jueves, 9 de junio de 2016

LAS CLASES MEDIAS AHORA

Jorge Gómez Barata

En Venezuela y otros países de América Latina, al llegar al poder, la Nueva Izquierda hace más que los gobiernos precedentes, pero menos de lo que promete o se espera de ella.

Una extraña explicación, superficial hasta lo insólito, atribuye la merma de  popularidad de los líderes de la izquierda al hecho de que, al crear empleos y promover el progreso, los pobres se convierten en “clase media”, piensan y actúan como ellas, reclaman como tales, y se alían con las élites. Todo eso es obviamente falso.

De ser así Fidel Castro no hubiera durado cinco años, tampoco los bolcheviques y los partidarios de Mao Zedong se habrían consolidado en el poder, y los coreanos no hubieran resistido como lo hicieron. Las explicaciones son otras y son visibles.

Es ocioso reiterar que en el mundo de hoy, como en el de hace mucho tiempo, los movimientos políticos al estilo de las “revoluciones proletarias”, que nunca tuvieron vigencia en el Tercer Mundo, han sido completamente trascendidos. En América Latina, ni en ninguna otra parte puede emprenderse un movimiento social importante sin las clases medias.

Desde las luchas por la independencia en el Nuevo Mundo, realizadas al amparo del pensamiento liberal avanzado y conducidas por líderes ilustrados de familias acomodadas, que desde George Washington en Norteamérica, a Carlos Manuel de Céspedes en Cuba, fueron dueños de esclavos; los grandes movimientos políticos son de índole nacional, no de clases.

Ningún evento de las dimensiones y el calado de los emprendidos por la Nueva Izquierda latinoamericana, en ninguno de los países, mucho menos en aquellos que cuentan con una numerosa clase media, pueden prescindir de tales sectores. 

De este estamento social forman parte los trabajadores urbanos y rurales con ingresos medios y elevados, los ejecutivos y empleados de alto rango de las grandes empresas nacionales y extranjeras, los dueños de pequeñas y medianas empresas, fincas o parcelas, los maestros y profesores, el estudiantado universitario; así como médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, periodistas, escritores y artistas.

Esas capas también incluyen a diplomáticos, militares y los empleados públicos con algún rango. En todos los casos se suman los familiares.

No solo se trata del estrato social más numeroso, sino del que es cualitativamente más significativo. Con diferentes grados de protagonismos operan la economía, forman la burocracia estatal y empresarial, manejan los medios de difusión masiva, la cultura, la publicidad, la educación, los centros de investigación científica, la administración de justicia, y son imprescindibles para cualquier proyecto político avanzado.

La lucha contra la pobreza y la exclusión, núcleos del discurso de la Nueva Izquierda, solo puede realizarse cuando logra sumar a la mayor parte de la sociedad. Para eso se necesitan estrategias, tácticas, programas, ideas innovadoras y capacidad para dialogar con la sociedad entera. La concepción no es nueva, así se hizo la independencia. Con los pobres no basta. La revolución necesita a las clases medias. Ignorarlo es suicida.  Allá nos vemos.

La Habana, 09 de junio de 2016


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