miércoles, 20 de julio de 2016

ATAJOS Y EQUIVOCOS

Jorge Gómez Barata

No tengo dudas de que, unos países primeros que otros, llegaran al socialismo. También estoy convencido de que ninguno lo hará por un atajo. Como previo Marx se trata de un nivel de desarrollo económico y social que se alcanza y no de un modelo político que se implante a voluntad.

Existen elementos de la izquierda que asumen de oficio un erróneo enfoque según el cual, lo que es malo para el capitalismo es bueno para los movimientos populares, benéficos para los países tercermundistas y avances en la dirección socialista. De ahí que se animen cuando sobre Estados Unidos se abate una crisis económica, prosperan los movimientos separatistas o la Unión Europea afronta dificultades.

Aunque estos elementos apenas tuvieron contactos doctrinarios con interpretaciones descontinuadas que asociaban una presunta “crisis general del capitalismo” con el triunfo de movimientos proletarios, persiste cierta creencia en que el advenimiento del socialismo pudiera estar ligado a una debacle en los países desarrollados, lo cual es inconsistente con el marxismo.

Tal reacción se expresó recientemente cuando ante enormes dificultades económicas, Grecia estuvo a punto de salir o ser excluida de la zona euro, incluso de la Unión Europea, en un lamentable fenómeno denominado Grexit.

Ante las maniobras del partido SYRYZA y su líder y primer ministro griego, Alexis Tsipras, se expusieron diversas opiniones y aparecieron admiradores de Yanis Varoufakis, ministro de economía, ponente de un enfoque radical, quien abandonó el gobierno. En ese contexto, algunos análisis criticaron duramente a Tsipras por haber evitado la salida de Grecia de la zona euro y de la Unión Europea.

Aunque con alguna moderación, tales análisis se actualizan con el Brexit, o salida de Gran Bretaña de la Unión Europea asumida como si constituyera un fracaso que puede debilitar al capitalismo y no como lo que realmente es; resultado de irresponsables manipulaciones que dañan al mayor y más exitoso proyecto de integración económica y política alcanzado por la humanidad cuyo perjuicio no beneficia a ningún país.

En el colmo del subjetivismo, ciertos analistas han inventado otra quimera el llamado LEXIT, contracción en idioma ingles de las palabras “izquierda” y “salida” para insinuar la posibilidad de salir de la Unión Europea por la “izquierda”, es decir como parte de movimientos que avancen al socialismo.

La verdad es que los procesos de integración que siglos atrás y más recientemente en Europa y otros continentes pusieron fin a la fragmentación feudal y dieron lugar a la formación de los estados nacionales, constituyen grandes realizaciones humanas que, aunque en ocasiones asumieron formas políticas, son en realidad parte del progreso de la convivencia de la especie humana.

Si bien en algunos casos esas realizaciones se frustraron como ocurrió con la Unión Soviética, Checoslovaquia y Yugoslavia, entre otras cosas porque hubo fallas de origen y en otros como España, Bélgica, Canadá y la propia Gran Bretaña, existen diversas tensiones, lo deseable sería que las diferencias se resolvieran en armonía y se preservara la unidad bajo formas que resultaran convenientes para todos los pueblos.

La integración en Europa, América Latina, Asia y todas las regiones, lo mismo que el comercio, sin bloqueos, sanciones ni exclusiones, el libre tránsito de personas, mercancías, capitales y bienes culturales, son pasos en el sentido correcto y conveniente para los intereses de los pueblos.

La división, el localismo, el proteccionismo, el nacionalismo y otros elementos resultantes de la división son o fueron momentos del desarrollo que la humanidad superara en la medida en que se acerque al socialismo que, en cualquier caso será un producto del progreso y no del atraso. Allá nos vemos.

La Habana, 17 de julio de 2016

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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente


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