sábado, 23 de julio de 2016

ALGUNOS ASUNTOS IMPORTANTES PARA LA EDUCACIÓN CUBANA ACTUAL

ESTEBAN MORALES

UNEAC

Si me preguntaran cual es la obra cumbre de la Revolución Cubana, diría que es la   educacional. Integralmente considerada: educación, ciencia e investigación.

En estos días, al concluir el curso, se conversa mucho sobre la educación, tanto superior como general. Se revisa el trabajo, se valoran los logros y las deficiencias. Sé trazan planes para el futuro. Todo con mucho rigor y dedicación.

Soy un enamorado del tema educacional, al mismo he dedicado toda mi vida  y me habría gustado participar en esas reuniones. Como no me fue posible estar presente,  aquí despliego algunas ideas que son parte de mis preocupaciones permanentes. Espero les sean útiles a quienes se tomen el trabajo de leerlas.

Tener un pueblo bastante preparado culturalmente hablando,  más de un 10% de personas con título universitario  y un promedio de escolaridad general  casi por encima de nueva grados, junto a la no existencia de analfabetismo, incluso funcional, ha representado contar con  un escudo protector de nuestro proyecto de nación revolucionaria, soberana e independiente.

Como dijo nuestro aposto José Martí, “La ignorancia mata a los pueblos y es preciso matar la ignorancia”.  Y agregaba,  “Ser cultos para ser libres”. El  Apóstol continúa siendo una inagotable fuente de inspiración en nuestro  trabajo educacional.

Pero una educación, que se proponga hacer  sostenible  y sistemática su acción  mejoradora y emancipadora  sobre las masas del pueblo, deberá ser continuamente perfeccionada.

De aquí que sea insoslayable continuar  su proceso de perfeccionamiento. En el contexto específico de la sociedad cubana,  considero hay  varias tareas que  son exigidas por ese proceso:

-          Perfeccionar  los currículos  educacionales en términos de su integralidad y continua modernización.

-          Educar  teniendo como objetivo que la educación llegue sistemática e integralmente a todos los sectores poblacionales.

-          Ejercer la labor educacional teniendo como  uno de sus objetivos  centrales la lucha contra todo vestigio de discriminación: racial, sexual, religiosa, de origen nacional, etc.

-          Hacer de la enseñanza de la historia patria centro de la formación humanista y cultural de todos los educandos.

-          Educar teniendo como premisa preparar para la vida. Con lo cual la práctica de la investigación y el debate científico adoptan una función primordial.

De todos los asuntos antes planteados y exigidos, para decir que impartimos una buena educación,  pienso que  aun en nuestro  País, presentamos insuficiencias en dos cuestiones  fundamentales:

1.      La preparación cultural de los educandos creo  es deficiente, al no contemplar de manera suficiente en nuestros currículos educacionales, los  conocimientos sobre África, Asia, Medio Oriente y el Caribe. Lo cual trae como resultado que la comprensión de nuestras raíces culturales  sea incompleta.

2.      Siendo Cuba una sociedad “multirracial”, o  más bien “multicolor”, la explicación científica  de ese fenómeno, está aún  ausente de nuestras aulas. Como educar dentro de una sociedad “multicolor “sin introducir el color en la educación.

Por tales motivos, yo diría, que viviendo aun dentro de una sociedad de “hegemonía blanca”, asunto, que venido de la colonización esclavista,  no puede ser  superado en tan corto plazo de tiempo,  entonces,  al no mencionar el color,  en la práctica,  educamos para el color hegemónico,  y no  suficientemente para ser cubanos. Es decir, en la práctica educamos para ser blancos. Tal vez no seamos conscientes de ello, pero ello  tiene lugar con una lógica infalible. Teniendo que quebrar los basamentos en que esa lógica se asienta.

Considero que no debiéramos educar para ningún color. Pero en nuestro país, el color existe y  la discriminación por el color también, y  aunque no lo aceptemos, todavía entre nosotros,  el color es una variable de diferenciación social y  como tal funciona, aunque nos neguemos a reconocerlo. Tratándose de una disfuncionalidad social o de una forma de funcionamiento que aún no responde a los cánones de la sociedad que deseamos  construir.

