que da lugar a la ausencia total de ella.  

 Aun en los países que reúnen mayores requisitos democráticos y existen sistemas políticos regidos por constituciones y leyes, los gobernantes son electos a tenor con ellas, y mediante el voto universal y secreto, los poderes están separados, y existen instituciones capaces de regular el funcionamiento del sistema; es preciso trabajar por el perfeccionamiento de la democracia, que es la mayor aspiración política de cada país y de la humanidad en su conjunto. 

La democracia, como la virtud, la fe, la moral y otras cualidades humanas que se expresan y se ejercen a nivel social, son favorecidas o victimizadas por la existencia del Derecho y el ejercicio de la política, que constituyen un conjunto de herramientas idóneas para realizar sus más altas ideas.

La democracia es fruto del progreso, la categoría sociológica más trascendental y el bien más preciado de las sociedades, pero suele ser víctima apetecible para equívocos que la deforman. Así ocurre con las actitudes demagógicas de quienes la ejercen falsamente, y de sátrapas, que a base de la fuerza la niegan.

Los mejores promotores de la democracia son los revolucionarios, los hombres de ideas y de fe, los pensadores avanzados, y los líderes auténticos que luchan por dar al pueblo las mayores cuotas de poder. Allá nos vemos.

La Habana, 08 de mayo de 2016


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