miércoles, 29 de junio de 2016

INTEGRACION Y CIVILIZACION

Jorge Gómez Barata

El estado/nación, característico de la Era Moderna, apareció como parte del proceso civilizatorio asumiendo la forma de monarquías absolutas en Europa y de repúblicas en los Estados Unidos e Iberoamérica.

En algunos lugares del Viejo Continente, el proceso fue mediado por circunstancias que dieron lugar a estados multinacionales como los de España y Bélgica y por situaciones como las de Irlanda y Escocia, típicamente coloniales. En Alemania e Italia la unificación nacional fue tardía y en Rusia, Turquía, y Austria-Hungría, los imperios sobrevivieron hasta el siglo XX. En algunos de estos episodios influyeron las guerras napoleónicas.

En los siglos XVIII, XIX y XX, como parte de proyectos políticos concretos, se desplegaron empeños unificadores. El único exitoso fue el de la creación de los Estados Unidos. A pesar de ser notables, los esfuerzos de Bolívar no fructificaron, aunque, con la formación de la Gran Colombia y las Provincias Unidas de Centroamérica, establecieron antecedentes. Aunque fallido, fue notable el esfuerzo bolchevique que dio lugar a la creación de la Unión Soviética y en Oriente Medio se formó la República Árabe Unida.

Con los estados nacionales aparecieron el nacionalismo y el patriotismo que, aunque con fecha de caducidad, arraigaron profundamente, creando situaciones que favorecieron el aislacionismo, el proteccionismo y se hizo necesario un derecho internacional apropiado a esas circunstancias, plasmado en la carta de la ONU.

Como parte de aquellos procesos se gestaron anomalías como el chovinismo, el fascismo y la insólita perspectiva de algunos países que reclaman para sí un status de excepcionalidad providencial.

Esas condiciones comenzaron a cambiar con la aparición de la Unión Soviética que trató de reunir bajo una misma bandera y status a alrededor de 30 naciones y decenas de nacionalidades. En la posguerra cobró impulso la idea y la necesidad de la Unión Europea.

A diferencia de lo que ocurre en latinoamericana, la Unión Europea no es un proyecto integracionista de la izquierda, como tampoco lo es la globalización, sino que se trata de momentos del proceso civilizatorio, surgidos de modo más o menos natural y por lo general, ajenos a la política pequeña.

Tal vez por esas circunstancias, la defección de Gran Bretaña es tan inexplicable como significativa y de alguna manera evidencia una marcha atrás en la historia, no solo política sino económica y social de una Europa que ha recorrido todos los caminos. Es difícil imaginar qué buscan los ingleses al separarse de la corriente general y saber qué pretenden encontrar en el aislacionismo y el exclusivismo.

No se trata de presentar a la Unión Europea como una panacea, sino de tomar nota de que se trata de un paso en la andadura de la humanidad que se mueve en la dirección de la integración y la globalización, que son además la única alternativa para enfrentar los crecientes problemas planetarios.

Con su desarrollo, cultura y recursos, Gran Bretaña pudiera contribuir poderosamente a tales procesos, pero no puede hacerlo dando paso al costado ni apostando por fórmulas arcaicas. En cualquier caso, el daño está hecho y no parece haber alternativas. Allá nos vemos.

La Habana, 29 de junio de 2016


No hay comentarios:

Publicar un comentario