Además, al dejar ese asunto  del color,  al margen de la educación que impartimos, no estamos preparando a nuestros jóvenes para que enfrenten los prejuicios del color,  que se hayan aun  fuertemente enraizados en la sociedad, la familia en particular y  nuestra cultura en general. La cultura que nos llega del colonialismo, es una cultura racista. Y aun debemos trabajar mucho para  liberarla  de sus  inconvenientes.

Decía Don Fernando Ortiz, nuestro  segundo descubridor y antropólogo mayor, que Cuba es un  “ajiaco”. Pero no resulta obsoleto reconocer, que a ese caldo le quedan aún dentro muchas carnes y viandas, que necesitamos todavía revolverlas  fuertemente al fuego,  para que terminen de ablandarse;  por lo que  entonces  nuestra identidad,  sigue siendo un fenómeno que se construye todos los días. No tratándose de algo que podamos  ya dar por terminado.

Nuestra cultura tiene un alto nivel de integralidad y  de consolidación, pero como toda cultura, tiene aún sus lados oscuros que deben ser perfeccionados. No se trata simplemente de un asunto de blancos y negros, sino de toda la sociedad.

 Somos una sociedad joven, venida de un sistema colonial esclavista y  neocolonial, donde aún los vestigios de la esclavitud se pasean por nuestras calles, plazas y barrios. Tomando   cuerpo en la pobreza, las desigualdades, los estereotipos y  los prejuicios que aún  no hemos logrado superar;  en las insuficiencias que dimanan de ella;  en las imperfecciones de una sociedad que aún es capaz de alimentarlas. Deviniendo todo ello no en simples lastres del pasado, sino en problemas que nos amenazan y  agreden  desde el presente.

Es cierto que nuestros medios hacen ya un esfuerzo por superar el problema. En particular la televisión, la prensa, el cine y otras manifestaciones artísticas, pero las  deudas   son  aún son muy grandes. Porque nos  demoramos en tratar el asunto, resultado de que las prioridades de la lucha por la seguridad nacional, las agresiones contra Cuba y una política social extraordinariamente humanista, que solo priorizo la pobreza y no trato el color,  nos hicieron creer idealistamente que los  problemas relativos a la discriminación racial y el racismo  se solucionarían por sí mismos.

Sobre todo, nos resta aún mucho por  trabajar con  la integralidad y sistematicidad que los  problemas exigen.

Un asunto de vital importancia, lo es la enseñanza de la Historia. Donde en nuestro libros, deben quedar reflejados,  todos los colores, que construyeron esta nación. Historia  en la que todavía hacemos “voto de silencio”  sobre acontecimientos de nuestro devenir   que aún  no son estudiados a fondo, como por ejemplo, La llamada “Guerrita de 1912” o La Conspiración de Aponte, temas que durante mucho tiempo,  apenas  ha sido  tratado por nuestros historiadores.

Sobre el tema racial, nuestra prensa actual aún no ha logrado  igualar la presencia que este  tenía en la década de los años veinte y treinta. Cuándo el tema era bastante debatido y muchos periodistas-incluso negros- trataban el asunto abiertamente. Observándose entonces  un debate social, cuyo nivel aun no logrado alcanzar. A pesar de que en los últimos años lo hemos retomado el tema racial a nivel académico y se ha recomenzado un debate que lo  trae a flote con creciente frecuencia.

Diríamos que el tema racial no es un asunto “Del malecón para afuera”, es parte de nuestra compleja realidad social interna. Tratándose  de algo que nos afecta, nos divide, complica el proceso de consolidación del proyecto social de la revolución y deviene, por tanto, en potencial instrumento de una diplomacia subversiva contra Cuba. Formando parte del proyecto de desestabilización interna, que aun en medio del cambio de política, proclamado por  el presidente Obama el 17 D, tiene su continuidad  en la agresividad cultural que se despliega hoy contra la sociedad Cubana.

La Habana, Junio 30 del 2016


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